El terremoto de Venezuela convierte en infierno el paraíso turístico de La Guaira: "Tengo el corazón en la mano"
El terremoto lo ha arruinado todo y La Guaira, que fue un lugar paradisíaco, ya no lo parece porque solo algunas palmeras recortadas en el horizonte recuerdan que está bañada por el Caribe
La última hora del terremoto de Venezuela
La Guaira, antiguo paraíso turístico de la costa venezolana, se ha convertido en un escenario de devastación absoluta tras el terremoto. Nada está en su sitio en la que ya es considerada la zona cero del seísmo. Solo en esta ciudad, al menos un centenar de edificios se han desplomado, dejando un paisaje de ruinas donde antes había hoteles, viviendas y paseos frente al mar.
Indignación por la falta de ayuda
Entre los escombros, quienes buscan supervivientes no llevan uniformes. Son civiles: camisetas del Real Madrid, pantalones cortos, manos desnudas sin guantes. No hay maquinaria ni herramientas. Falta de todo. Y también falta ya la prudencia a la hora de criticar al régimen. La ira y la desesperación llevan a un vecino a exclamar en voz alta: “Estos militares que están ahí mismo montan una camioneta y vénganse a echar una mano al pueblo”.
Hombres, mujeres y niños remueven cascotes, levantan bloques de hormigón y trasladan heridos sobre lonas improvisadas. De vez en cuando aparece una ambulancia, pero la escena evidencia carencias críticas: no hay hospitales de campaña, ni perros de rescate, ni bomberos suficientes, ni excavadoras, ni palas, ni maquinaria pesada capaz de perforar el hormigón.
La gente sigue atrapada bajo los restos y el agotamiento físico y emocional empieza a pasar factura. Una superviviente lo resume entre sollozos: “Lo único que les puedo decir es que tengo el corazón en la mano”.
El terremoto lo ha arruinado todo y La Guaira, que fue un lugar paradisíaco, ya no lo parece porque solo algunas palmeras recortadas en el horizonte recuerdan que está bañada por el Caribe. Las imágenes satelitales han congelado el antes y el después de un enclave que tardará años en recuperar su belleza. En cuestión de segundos, todo se vino abajo.