El estudio detecta cambios similares en el microbioma de personas con párkinson y de quienes tienen riesgo genético, frente a personas sanas
El microbioma intestinal podría acelerar la pérdida de memoria con la edad, según un estudio
El número de pacientes con párkinson se ha duplicado en España en los últimos 14 años. Más de 200.000 personas lo padecen en el país y se diagnostican unos 10.000 casos nuevos cada año, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN). La edad media de debut de la enfermedad de Parkinson se sitúa en torno a los 60 años, aunque un 15 % de los pacientes presenta un inicio temprano, antes de los 45 años.
El envejecimiento, junto a factores genéticos y ambientales, son las principales causas que explican este aumento. Las mutaciones genéticas asociadas a la enfermedad podrían explicar un 30% de las formas familiares y hasta un 5% de las formas esporádicas. Sin embargo, aunque cada vez se identifican más variantes genéticas asociadas al párkinson, menos del 10 % de los casos son claramente hereditarios.
Un porcentaje significativo de casos permanece sin diagnosticar en las fases iniciales. Desde la SEN apuntan que la heterogeneidad clínica de la enfermedad y el hecho de que su diagnóstico siga siendo fundamentalmente clínico son los principales motivos. De hecho, se estima que en España existe un retraso medio de entre uno y tres años desde la aparición de los primeros síntomas hasta el diagnóstico.
La ciencia busca biomarcadores que permitan anticipar la aparición de la enfermedad antes de que se manifiesten los primeros síntomas, lo que mejoraría las opciones de intervención y probablemente disminuiría su progresión, ya que cuanto antes se trata, mejor suele ser la calidad de vida.
La relación entre las alteraciones en la microbiota y el párkinson
En esta línea, uno de los caminos en los que se centran los investigadores es el eje intestino-cerebro, ya que se plantea la hipótesis de que existe una relación estrecha entre alteraciones en la microbiota o trastornos digestivos y enfermedades neurodegenerativas como el párkinson.
Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Nature aporta nuevas evidencias en este campo. Dirigido por investigadores del University College de Londres (UCL), en Reino Unido, apunta que el análisis de los microbios del intestino (microbioma intestinal) puede revelar si una persona tiene un riesgo elevado de padecer la enfermedad de Parkinson, incluso antes de desarrollar síntomas.
Los científicos han comparado el microbioma de 43 portadores de variantes del gen GBA1 —una variante genética que puede aumentar el riesgo de padecer la enfermedad de Parkinson hasta 30 veces— sin síntomas clínicos, con el de 271 pacientes con párkinson y 150 personas sanas.
Los investigadores descubrieron que más de una cuarta parte de los microorganismos que componen la microbiota intestinal —un total de 176 especies diferentes— presentaban variaciones al comparar a personas con enfermedad de Parkinson con participantes sanos del grupo de control.
Algunos microbios eran más comunes entre las personas con párkinson, mientras que otros predominaban en los participantes sanos. Además, un 25 % del microbioma de los portadores de este gen mostraba alteraciones, con un perfil intermedio entre los otros dos grupos.
"Por primera vez, identificamos bacterias en el intestino de personas con párkinson que también se encuentran en quienes tienen un riesgo genético de padecer la enfermedad, pero antes de que desarrollen síntomas", explica Anthony Schapira, investigador principal del estudio y profesor del Instituto de Neurología UCL Queen Square.
Además, destaca que "estos mismos cambios se pueden encontrar en una pequeña proporción de la población". Y es que algunos participantes sanos del grupo de control también presentaban microbiomas intestinales similares a los de las personas con riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson, lo que plantea la cuestión de si también podrían estar en riesgo de padecerla.
El microbioma intestinal: un posible biomarcador
"Este descubrimiento abre la puerta no solo a comprobar si las bacterias pueden servir para identificar a las personas con riesgo de padecer párkinson, sino también a evaluar si modificar la población bacteriana, mediante cambios en la dieta o medicamentos, puede reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad", añade Schapira.
Analía Bortolozzi, científica titular en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB-CSIC) e investigadora principal en el CIBERSAM, evalúa este estudio de forma positiva y señala a Science Media Centre España que "el microbioma intestinal tiene el potencial real de servir como un marcador temprano no invasivo. Evaluar su composición podría ayudar a identificar en la población general —con o sin riesgo genético conocido— a aquellos individuos que se encuentran en la fase premanifiesta y progresan hacia el párkinson, abriendo una ventana de oportunidad crucial para futuras terapias neuroprotectoras preventivas".
Aun así, aclara Bortolozzi, también responsable del grupo de Neurofarmacología de Sistemas en el IDIBAPS-Fundació Clínic, que "el diseño del estudio ha sido transversal (una fotografía en un momento dado) y se ha incluido un número reducido de personas con riesgo genético sin síntomas (43 individuos GBA-NMC), por lo que no se puede confirmar qué individuos en riesgo acabarán desarrollando realmente la enfermedad. Se necesitan estudios longitudinales a lo largo del tiempo para confirmar la conversión al párkinson clínico".

