Salud mental

Las consecuencias de haber crecido con un padre ausente en adultos: "No es necesariamente alguien que no está físicamente"

Fotograma de la película 'Valor sentimental'
Fotograma de la película 'Valor sentimental'. Mer Film
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A veces no hace falta que se produzca la muerte de un padre para que este no esté disponible para sus hijos, ya sea de forma física o emocional, porque lamentablemente hay padres que no están para sus hijos. Esto genera muchos problemas de salud mental a largo plazo, un padre ausente emocionalmente es difícil de gestionar no solo para los niños sino para esos adultos que hoy en día afrontan secuelas psicológicas -a veces sin saberlo-. La sombra de la negligencia emocional es grande y se arrastra de por vida.

Nos habla de ello la psicóloga Marta Martínez Novoa, autora de libros como 'El síndrome de la chica buena' (2024), un gran éxito editorial que se ha publicado en más de 15 países, y ahora de 'Familias que duelen sin querer' (2026), que trata precisamente con personas adultas que sufrieron este tipo de negligencia en su infancia. Nos recuerda el caso de una mujer que durante años describía a su padre como “una persona correcta”. Nunca había habido grandes conflictos, pero tampoco mucha cercanía, pero con el tiempo empezó a darse cuenta de que, cuando era niña, nunca acudía a su padre cuando estaba triste o necesitaba algo importante. "Simplemente había aprendido que él no estaba disponible para ese tipo de cosas. Ese reconocimiento fue doloroso al principio, porque implicaba aceptar que algo importante había faltado. Pero también le permitió entender mejor ciertos patrones en sus relaciones y empezar a construir vínculos donde sí se sentía emocionalmente acompañada".

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Es cierto que muchos hijos justifican la relación con sus padres o tienden a normalizar esa ausencia durante años. "Es muy frecuente escuchar frases en consulta como “es que mi padre es así”, “no sabe expresar cariño”, “trabajaba mucho”, o “era de otra época”. Estas explicaciones no necesariamente son falsas, pero muchas veces funcionan como una forma de proteger el vínculo a toda costa o de evitar reconocer que algo importante faltó".

"A veces el niño tiene cubiertas sus necesidades materiales, pero sus necesidades emocionales no están siendo atendidas"

Las consecuencias en la persona adulta de haber tenido un padre ausente

Aunque depende de cada caso, hay algunas consecuencias que se repiten con bastante frecuencia en personas que han tenido padres ausentes. Así lo explica la psicóloga cuando la consultamos en la web de 'Informativos Telecinco': "Muchas personas crecen con una sensación difícil de explicar de no haber sido del todo vistas o reconocidas. Eso puede traducirse después en inseguridad, en una búsqueda muy fuerte de validación externa o en dudas sobre el propio valor. También puede afectar a la forma de relacionarse: algunas personas desarrollan una tendencia a buscar aprobación constantemente, mientras que otras aprenden a no necesitar a nadie y a cerrarse emocionalmente". Aunque se puede tratar en terapia con los expertos, sí que deja una huella importante en cómo una persona entiende el afecto y los vínculos.

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"Un padre ausente no es necesariamente alguien que no está físicamente. Muchas veces está presente en casa, pero no está emocionalmente disponible", añade. En definitiva, suele ser una figura poco implicada en el mundo emocional del hijo: no pregunta demasiado, no acompaña lo que el niño siente, no se interesa por su vida interna o evita las conversaciones incómodas. ¿Por qué? Generalmente esa persona tampoco lo tuvo en su infancia, quizá sus padres tampoco le dieron afecto y atención, o no aprendió a relacionarse emocionalmente con sus propios padres, de ahí que con sus hijos haga lo mismo.

Los expertos sí hablan de negligencia emocional cuando el niño crece sin recibir atención, interés o acompañamiento emocional de forma sostenida. "La negligencia emocional no siempre es algo visible desde fuera. A veces el niño tiene cubiertas sus necesidades materiales, pero sus necesidades emocionales no están siendo atendidas. No siempre hay mala intención por parte del padre, pero el impacto para el niño puede ser igualmente significativo". La buena noticia es que se puede enmendar, y que muchos adultos al ser padres intentan, precisamente y después de haberlo tratado en terapia, repararlo. La pregunta que se hacen estos padres es "cómo quiero estar yo para mi hijo". Esto supone un arranque para trabajar el vínculo con el propio padre, pero, sobre todo, con el hijo.

En este proceso, suelen surgir emociones mezcladas: tristeza por lo que uno no tuvo, pero también una oportunidad de hacerlo diferente. "Y romper el patrón no significa hacerlo perfecto, sino estar dispuesto a estar presente, escuchar, reparar cuando uno se equivoca y revisar la propia historia para no repetirla de forma automática".

¿Has tenido un padre ausente? Esto es lo que puedes hacer por ti mismo

Cuando un adulto ha tenido un padre ausente emocionalmente y acude a terapia no suele ser el motivo principal. Quizá acude por otros muchos problemas, en el trabajo, con la pareja... Y es el profesional, que tirando del hilo, descubre que ese puede ser uno de los desencadenantes de los problemas que tiene. Para, entonces, es bastante tarde porque esa persona lleva tiempo sufriendo las consecuencias, pero, como decimos, la terapia psicológica es el primer gran paso para reparar las heridas emocionales. "Es muy común que aparezcan las alarmas cuando empiezan procesos de terapia, cuando escuchan relatos parecidos al suyo o cuando comparan su experiencia con la de otras personas. Es como si durante años hubiese habido una especie de 'velo de normalización', y de repente algunas piezas empiezan a encajar", subraya Marta Martínez Novoa, que comparte a diario en su exitosa cuenta de Instagram recursos y consejos para este tipo de problemas con las familias.

Tras caerse ese velo, la persona puede empezar a poner palabras a lo que ha vivido, ese es el primer paso para entender que la ausencia emocional también puede doler, incluso si desde fuera parecía que “todo estaba bien”. También es importante construir vínculos significativos fuera de la familia, relaciones donde sí haya presencia emocional, cuidado y reciprocidad. Porque, como sugiere, el objetivo no es quedarse atrapado en el pasado, sino entender la herida para que no siga marcando todas las relaciones futuras.

Una vez esos pasos están dados, hay personas que suelen hablar con sus padres para verbalizarlo. Y, ¿qué suele pasar entonces? ¿Qué reacciones suelen tener esos padres cuando el adulto se da cuenta y pide explicaciones o marca límites? "Las reacciones pueden ser muy distintas. Algunos padres reaccionan defensivos: niegan que haya habido un problema o minimizan la experiencia del hijo. Otros recurren a explicaciones del tipo “yo hice lo que pude” o “nadie nos enseñó a ser padres”. Y en algunos casos, cuando hay capacidad de reflexión, sí puede abrirse un espacio de conversación más honesto. Pero eso no siempre ocurre". Por eso muchas veces el trabajo del hijo adulto no depende tanto de que el padre cambie, sino de cómo él mismo decide colocarse frente a esa historia.