El duelo por la vida que no se tuvo también aparece a partir de los 50, según los terapeutas
Los terapeutas llaman a este anhelo duelo por las expectativas que no hemos podido cumplir o duelo por lo no vivido
¿Sientes "nostalgia tóxica"? Claves para mirar al pasado con cariño pero sin quedarte anclado en él
MadridHay ciertos momentos que son clave en la vida y, entre ellos, pasar la barrera de los 50 años es uno de los más destacados. Esto que a menudo se toma como una broma, la crisis de los 50 tiene una base real, puesto que es un momento clave, un punto de inflexión que nos invita a reflexionar sobre lo que hemos conseguido… y también sobre todo a lo que hemos tenido que renunciar.
Cumplir los 50 suele ser un momento importante en la vida de las personas, sienten que ha pasado la mitad de su vida y eso invita a reflexionar. Todavía queda mucha vida por delante, se pueden cambiar muchas cosas y tratar de conseguir otras, pero puede que también sea el momento de aceptar que no siempre se ha vivido la vida que se esperaba tener, lo que no siempre es malo, ni siempre es bueno.
Durante la juventud se planifican muchas cosas, se tienen muchos sueños y se espera alcanzar muchas metas que a lo largo de la vida no llegan a conseguirse. En ocasiones porque nuevos sueños sustituyen a los viejos, en otras porque la vida no es siempre como esperamos y lo que nos sucede nos va empujando en una dirección que no era la esperada.
En algunos casos, ese camino demuestra ser mejor, hacernos más felices, pero no es siempre así porque en otros sucede todo lo contrario, se sigue lamentando todo lo que podría haber sido, pero nunca fue.
El duelo por la vida que no se tuvo también aparece a partir de los 50
Hay un tipo de duelo del que no se suele hablar o no se habla de él lo suficiente, pero que los terapeutas llaman duelo por las expectativas que no hemos podido cumplir o duelo por lo no vivido. No es raro pensar en todas las decisiones que hemos tomado a lo largo de la vida y cómo ellas nos han llevado, de un modo u otro, hasta donde estamos.
Este duelo, tal y como señala la psicóloga Isabel Fernández en su blog, "Es un proceso natural, que requiere tiempo y también un camino que recorrer: aprender a vivir en una realidad que no es la que queríamos". El duelo se convierte en un camino de aceptación, es clave aceptar lo que ha sucedido y renunciar a lo que ha podido ser. "Esto es algo que nos cuesta mucho trabajo hacer, nadie nos ha enseñado a ello. Renunciar implica abandonar de forma voluntaria algo a lo que se tiene derecho o desistir en algo que se deseaba hacer, cuando el estar anclado a ello nos perjudica, nos provoca ansiedad o nos hace daño".
Es importante entender que el duelo no es algo que pueda hacerse de la noche a la mañana, no siempre es sencillo de transitar y puede suponer un largo camino. Mientras que el primer paso es ser consciente de que debemos renunciar a algo que nos está haciendo daño porque lo que queremos es cerrar una etapa que no pudo ser para poder abrir una nueva, tener un nuevo camino.
En este proceso debemos "reconocer nuestro dolor, expresar las emociones que nos provocan los sueños no cumplidos. Eso implica validarnos, querernos y priorizarnos", explica la profesional de la salud mental. "También, tendremos que aprender a adaptarnos a nuestra vida, adaptarnos a la ausencia de lo que tanto ansiábamos: asumir nuevas tareas, establecer nuevos objetivos y metas vitales… para continuar viviendo".
Superar este duelo, el que provoca el dolor de comparar nuestra vida real con una versión alternativa donde todo parecía encajar mejor, es un proceso que para el que no existe una limitación de tiempo, cada persona necesita el tiempo que necesita, por eso no conviene culparse a uno mismo o exigirse demasiado si no avanza o se deja atrás lo suficientemente rápido.
Aceptar esa pérdida es también aceptar otras pérdidas menores, despedirse de una versión de uno mismo que era más aventurera, más creativa, más exitosa, más rebelde o con relaciones más saludables o que le hacen más feliz. El cerebro tiende a imaginar infinitos escenarios y no es raro que eso nos haga preguntarnos qué podría haber pasado. Sin embargo, merece la pena señalar que son fantasías sin problemas, idealizadas, solo recordamos lo bueno y no los problemas que nos llevaron a tomar otro camino.
El problema aparece cuando sentimos que hemos decepcionado a una versión pasada de nosotros o cuando esto nos bloquea en el presente, impidiendo que seamos felices por lo conseguido porque estamos demasiado centrados en lamentarnos por lo que no fue. Para superar situaciones dolorosas, como una maternidad o paternidad deseada que no pudo ser o una relación amorosa que se terminó, en muchas ocasiones es necesario el apoyo profesional para poder aceptar el dolor y dejarlo ir.
