Estado de salud

El desabastecimiento de hormonas en las farmacias que afecta a 400.000 mujeres: "Nos hacen falta para vivir"

Doctora en una teleconsulta con un paciente
Blísteres de medicamentos vacíos. Redacción Uppers
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Hay un problema grave en las farmacias de toda España en los últimos meses. Un problema que afecta ya a unas 400.000 mujeres y al que nadie parece estar buscando una solución. "He empezado a perder la paciencia", explicaba la ginecóloga Marimer Pérez a principios de septiembre en su cuenta de Instagram. Un vídeo que resume el estado de ánimo de las afectadas y, al mismo tiempo, una parte del sector sanitario español ante el desabastecimiento generalizado de la terapia hormonal sustitutiva para la menopausia. 

Desde finales de julio, los cuatro preparados que las especialistas utilizan para administrar estradiol de forma bioidéntica (spray, crema, parche y comprimido oral combinado con progesterona) llevan alternándose en las farmacias sin que ninguno esté disponible de forma estable. La progesterona natural, que suele acompañar al estradiol en el tratamiento completo, se ha dejado de encontrar también en muchas farmacias. "Nos sigue faltando algo que a muchas nos hace falta para vivir, para vivir mejor", denuncia Pérez. "No es un tema de estética. Es un tema de salud."

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Qué medicamentos faltan

La lista oficial de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios confirma que Lenzetto, el estradiol natural administrado por spray transdérmico, el formato más utilizado durante los últimos años, no tendrá suministro hasta noviembre. El desabastecimiento se ha extendido durante el verano al Oestraclin (estradiol en gel) y al Bijuva (cápsulas orales que combinan estradiol y progesterona), y las alternativas siguen cayendo una tras otra por efecto dominó.

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Alberto Gómez, CEO de Laboratorios Niam, describe lo que está ocurriendo: "Cuando una de las alternativas rompe stock, la demanda se traslada al resto de tratamientos y puede superar la capacidad de suministro de otro fabricante, provocando nuevos problemas de abastecimiento."

Fuentes del Consejo General de Colegios Farmacéuticos reconocen que la falta de Lenzetto ha derivado las prescripciones hacia otros medicamentos del mismo grupo con incidencias registradas en su Centro de Información sobre el Suministro de Medicamentos. El doctor Pluvio J. Coronado, ginecólogo del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y presidente de la Fundación Española para el Estudio de la Menopausia (FEM), confirma que las interrupciones afectaron primero a los aerosoles y cremas y se extendieron después a los parches y a las formulaciones orales.

400.000 mujeres afectadas

Actualmente se cifran entre 8 y 10 millones de mujeres españolas que están en climaterio o menopausia. Entre el 4% y el 5,3% de ellas reciben terapia hormonal sustitutiva, lo que arroja una población afectada de entre 350.000 y 420.000 usuarias. Muchas de ellas han pasado el verano sin poder dormir bien, con más sofocos, con un estado anímico variable y con la sensación de que nadie escucha sus reclamaciones.

La razón del desabastecimiento tiene raíz doble. Durante veinte años, la terapia hormonal sustitutiva estuvo bajo sospecha por el estudio Women's Health Initiative de 2002, que la vinculaba con un incremento del 26% en el riesgo de cáncer de mama invasivo.

La Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense la incluyó entonces en la black box warning, la alerta de seguridad más grave que existe. Los profesionales dejaron de recetarla en masa y su consumo se hundió. A finales de 2025, se la retiró de la black box tras concluir que los beneficios superan los riesgos. La demanda se ha multiplicado casi por diez desde entonces, y los laboratorios no han podido absorber ese crecimiento.

El medicamento que ha desencadenado este desabastecimiento

La situación de miles de mujeres hoy

Las consecuencias de esta situación para las pacientes son considerables. La receta para retirar por primera vez el tratamiento caduca a la semana. Si en ese periodo la mujer no encuentra el fármaco en su farmacia, que es lo habitual estos meses, debe volver al ginecólogo y obtener una prescripción nueva de otro medicamento. Si a esto le añadimos que las citas de este tipo de especialista tienen semanas o meses de espera. El colapso se retroalimenta.

La doctora Marimer Pérez califica la situación de "auténtico rompecabezas" y confiesa que cuando termina cada consulta modifica del orden de catorce recetas por correo y WhatsApp para adaptar la prescripción al stock real de las farmacias del entorno de cada paciente. Las noches, dice, las dedica a grabar tutoriales para explicar la aplicación correcta de los nuevos formatos improvisados.

Miles de mujeres han empezado a buscar la terapia en Francia, Portugal o Bélgica, donde el suministro sí llega con estabilidad. Otras recurren a fármacos específicos para paliar cada síntoma por separado: inhibidores de orexinas para dormir (98 euros al mes), moduladores del centro cerebral de la temperatura para los sofocos (79 euros al mes). El tratamiento hormonal completo, cubierto por la Seguridad Social, cuesta unos 20 euros al mes. La alternativa sintomática, alrededor de 200. Ninguna la financia la sanidad pública.

Regina Cárdenas, ginecóloga del Instituto Nacional del Dolor y doctora en Bioética, lo resume diciendo: "¿Quién puede paliar su menopausia? La gente con dinero. Y seguimos aumentando la brecha." Ni el Ministerio de Sanidad ni las consejerías autonómicas han emitido hasta la fecha comunicación oficial sobre medidas específicas previstas para restablecer el suministro.

El sesgo de género detrás del desabastecimiento

La situación no puede leerse fuera del contexto histórico. La menopausia ha sido durante décadas uno de los territorios peor estudiados de la medicina contemporánea. Los ensayos clínicos utilizaron durante casi setenta años como parámetro de normalidad al varón blanco de 70 kilos, con lo que todo lo que se salía de ese perfil quedaba fuera del propio marco de investigación. La sanidad ha ido corrigiendo esa asimetría con lentitud considerable, y el episodio del desabastecimiento actual confirma que la corrección todavía no ha llegado a las decisiones que importan.

Y es que, la menopausia lleva décadas siendo uno de los territorios peor investigados de la medicina moderna. En Estados Unidos, apenas el 0,3% del presupuesto anual de los Institutos Nacionales de Salud se destina a la investigación sobre menopausia. La formación de los ginecólogos y médicos de familia refleja la misma asimetría: la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia lleva años señalando que la etapa apenas ocupa horas concretas en los planes de estudio, pese a afectar a la mitad de la población durante un tercio de su vida.

El contraste con otros desabastecimientos recientes resulta ilustrativo. Cuando faltó Ozempic durante 2023 y 2024, el Ministerio de Sanidad emitió comunicados, reguló la prescripción y activó mecanismos de priorización clínica en pocos meses. Cuando faltaron los medicamentos para el trastorno por déficit de atención en 2024, el problema saltó a los medios con mucha velocidad. La terapia hormonal para la menopausia lleva más de un año de desabastecimiento intermitente y sigue esperando que se realice la primera comparecencia institucional. La pregunta que la comunidad ginecológica española formula desde hace meses es sencilla: ¿Qué tiene que pasar para que un problema que afecta a cientos de miles de mujeres se convierte en prioridad pública? Ante ello, Regina Cárdenas formula la pregunta que resume el sesgo: "Si afectara a una población de 350.000 o 400.000 hombres, ¿la respuesta institucional sería la misma? Que cada uno saque sus propias conclusiones."

El hartazgo entre las mujeres es tan lógico, como difícil es entender por qué no se encuentren soluciones rápidas para un problema que afecta a tantísima gente. Candela Peña se convirtió en voz de esta injusticia durante La Revuelta, donde arremetió contra los 'señoros de las farmacéuticas', por priorizar otros medicamentos como la viagra, en lugar de estos.