El' Club del Paraguas', la propuesta del escritor vitoriano Alex Ugarte para hablar del acoso escolar: “No hay villanos. No hay culpables”

El cuento se publicó el pasado 28 de agosto simultáneamente en castellano y euskera, y ambas ediciones alcanzaron ese mismo día los puestos 9 y 10 del ranking de Amazon de libros infantiles sobre acoso escolar
La obra trata de acercar a los lectores herramientas como poner límites con respeto, hablar con firmeza, pedir ayuda, encontrar calma o aprender a elegir los espacios y las personas con las que uno se siente bien
VitoriaHay momentos en los que el patio del colegio puede convertirse en un lugar difícil. No encontrar con quién jugar, sentir que uno no termina de encajar o no saber cómo reaccionar ante determinadas situaciones son experiencias que pueden pesar más de lo que parece, especialmente en la infancia. A escasos días de la vuelta al colegio, el escritor vitoriano Alex Ugarte ha querido acercarse a esas emociones a través de la literatura infantil.
Su primer libro, ‘El Club del Paraguas: Brújula emocional para días de tormenta’, propone una historia dirigida principalmente a niños y niñas de entre 6 y 11 años en la que el rechazo, el aislamiento, el acoso escolar y la autoestima aparecen a través de una metáfora: la de las tormentas y los paraguas. El cuento, ilustrado por Paulina Ramos, se publicó el pasado 28 de agosto simultáneamente en castellano y euskera, bajo el título ‘Aterkiaren Kluba’, y ambas ediciones alcanzaron ese mismo día los puestos 9 y 10 del ranking de Amazon de libros infantiles sobre acoso escolar.
La historia tiene como protagonista a Ander, un niño de siete años creativo y observador al que le cuesta encontrar su lugar durante el recreo. Su rutina cambia cuando conoce a Izar y a su paraguas rojo, un elemento que abre la puerta a un universo simbólico poblado por paraguas de diferentes colores. Cada uno de ellos representa una herramienta para afrontar situaciones emocionales complicadas.
Un lugar al que acudir cuando llega la tormenta
La propuesta no plantea fórmulas mágicas para evitar cualquier conflicto. En su lugar, trata de acercar a los lectores herramientas como poner límites con respeto, hablar con firmeza, pedir ayuda, encontrar calma o aprender a elegir los espacios y las personas con las que uno se siente bien.
El propio Alex Ugarte ha explicado el origen de la idea con una imagen que resume el punto de partida del relato: “Un patio. Un niño que no encuentra su sitio. Y un paraguas que aparece justo cuando más falta hace”. Esa es, en cierto modo, la puerta de entrada a ‘El Club del Paraguas’, una historia que busca que determinadas situaciones cotidianas puedan convertirse en una oportunidad para hablar de emociones que no siempre resultan fáciles de expresar.
El libro llega, además, en vísperas del comienzo de un nuevo curso escolar, un periodo en el que vuelven a aparecer los grupos, los cambios de aula, las relaciones entre compañeros y, en algunos casos, los temores relacionados con no sentirse aceptado. Ugarte sitúa precisamente el entorno escolar en el centro de la historia de Ander y apuesta por abordar estas cuestiones desde una perspectiva preventiva.
La intención, según la información facilitada sobre la obra, no es presentar una historia construida a partir de etiquetas. No hay niños definidos únicamente por el papel de víctima ni un relato orientado a buscar culpables. La mirada se dirige más bien a la manera en que los menores pueden reconocer lo que sienten, comprender que existen situaciones que no pueden controlar y aprender a buscar apoyo cuando lo necesitan.
Así lo resume el propio autor en el mensaje difundido coincidiendo con la publicación de su primer libro: “No hay villanos. No hay culpables”. Su planteamiento, añade, parte de la experiencia de sentirse fuera y quiere trasladar una idea concreta: que el valor de cada niño no depende de lograr encajar en un determinado grupo.
Aprender a pedir ayuda y poner límites
A través de sus paraguas de colores, la historia introduce cuestiones relacionadas con el bullying, la autoestima, la asertividad, la amistad, la gestión emocional y la importancia de pedir ayuda. El objetivo es que los niños y niñas puedan identificar algunas de esas situaciones y, al mismo tiempo, encontrar recursos que puedan trasladarse a su día a día.
La obra está pensada también como un posible punto de partida para la conversación. Por eso, además de dirigirse al público infantil, se presenta como un recurso que puede utilizarse en casa y en el aula, con familias, docentes y orientadores. Sus 54 páginas combinan un texto de lectura ágil con ilustraciones a color de Paulina Ramos, entre ellas alrededor de 23 ilustraciones a doble página que acompañan algunos de los momentos principales del relato.
Para Ugarte, la historia también tiene un componente colectivo. En su presentación del libro en redes sociales define el club como un lugar simbólico, sin sede física, tarjetas de socio ni claves de acceso. “Solo una condición para entrar: querer que ningún niño se sienta solo bajo la lluvia”, escribió el autor en sus redes sociales.
El primer libro de un profesional de la comunicación y la educación
La publicación supone el estreno literario de Alex Ugarte, nacido en Vitoria-Gasteiz en 1979. Su trayectoria profesional ha estado vinculada a la comunicación, la voz y la narración, con experiencia como locutor, redactor y guionista.
Actualmente trabaja en el ámbito de la locución profesional, el doblaje y la formación en comunicación. Además, es maestro de Educación Primaria y ha ejercido como cuentacuentos, una combinación de experiencias que converge ahora en este primer proyecto editorial.
La obra pone sobre la mesa conceptos como bullying, autoestima y gestión emocional, pero lo hace a través de la experiencia de Ander y de un universo simbólico en el que los paraguas sirven para protegerse, orientarse y, sobre todo, descubrir que no es necesario permanecer bajo la tormenta sin compañía.
Con ‘El Club del Paraguas’, Ugarte debuta como autor de libros infantiles con una historia que no pretende prometer días sin lluvia. Su propuesta pasa por otra idea: que, cuando llegue la tormenta, los niños puedan contar con recursos para afrontarla y recordar que no tienen por qué hacerlo solos.
