Carlos Tatay, piloto en silla de ruedas por un accidente a 300 km/h: “No eres lo que te ocurre, sino lo que haces con ello”
El piloto valenciano publica 'Mi motor interior', donde cuenta el proceso de adaptación a su nueva vida
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A 260 kilómetros por hora la vida se ve como un destello por el rabillo del ojo. Eso fue lo último que vio Carlos Tatay hace tres años, antes de sufrir un accidente en la primera curva del Circuito de Portimao. Un destello. El joven piloto valenciano disputaba el Europeo de Moto2 del JuniorGP cuando se fue al suelo del trazado portugués. Un instante. El golpe le provocó una lesión medular incompleta y le dejó en una silla de ruedas.
Tras completar su rehabilitación en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, Tatay comenzó su nueva vida, pero sin dejar atrás la anterior. De todo ello, de su caracter indomable, su capacidad de superación y de su nueva aventura en el mundo del motor como piloto de karts adaptados, el piloto habla en ‘Mi motor interior’. Un libro que no pretende ser un manual de autoayuda. Sólo es la historia de un deportista que ha tenido que reinventarse.
Hay una frase que define el libro: “No sé cómo terminará mi historia, pero nunca vas a leer que yo me rendí”. ¿Qué significa para ti hoy, después de todo lo que has vivido, eso de no rendirse?
Sobre todo la frase significa que es muy complicado después de todo marcarse objetivos, pero la realidad es que muchas veces aún sin tener objetivos, sin tener nada claro, rendirse no es una opción, aunque quizá a veces puede parecer lo más sencillo. Escuché una frase de Toni Nadal que decía que esforzarse siempre merecerá la pena y es un poco orientado por ahí.
Durante mucho tiempo tu nombre ha estado ligado a las motos. Cuando el accidente te obligó a dejarlo, ¿cuánto tardaste en entender que no tenías que recuperar al Carlos de antes, sino que tenías que construir otro Carlos?
Creo que continuaba siendo el mismo, la misma mente, la misma personalidad, seguía siendo yo mismo. Pero a su vez esto me ayudó mucho a encontrar una nueva perspectiva, una nueva forma de explotar el potencial y a partir de ahí empecé a soñar.
Después de estos años, cuando echas la vista atrás, ¿cómo recuerdas el momento del accidente?
Como un accident como cualquier otro, pero que acabó con consecuencias más graves. Fue un día un poco complicado.
¿En algún momento tuviste miedo, cuando estabas en el hospital, a no superar todo lo que te estaba pasando?
No, creo que miedo nunca tuve. No es una palabra que me guste, no he sentido nunca miedo. Siento respeto, obviamente, por el deporte y por una situación así, pero si tuviera miedo no me hubiera podido enfrentar esas dificultades, esas barreras. Al final me ayuda mucho tener esa visión de respetar el deporte que hacemos, que es un deporte de riesgo, pero si tuviera miedo no hubiera podido superar ciertas barreras.
Has pasado de vivir pensando en décimas de segundo a enfrentarte a una rehabilitación larga que ha durado meses. ¿Qué te ha enseñado la paciencia que jamás te enseñó el motociclismo?
La paciencia es un adjetivo y una cualidad que yo no tenía y sigo sin tener. Pero al final creo que aprendes a desarrollar esa tranquilidad, de decir, “no depende de mí, no puedo hacer nada, no puedo controlar absolutamente todo lo que pasa en mi vida”. Y aquí es donde realmente empiezas a agarrar la vida de otra manera, cuando te das cuenta que no eres lo que te ocurre, sino lo que haces cuando te ocurre. Y aquí es donde entran cualidades como esta, como la paciencia. Hay muchas situaciones que no podemos controlar, centrémonos en lo que realmente podemos controlar. Fue complicado, por supuesto, una montaña rusa no se desarrolla de un día para otro, pero me ha cambiado la vida.
Te das cuenta que no eres lo que te ocurre, sino lo que haces cuando te ocurre
En la moto estás acostumbrado a controlar muchas cosas. La velocidad, los frenos, los neumáticos... Pero después de ese accidente, hay aspectos de tu vida que dejaron de estar bajo tu control. ¿Cómo se aprende a vivir así?
No se aprende. Yo creo que al final es empezar a relativizar, empezar a centrarte en lo que realmente puedes hacer y no pensar en el pasado. Simplemente saber qué este eres tú ahora, aceptarlo. Sobre todo es trabajar mucho la aceptación. Cuando empiezas a aceptar ya no piensas en el pasado, no piensas en que antes podías mover el pie o que antes podías salir a correr, sino que empiezas a pensar de una manera realista lo que tienes ahora y lo que puedes hacer.
¿En algún momento, en el hospital o durante la rehabilitación, pensaste esto me supera? Y si lo hubo, ¿qué hiciste al día siguiente?
Muchas veces. Pasaba la rehabilitación y me daba cuenta de que aquello no funcionaba, sobre todo esos primeros días, esas primeras semanas. Pero al final lo que me mantuvo vivo fue la disciplina. Aun estando cabreado, aunque estuviera llorando, aun estando enfadado con el mundo, bajaba la rehabilitación igual, daba mi máximo igual y fue esto lo que al final me fue marcando un camino.
En el libro hablas de transformar ese dolor, esa rabia, en impulso. ¿Se puede convertir realmente el dolor en una herramienta o hay días en los que simplemente duele y no hay nada más no hay una lección detrás?
La verdad es que nunca he sido muy filosófico. Nunca me ha gustado ser Mr. Wonderful. Creo que algo que me ha ayudado mucho en mi vida es que me ha gustado ser muy realista conmigo mismo, muy autoexigente y creo que esto es lo que me cambió un poco en el hospital. Muchas veces es lo que hay, no puedes hacer mucho más. Nunca me he motivado por frases filosóficas. De las pocas que me han ayudado es la silla en el culo e intentar que no se suba a la cabeza. Creo que esta fue la frase que me cambió, el decir vale, esto es lo que hay, esta es la realidad, asúmela, acéptala y a partir de aquí construimos. Si no aceptamos dónde estamos y no aceptamos el punto de partida no vamos a poder marcarnos nunca un objetivo.
Dices que no eres de frases grandilocuentes ni Mr. Wonderful pero te has decidido a escribir un libro contando tu experiencia. ¿Por qué ahora?
Porque quería despegarme de una mochila que llevaba detrás, de todas esas vivencias en el hospital, de esas vivencias después del accidente y de alguna manera me dijeron que escribir me ayudaría a quitarme esa mochila y a dejar eso plasmado ahí y que mi mente descansaría bastante más. Realmente ha sido así. Empecé a escribir, empecé a ver cómo muchas veces o muchos días empezaba a tener que coger fuerzas, plantearme que hoy me tocaba escribir esa experiencia y muchos días decía ‘no tengo el día para poder afrontar todo eso’ porque piensas que lo has superado pero realmente cuando te planteas volver a escribirlo y volver a vivirlo y vuelves a recordar todo, te das cuenta de que no lo has superado del todo. Entonces volver a escribirlo y volver a repasar cada día de ese hospital me ha ayudado mucho a desprenderme, a aceptar, a tenerlo claro que se acabó y me ha dado mucho esto.
¿Hubo algunos momentos sobre todo al principio en los que dijiste “venga, lo que me están diciendo los médicos no es verdad, yo voy a volverme a subir a una moto”?.
No, volver a subirme a una moto desde el minuto uno tuve claro que no. Sentía claramente lo que me había pasado, tenía una certeza de que era una lesión medular completa, difícil y que mi vida iba a cambiar por completo. Pero sí que tenía claro que iba a volver a competir, me daba igual en qué, me daba igual cuándo, cómo, por qué, pero lo tenía claro, sabía que tenía que volver a competir.
Lo intenté primero con la handbike, pero me di cuenta que no me llenaba y entonces empecé a probar nuevos retos, adapté mi primer kart y me di cuenta que al salir con el kart por primera vez, con los mandos, un kart con marchas, embrague, freno, acelerador, cambio… Salí a pista y cuando me di cuenta de que no tenía que pensar para ver dónde estaba cada cosa, aquí fue realmente donde dije quizá esto es lo mío.
De las pocas frases que me han ayudado es la silla en el culo e intentar que no se suba a la cabeza. Esa me cambió
¿Volver a competir es una forma de demostrarte que seguías siendo Carlos Tatay o fue precisamente una manera de descubrir quién eres ahora?
No, fue realmente decirme que continuaba siendo yo. Cuando hice el primer test con el coche me di cuenta de que detrás del volante se me olvidaba la silla, se me olvidaba todo y era simplemente yo otra vez. Centrado, con las mariposillas en el estómago, enfocado en lo que quería hacer y sintiendo el coche, sintiendo las ruedas y el asfalto. Ahí fue cuando me dije “creo que no se ha acabado. Solo ha vuelto a empezar”.
Hay otra idea muy interesante en el libro que es que dejas de pensar únicamente en ganar para aprender a disfrutar de todo el proceso. ¿Tu accidente te ha hecho valorar más el camino que el resultado?
Bueno, al final el resultado es lo que nos mueve a cualquier deportista, pero sí aprender a disfrutar cada día. Creo que antes en el motociclismo vivía bajo mucha presión, mucha autoexigencia. Esa mentalidad se convirtió en obsesión y llegó un punto en el que miraba atrás y decía, “joder, es que podría haber disfrutado bastante más, muchos momentos, muchas alegrías, simplemente una cena con mi pareja o con mis padres”. En esos momentos pensaba en que al día siguiente me toque levantar pronto porque tengo que entrenar, porque tengo que hacer eso, lo otro, cosas que quizás te hacen la visión del momento un poco más opaca y esto es que me di cuenta que lo tenía que cambiar.
¿Qué cosas de aquel Carlos Tatay que soñaba con MotoGP sigues conservando y cuáles has tenido que dejar atrás?
La disciplina, por supuesto, el entrenamiento, la obsesión cuando busco un objetivo, ya sea en las conferencias que estoy dando, en el deporte, en las competiciones, en el Dakar que es mi próximo proyecto. Esa exigencia, esa obsesión, esa mentalidad siempre viene conmigo. Y lo que he dejado atrás quizás son pocas cosas, las piernas diría yo, pero poco más.
Cuando alguien te ve hoy probablemente ve una historia de superación. ¿Hay algo de esa etiqueta que te incomode?
Realmente no. Lo que más me puede incomodar es gente que no me conoce, que te ven por la calle, un chaval joven y ves esas miradas quizás de pena o de lástima. Al final esto sí que lo acabas normalizando porque forma parte de tu día a día. Pero al contrario me hace mucha ilusión ir a una conferencia, contar mi historia, hacer énfasis en los puntos de inflexión que he tenido, en lo que ha pasado, lo que ha dejado de pasar y cuando veo que la gente acaba la conferencia y recibo los mensajes y les ves las caras, sale con una visión de que algo ha cambiado en ellos. Eso me llena de orgullo, por supuesto, y en este sentido no hay nada que me moleste, sino al contrario.
¿Qué te ha enseñado todo este proceso sobre ti mismo? ¿Cuáles son esos mensajes que intentas transmitir en tus conferencias?
Carlos Tatay: No eres lo que te ocurre, sino lo que haces cuando te ocurre. Realmente en mi vida yo no soy una persona en silla de ruedas, no soy una silla, una simple silla de ruedas, sino que soy lo que soy capaz de hacer a pesar de tener esa silla de ruedas. Creo que esto es lo que tenemos que tener claro, qué es lo que marca el carácter y que hay muchas cosas en la vida que no podemos controlar. Como hay tantas cosas en la vida y tantos factores incontrolables, tenemos que centrarnos en lo que realmente podemos controlar para abarcar cada situación y ser flexibles, moldeables y un poco elásticos para abordar cada situación.
¿Y qué te ha enseñado este proceso de los demás?
Muchas cosas. Creo que hay muchos factores que son complicados, pero que al final cuando lo tomas como una rehabilitación más, una rehabilitación para volver a competir, pues creo que esto me ayudó mucho a enfocarme en ello al 100%.
Si pudieras sentarte ahora delante de tu yo de 18 años, aquel que estaba convencido de que su vida iba a transcurrir encima de una moto, ¿qué le dirías que no sabías entonces sobre la vida?
Que hay que disfrutar cada momento, que tenemos que ser conscientes de lo afortunados que somos y a partir de ahí pues intentar no obsesionarnos, que podamos estar un poquito distraídos con familia, con amigos y que realmente prioricemos lo que realmente merece la pena.
¿Y cómo te ves en el futuro, a los 50?
Ahora mismo la verdad es que los 50 años los veo muy lejos. Es una edad que quizá no me he planteado. Espero poder estar con muchos sueños, poder disfrutar de una vida plena de lo que para mí yo considero éxito, haber cumplido objetivos deportivos, haber cumplido objetivos como todo el mundo, económicos, de trabajo y sobre todo haber formado una familia y estar disfrutando de mis hijos.
