La Ribeira Sacra, la comarca formada por veintiséis municipios del sur de la provincia de Lugo y el norte de la de Ourense
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Mientras las playas de la Costa de la Luz y la Costa Blanca siguen encabezando el ranking de destinos más buscados por los españoles para el verano de 2026, un fenómeno paralelo empieza a cristalizar con fuerza en el otro extremo del mapa peninsular. Los territorios interiores del noroeste, tradicionalmente relegados a un segundo plano en la conversación estival, están registrando cifras de ocupación que en algunos casos igualan o superan las de los grandes destinos costeros.
El caso más nítido de este verano es la Ribeira Sacra, la comarca formada por veintiséis municipios del sur de la provincia de Lugo y el norte de la de Ourense, articulada en torno a los cañones fluviales de los ríos Sil, Miño, Cabe y Bibei.
Los datos del verano histórico
El sector turístico gallego ha calificado ya el verano en curso como "histórico". La entidad que agrupa a los agentes turísticos de la provincia de Lugo cifra la ocupación media prevista para agosto entre el 85% y el 90%, con picos que alcanzan el 95% en el fin de semana del 15 de agosto.
La Ribeira Sacra, específicamente, mantiene una ocupación que ronda el 80% desde los primeros días de julio, en línea con la de la comarca marinera de A Mariña, situada al norte de la misma provincia. Las cifras del año pasado ya habían apuntado la tendencia. La Diputación de Lugo cerró 2024 con casi 60.000 viajeros en sus rutas fluviales en catamarán por los cañones del Sil y del Miño, un dato que forzó a activar en la temporada actual un sistema de reservas anticipadas que se abre en febrero y suele agotar las plazas de fin de semana y temporada alta en cuestión de días.
El propio Consorcio de Turismo comarcal ha tenido que reforzar la operativa del verano de 2026 con un servicio gratuito de lanzaderas entre el 18 de julio y el 30 de agosto, con líneas específicas desde Monforte de Lemos a los embarcaderos de Ponte do Sil y desde otros puntos de acceso al Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil, hoy convertido en Parador, precisamente para reducir la circulación y el aparcamiento de vehículos privados en unos enclaves donde las plazas se han vuelto insuficientes. La medida se anunció como respuesta al incremento "muy considerable" del volumen de visitantes registrado en los meses anteriores.

Por qué precisamente ahora
Dos factores explican el desplazamiento del interés. El primero es climático. Mientras el resto de la península ha registrado durante julio y agosto temperaturas máximas por encima de los cuarenta grados durante días consecutivos, el interior gallego se ha convertido en lo que los propios agentes turísticos llaman ya "refugio climático". Las temperaturas medias diurnas en Monforte de Lemos, capital comarcal de la Ribeira Sacra, oscilan durante agosto entre los 15 y los 28 grados, un rango notablemente más manejable que el de la costa mediterránea o el interior meseteño. El propietario del hotel Isla Nova de Foz lo formula afirmando que “la gente va tomando conciencia, poco a poco, de que Galicia es el refugio climático del verano español.”
El segundo factor es institucional. La candidatura de la Ribeira Sacra a la declaración de Patrimonio Mundial por parte de la UNESCO ha multiplicado la visibilidad internacional del territorio durante los últimos meses y ha situado su nombre en las listas de recomendaciones de las principales guías europeas de viajes de este verano. La combinación de un paisaje excepcional, con cañones fluviales de más de 500 metros de profundidad, una densa red de monasterios románicos y una tradición vinícola milenaria produce una identidad turística claramente diferenciada del sol y arena tradicional.
Qué se puede hacer allí
La oferta turística ha crecido en paralelo al interés. Los recorridos en catamarán por los cañones del Sil, con salidas desde los embarcaderos de Doade y Os Peares, son la actividad emblemática y exigen reserva con semanas de antelación en agosto. Las visitas a bodegas del enoturismo local combinan degustación con recorridos por los viñedos aterrazados de las laderas del río, que son en sí mismos uno de los paisajes más fotografiados del noroeste peninsular.
El monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil, integrado en la red de Paradores, permite alojarse dentro de un edificio del siglo X con vistas al propio cañón. Y la provincia de Ourense, que concentra la mayor densidad de aguas termales de Europa después de Islandia, complementa la oferta con balnearios y pozas termales de acceso público o de pago simbólico.
El verano de 2026 confirma que el mapa turístico interior del noroeste español ha dejado de ser una alternativa marginal a la costa. En los próximos años, la comarca lucense y ourensana probablemente absorberá una parte creciente del turismo nacional que hasta ahora daba por descontado el destino playa. Los alojamientos, las bodegas y los embarcaderos ya lo están notando.

