Bienestar

No todo el mundo quiere jubilarse cuanto antes: el miedo a dejar de trabajar después de los 60

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Algunas personas sienten que trabajar les da un propósito. Pexels
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MadridLas personas que cuentan los días para poder jubilarse es probable que no entiendan cómo puede haber gente para quienes ese hito no se entienda como un 'premio' o algo merecido tras haber pasado toda la vida trabajando, sino como algo que les provoca aprensión. No todo el mundo espera con ganas la jubilación y es algo que se ve con cierta frecuencia, sobre todo entre aquellos que la sienten cerca. 

Hay ciertos momentos en la vida que suponen un punto de inflexión, aunque solamente sea porque cambian la manera en la que nos sentimos o porque nos invitan a replantearnos nuestra vida. Uno de los primeros puntos es la mayoría de edad, los 18 suelen ser un gran momento de cambios, donde toca decidir muchas cosas que tendrán un gran impacto a lo largo del resto de nuestra vida. 

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Otro momento que puede considerarse como tal es a los 30, un cambio de década que suele llegar con una invitación a la reflexión, ¿estamos donde pensábamos que estaríamos? ¿Hemos conseguido todo aquello que nos propusimos cuando éramos más jóvenes? ¿Ha llegado el momento de cambiar de vida por completo ahora que todavía estamos a tiempo (aunque siempre estemos a tiempo)? La crisis de los 50 es otro momento clave, que nos invita de nuevo a reflexionar sobre lo conseguido y lo que queda por lograr, pero sin duda una inminente jubilación puede desestabilizar por completo los cimientos de nuestra vida, porque promete un cambio para el que no todo el mundo está preparado. 

El miedo a dejar de trabajar después de los 60

A pesar de que para muchos a quienes todavía les falta mucho para jubilarse este pueda ser el escenario perfecto, no son pocos los estudios que señalan que para quienes lo ven inminente no siempre es así. Hay quienes asocian jubilación con libertad, pero para algunas personas es una pérdida de rumbo, de objetivos en la vida, de propósitos. 

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Dejar de trabajar provoca cierto temor porque supone un cambio radical en su vida, una pérdida de rutina y relaciones; también dejan de sentirse útiles para la sociedad. La falta de propósito se convierte en algo real, ya no hay un lugar al que acudir cada día, no se tiene nada que ayude a estructurar los días, esa rutina que haga que los días tengan un horario y un equilibrio. 

Algunos jubilados, en lugar de sentirse felices por tener tiempo libre, pierden su propósito y su sentido de utilidad. Esto hace que algunas personas que sienten que se acerca el momento de dar el paso, en lugar de esperarlo con ganas, lo hagan con cierto temor a que esto suceda. Las personas con menor sensación de propósito, según señala un estudio elaborado por Harvard, son también las que presentan mayores niveles de aislamiento y malestar emocional.

El entorno laboral suele ser una fuente de contacto diario con otras personas y, una vez eliminada esta variable, muchas personas tienden al aislamiento social que, además de estar asociado a un menor bienestar, también se asocia con un mayor riesgo de depresión e incluso problemas de salud física.

Otras personas sienten que dejar de trabajar les arrancará parte de su identidad porque, tal y como señala en AARP Louis Primavera, profesor de Psicología en la Universidad de Touro en la ciudad de Nueva York, "El trabajo nos da estructura, nos proporciona una rutina en la vida. Hacemos planes alrededor del trabajo. Es parte de nuestra identidad. Vamos a una reunión social y la pregunta es: '¿A qué te dedicas?'. Claramente, lo que sucede es que la gente dice: '¿Qué voy a hacer? ¿Quién voy a ser?'. El miedo a perder la identidad es un miedo sustancial". 

Esto, entre otras cosas, hace que una gran parte de trabajadores mayores de 60 años sientan ansiedad frente a la jubilación. Lo bueno que tiene es que es un proceso que lleva su tiempo, no sucede de la noche a la mañana, lo que permite que podamos prepararnos para cuando llegue el momento. Una buena planificación puede suponer una gran diferencia y puede ayudarnos a seguir cuidando nuestra salud, tanto física como psicológica.

Es una buena idea seguir manteniendo una vida social activa, también es el momento perfecto para hacer todas esas actividades que siempre se quiso hacer, pero no se tuvo el tiempo suficiente, como aprender idiomas, estudiar o acudir a clases de baile o cocina. Encontrar algo que nos dé un nuevo propósito es importante, por eso algunas personas optan por un voluntariado o por viajar. Con el tiempo también lograremos diseñar una nueva rutina, que sea un poco más flexible que la que conseguimos con los horarios laborales y que nos permita disfrutar del día.