Atrio es el restaurante con 2 estrellas Michelin y 3 soles Repsol que puso a Cáceres en el mapa culinario de España y del mundo
En sus inicios, en 1986, se repartieron las tareas: Toño aprendió a cocinar en tiempo récord y José se aplicó en la tarea de la sala, la bodega y el arte de la hospitalidad
La bodega lleva en construcción 35 años, desde que Atrio está abierto: hay vinos de 140 países y decenas de denominaciones de origen
Madrid“Cáceres es un libro escrito en la piedra”, escribió César Antonio Molina, seguramente porque en esta ciudad, en su entorno monumental, la piedras hablan con resonancia poética, con la geometría lírica de las palabras y la memoria que reposan en sus calles y sus plazas, en “la arquitectura del silencio”, como escribió el poeta Diego Doncel. Un silencio solo interrumpido por el sinfónico tañido de las campanas o el crotoreo de las cigüeñas, una plegaria de belleza.

El paladar de esta ciudad tiene nombres y apellidos: Toño Pérez y José Polo, creadores de Atrio (2 estrellas Michelin, 3 soles Repsol), el restaurante que puso a Cáceres en el mapa culinario de España y del mundo. Todo empezó el día de Navidad de 1986, cuando pusieron en marcha esta revolución gastronómica. Pero lo mejor es que lo cuenten ellos: “En los años 80, cuando íbamos por ahí de vacaciones nos gustaba frecuentar restaurantes. Entonces uníamos mentalmente la palabra y el espacio restaurante con bienestar, hedonismo, con todo lo que ocurría alrededor de una mesa, y nos dijimos pues eso es lo que tenemos que hacer: poner un restaurante y ofrecer todo eso que nosotros amamos. Y así nos decidimos a montar Atrio en aquella Navidad del 86”. La hostelería como una actividad preciosa.

Se repartieron los papeles: Toño aprendió a cocinar en un tiempo récord y José se aplicó en la tarea de la sala, la bodega y el arte de la hospitalidad, así concibieron Atrio como un proyecto de vida en un local de extramuros en el que estuvieron 24 años. La cocina, la sala, el marco, eran una nueva forma de estar en un restaurante, adquirían una inclinación distinta, otro idioma gastronómico llegaba a Cáceres. Les propongo que recordemos juntos cómo fue aquello y cómo decidieron cambiarse a su nueva ubicación: “Aquel era un local bien situado en la ciudad, pero el espacio, a medida que pasaba el tiempo, nos iba limitando y queríamos seguir perfeccionando nuestro trabajo y haciendo crecer nuestro proyecto, teníamos la necesidad de un espacio mejor, de dotar de mayor amplitud nuestra cocina, sala, bodega…".
"Íbamos a la búsqueda del sitio perfecto para desarrollar mejor nuestra labor y además nosotros, que siempre fuimos hoteleros de corazón, buscábamos un sitio en el que pudiéramos acoplar habitaciones, una manera de redondear nuestro proyecto, de dar ese salto para la siguiente etapa, para seguir evolucionando, y surgió esa posibilidad de comprar esa propiedad y también la propiedad contigua. Se encadenaron todas las circunstancias que posibilitaron hacer ese edificio, haber acertado con los arquitectos que entendieron perfectamente nuestro proyecto y se estableció una maravillosa complicidad. Y aquí seguimos, sin parar y arrancando proyectos nuevos”.


