Su talante de contador de historias rodeado de oyentes le llevó a la puerta grande de la profesión, a relevar a Luis del Olmo
Ha recibido por su labor radiofónica Premios Ondas, Antenas de Oro, Micrófono de Oro y el Mariano de Cavia, entre muchos otros
Aficionado a los toros, a la Semana Santa y seguidor del Betis, el locutor de la Cope asegura que recorrer el Camino de Santiago junto a sus 'hobbits' son sus verdaderas vacaciones
MadridCada mañana desde la radio levanta las persianas de la vida y sus escenarios van cambiando hasta que cae el sol de mediodía. En su voz está escrita su biografía, también en las voces que le fueron construyendo desde su niñez en la que ya era un inveterado devorador de radio. Por ahí arranca nuestra charla de sábado, por cómo y cuándo sintió que su vida había de ser esta: “Pues antes de empezar primero de Medicina. Yo soy, como bien apuntas, un niño de la radio, criado escuchando radio de noche y de día, a todas horas: música, no música… Entonces supe que quería hacer esto, pero decir en casa que me iba a dedicar a esta profesión era como decir que quería ser torero, así que me puse a estudiar lo de mi padre, Medicina, con el éxito que se ha podido comprobar, porque mi dedicación a ello… En primero de Medicina ya tonteaba con la radio”.
Carlos era y es un buscador de palabras, de sonidos heterogéneos, familiares, de círculos simétricos con los que construir sus espacios para atraer a los viajeros de la radio, para envolver el aire de todos los días. Desde siempre, desde sus inicios, su voz lanzaba esas palabras con la energía del fuego, la desnudaba y la hacía volar a placer por las ondas, a la búsqueda de cada casa, de cada taxi, de cada oído.

Y este talante de contador de historias rodeado de oyentes le llevó un buen día a la puerta grande de la profesión, a relevar a uno de los más icónicos, Luis del Olmo: “Yo era muy joven -me cuenta- y era lo que se viene diciendo un locutor de provincias pero estaba ese día allí, el día que a Luis le entró un cólico, y él, que me había escuchado alguna vez y me conocía levemente, pero doblado de dolor, me dijo: Quédate tú”. Le dije: "¿Dónde?" Me respondió: "Haciendo Protagonistas. No te preocupes, lo harás muy bien". Lo hice, resolví la papeleta dignamente y por ello me pidió que me quedara sustituyéndole en verano y para mí fue un gran disparadero. Eso ocurrió en Barcelona. Luego volví a Sevilla y alterné Sevilla-Madrid, más tarde pasé por Radio Mataró, Radio Miramar y así anduve por todas, menos en Antena 3 de Radio estuve en todas”. Le indico que como los grandes se ha jugado el “grand slam” del medio.
La radio era ya su centro de gravedad permanente y el destino le procuraba de nuevo la bisagra de una puerta que volvía a abrirse, fue en Onda Cero allá por el 2004 cuando de nuevo relevó a Luis, esta vez de manera más definitiva. Así me lo cuenta: “Yo estaba por la tarde cuando Luís decidió dejar las mañanas para irse a sus cosas. Y ahí me puse. La mañana de la radio fue mi gran estirón. Fue la época más feliz en el sentido de la realización para hacer la radio para un público al que yo quería y que me entendía. La SER me había dado momentos inigualables, sobre todo convivir con Iñaki Gabilondo, maestro al que quiero con locura, y también con tantos otros. Ahí, en Canal Sur y en RNE aprendí lo que me faltaba por aprender”.

Le interrumpo para dar cabida a Iñaki en esta conversación, para contarle que ando en el 'Palabra de Vino' de Herrera. Me responde con su habitual agilidad y de paso me cuenta que el próximo día 20 de octubre ambos serán investidos doctores honoris causa en la Universidad Europea: ”Carlos es un monstruo radiofónico en el que se ha producido el gran milagro de habitar en el olimpo estelar de Luis del Olmo, José María García y Encarna Sánchez, y al mismo tiempo marcar el paso en el tiempo presente.

