Baja el número de viajeros de Estados Unidos a Europa: estas son las causas
Europa es vista mejor que nunca en términos de seguridad, y aún así las cifras de visitantes de Estados Unidos no para de bajar
Baja el número de viajeros de Europa a Estados Unidos: estas son las causas
Según el Barómetro de Turismo de Largo Recorrido que publicaron en febrero de 2026 la Comisión Europea de Turismo y Eurail, solo el 32% de los estadounidenses planea hacer un viaje de larga distancia a Europa en 2026. La media global de los ocho principales mercados emisores es del 42%. Y los motivos no son los que muchos suponen.
La imagen más difundida de este fenómeno es la del europeo que da la espalda a los Estados Unidos de Trump. La situación simétrica, la del estadounidense que se queda en casa o que elige un destino más corto y barato que Europa, ha recibido menos atención mediática, pero los datos lo confirman. El 59% de los encuestados a nivel global declaró tener intención de viajar lejos en 2026, lo que supone un descenso de cinco puntos respecto al año anterior. En el caso de los estadounidenses, la cifra cae hasta el 32%.
El dinero y el tiempo, antes que la política
Lo que diferencia este análisis de las lecturas más simplistas es su conclusión sobre el origen del retroceso. Se apunta hacia dos causas estructurales: las restricciones de tiempo y las restricciones económicas. No se mira hacia una posible antipatía hacia Europa, ni al supuesto clima hostil hacia los turistas norteamericanos, sino la combinación de una moneda que juega en contra, un calendario laboral sin vacaciones generosas y una incertidumbre económica doméstica que hace que el presupuesto de ocio se estreche.
El tipo de cambio es el primer freno. El dólar se ha depreciado significativamente frente al euro durante el último año y medio. El impacto de esa depreciación sobre el flujo de turistas se puede calcular, y se estima que una depreciación del dólar de un 1% frente al euro reduce las llegadas de estadounidenses a Europa en un 0,25% en el trimestre siguiente.
El segundo factor es interno: el empeoramiento de las perspectivas económicas de Estados Unidos. Desde que comenzaron las tensiones arancelarias, las previsiones de crecimiento del PIB estadounidense han caído. Cuando la economía de un país crece menos de lo previsto y la incertidumbre aumenta, el gasto de los hogares en ocio y viajes de larga distancia es el primero en contraerse.
Eso explica por qué la tendencia afecta más a algunos destinos europeos que a otros. Un análisis del gasto turístico estadounidense en España entre noviembre de 2024 y abril de 2025 encontró diferencias según el tipo de destino. En los municipios rurales, la caída interanual fue de alrededor del 10%, mientras que en los destinos urbanos costeros el descenso fue más moderado, del 5,4%.
Es decir, los turistas americanos que siguen viajando optan por concentrarse en las grandes capitales, en detrimento de las escapadas más periféricas.
La dimensión política del fenómeno existe, aunque los datos indican que es secundaria respecto al factor económico. Una encuesta de principios de 2026 encontró que la opinión hacia Estados Unidos en Europa occidental es la más negativa que se ha registrado desde que se comenzó a medir este indicador en 2016. La controversia sobre Groenlandia, los aranceles y la retórica de la primera potencia mundial han afectado a la imagen de marca del país también como destino turístico para sus propios ciudadanos. Si los europeos ven a Estados Unidos con más recelo, parte de esa tensión se percibe también en sentido contrario.
Europa, percibida como el destino más seguro
Hay un dato que completa el cuadro de forma inesperada: cuando los ciudadanos estadounidenses sí planifican viajes internacionales, Europa lidera globalmente todos los indicadores de percepción de seguridad en términos de estabilidad política, seguridad personal y riesgos naturales. El 51% de los encuestados en el baremo de la Comisión Europea de Turismo señaló que la seguridad se está convirtiendo en una prioridad creciente a la hora de elegir destino. Lo que no tiene Europa, desde la perspectiva del viajero estadounidense de 2026, es la accesibilidad económica que tenía cuando el dólar era fuerte y los billetes de avión transatlánticos cabían en cualquier presupuesto de clase media.
El resultado es curioso, ya que Europa nunca ha tenido una imagen tan positiva en términos de seguridad, y sin embargo cada vez menos americanos pueden costearse volar hasta aquí.