Jo Cameron pensaba que era normal, pero no, es incapaz de sentir dolor, no se asusta y sí, es más feliz que tú

La increíble historia de la mujer que no siente dolor
telecinco.es
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Cameron vivió siendo especial, como si fuera la protagonista de la película de Shyamalan, ‘El Protegido’ sin saberlo. Tuvo un parto sin dolor, pero lo consideró normal, fue sacada de la carretera por otro conductor y al final, tranquila y llena de moratones fue a consolar al otro accidentado, que por suerte tampoco tuvo grandes lesiones. Tampoco es que se diera cuenta que tenía golpes por todo el cuerpo hasta que se miró.

Fue a los 65 años cuando Cameron se dio cuenta de que no era una persona ‘normal’. Ella se veía siempre despreocupada, optimista (los test de estrés y depresión a las que ha sido ahora sometida han dado cero), pero nunca pensó que su cuerpo fuera extraño. Se dijo que era cosa de su personalidad. Fue cuando la cadera le dio problemas cuando se dio cuenta de que algo extraño pasaba.

El Hospital Raigmore en Inverness, Escocia lo narra en una nota que ya ha dado la vuelta al mundo. A la paciente se le había diagnosticado osteoartritis de la cadera, que según ella no presentaba dolor, lo que no era compatible con el grado grave de degeneración articular que presentaba. A los 65 años de edad, se había sometido a un reemplazo de cadera y solo se le administró paracetamol 2 g por vía oral en los dos primeros días del posoperatorio.

Después de la operación, sus puntuaciones de intensidad del dolor fueron de 0/10 durante todo el tiempo, excepto una puntuación de 1/10 en la primera noche del postoperatorio. Su historial quirúrgico anterior era notable por múltiples venas varicosas o procedimientos dentales, pero en ningún caso había necesitado analgesia. Sí, tuvo lesiones de muñeca, quemaduras (de las que era consciente por el olor a quemado), cortes, pero todas las heridas se le curaban rápidamente y sin cicatriz. No fue la única operación de la que salió indemne. Extraordinariamente, ella no requirió analgésicos postoperatorios aparte del paracetamol para esta cirugía dolorosa conocida (trapecioectomía), incluso después de que el bloqueo del nervio axilar hubiera desaparecido. No mostró dolor por pinzamiento o por la manipulación de la cánula periférica , lo que llevó a nuevas investigaciones.

Su anestesista, Devjit Srivastava, no daba crédito y la derivó a especialistas en genética del University College London (UCL) y de la Universidad inglesa de Oxford, quienes, tras una serie de pruebas, observaron una mutación genética que impedía a Cameron sentir dolor. Estos especialistas hallaron una mutación notable en un endógeno. "Esta mujer tiene un genotipo en particular que reduce la actividad de un gen que ya se considera un posible objetivo para los tratamientos del dolor y la ansiedad. Ahora que estamos descubriendo cómo funciona este gen recién identificado, esperamos seguir progresando en nuevos objetivos de tratamiento", explica uno de los investigadores principales del estudio, James Cox.

Los investigadores lo denominaron FAAH-OUT, pero también hallaron que Cameron tenía una mutación en otro gen cercano que controla la enzima del FAAH. El gen FAAH es bien conocido por los médicos que investigan el dolor puesto que es vital en el proceso sensorial de los dolores, la memoria y el estado de ánimo de las personas. Los investigadores han observado en análisis de laboratorio que los ratones que no tienen el gen FAAH han visto reducida la sensación del dolor y una reducción del nivel de ansiedad.

Su hijo también ha heredado parte de este 'superpoder'

Cameron vive con su esposo, y tiene una hija y un hijo de su matrimonio anterior. Su madre y su hija parecen percibir el dolor normalmente, pero su hijo parece tener cierto grado de insensibilidad al dolor, aunque no llega a los extremos de ella.

Los investigadores creen que es posible que haya más personas con la misma mutación, dado que esta mujer no era consciente de su condición hasta los 60 años. "Las personas con una insensibilidad rara al dolor pueden ser valiosas para la investigación médica a medida que aprendemos cómo sus mutaciones genéticas afectan a la forma en que experimentan el dolor, por lo que animamos a cualquier persona así a que lo manifieste a su médico", comenta Cox.

Ahora, el equipo de investigación continúa trabajando con la mujer escocesa, y está llevando a cabo más pruebas en muestras de células, con el fin de comprender mejor el nuevo pseudogeno. "Esperamos que con el tiempo nuestros hallazgos puedan contribuir a la investigación clínica para el dolor y la ansiedad postoperatorios, el dolor potencialmente crónico, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y la cicatrización de heridas, tal vez con técnicas de terapia génica", concluye el investigador.