Dr. David Pérez Martínez, neurólogo: "Hasta un 45% de los casos de demencia podrían evitarse o retrasarse"

El neurólogo David Pérez Martínez explica en su nuevo libro 'Cuida tu salud cerebral' cómo la neurociencia moderna demuestra que una parte importante del deterioro cognitivo puede prevenirse
No recordar los sueños podría ser una señal temprana de alzhéimer, según una investigación liderada en España: "Es una pista relevante"
Según uno de los últimos informes de la Sociedad Española de Neurología (SEN), más de 800.000 personas padecen la enfermedad de Alzhéimer en España. Esta enfermedad neurodegenerativa puede mejorar con un diagnóstico precoz, pero muchas personas llegan tarde. De hecho, el retraso diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer puede superar los 2 años, a pesar de que nuevos avances tecnológicos pueden mejorar el diagnóstico precoz y certero de la enfermedad.
“Las demencias en general, y a la enfermedad de Alzheimer en particular, tienen consecuencias devastadoras. No solo en cuanto a mortalidad, sino también en morbilidad y pérdida de calidad de vida, tanto para las personas que la padecen como para sus cuidadores. Cerca del 60% de los cuidadores presentan también morbilidades, principalmente psiquiátricas, como ansiedad o depresión, como consecuencia directa de la sobrecarga por el cuidado”, comentaba en ese informe la Dra. Raquel Sánchez del Valle, Coordinadora del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Cada año se diagnostican en España unos 40.000 nuevos casos de Alzheimer. En más de un 65% de los casos, en mujeres, y en un 90%, en personas mayores de 65 años. Como muchos experto, es ya una pandemia silenciosa que, pese a lo que podamos pensar, se puede prevenir. Podemos desde la infancia cuidar la salud de nuestro cerebro con buenos hábitos como descansar bien, comer sano y, por supuesto, cuidar la actividad física y las relaciones sociales.

En este sentido, la neurociencia moderna demuestra que una parte importante del deterioro cognitivo puede prevenirse. El neurólogo David Pérez Martínez explica en su nuevo libro 'Cuida tu salud cerebral' (Alienta, 2026) cómo funciona nuestro cerebro y qué diferencia el envejecimiento normal de los trastornos neurodegenerativos, a la vez que desmonta mitos y nos invita a comprender mejor aquello que sustenta nuestra memoria, nuestra atención y nuestra identidad. El doctor fue director general de la Fundación del Cerebro de la Sociedad Española de Neurología, desde donde impulsó iniciativas clave para la divulgación y la investigación en neurociencias. Actualmente dirige el Instituto Clínico de Neurociencias del Hospital Universitario 12 de Octubre y el servicio de Neurología Hospital Universitario La Luz, donde combina su labor clínica con la investigación aplicada, buscando mejorar el diagnóstico, tratamiento y calidad de vida de los pacientes afectados por enfermedades neurodegenerativas. En esta entrevista para la web de Informativos Telecinco explica cómo podemos prevenir estas enfermedad y cuidar a diario nuestro cerebro.
Pregunta: El deterioro cognitivo y la demencia representan un desafío enorme para la salud pública global, ¿por qué? ¿Qué le está ocurriendo a nuestro cerebro para que se produzca ese deterioro?
Respuesta: El deterioro cognitivo es un reto mayúsculo debido al envejecimiento poblacional. Actualmente, hay más de 55 millones de personas conviviendo con demencia en el mundo, y se estima que esta cifra se triplicará para el año 2050. Por eso muchos expertos la consideran una “pandemia silenciosa”. Depende del origen del deterioro, en las enfermedades neurodegenerativas se genera un proceso de daño y muerte neuronal progresiva. En el caso del Alzhéimer, se acumulan proteínas anómalas que se denominan placas de beta-amiloide y los ovillos de proteína tau. Se cree que estas sustancias generan un ambiente tóxico que conduce a la muerte neuronal.
P: ¿Serán las enfermedades mentales las más comunes en unos años? ¿Qué tipo de enfermedades que afectan al cerebro serán según tu experiencia las más comunes?
R: Sí, las enfermedades que afectan al cerebro serán las protagonistas y son ya una de las principales causas de discapacidad y mortalidad. Más allá de los trastornos mentales como la ansiedad o la depresión, que ya afectan a millones de personas, las enfermedades neurodegenerativas y las cerebro-vasculares serán las más frecuentes.
P: ¿Cómo se consigue una buena reserva cognitiva?
R: La reserva cognitiva es la capacidad del cerebro para resistir el daño y seguir funcionando bien a pesar de tener lesiones. Podemos imaginarla como una casa: cuanto mejores son los cimientos, mejor resiste el paso del tiempo y la enfermedad. Las intervenciones para mejorarla son múltiples e incluyen la educación temprana y aprendizaje continuo, las relaciones sociales ricas y activas, el ejercicio físico, que estimula la creación de nuevas neuronas y la estimulación intelectual como leer, aprender idiomas o tocar instrumentos.
P: ¿Cuándo se debería empezar a cuidar el cerebro?
R: La respuesta es clara: cuanto antes, mejor. La evidencia científica sugiere que hasta un 45% de los casos de demencia podrían evitarse o retrasarse si interviniéramos en los factores de riesgo desde la infancia hasta la vejez. El deterioro cognitivo puede empezar a gestarse 20 años antes de que aparezcan los primeros síntomas. Nunca es pronto para empezar, pero también hay que subrayar que nunca es tarde. Poner en práctica estas actividades incluso en sujetos muy mayores mejora la calidad de vida y retrasa la aparición de deterioro cognitivo.
P: Parece fácil pero no lo es... ¿Cómo se cuida del cerebro? ¿Qué hábitos son los más recomendables a diario?
R: Cuidar el cerebro no requiere tecnología compleja, sino constancia sobre estos pilares. Lo primero es plantear una dieta cerebro-saludable como la dieta Mediterránea, rica en frutas, verduras, pescado azul, frutos secos y, sobre todo, aceite de oliva virgen extra. Lo segundo, evitar el sedentarismo. No hace falta ser un atleta: caminar cada día ya aporta beneficios. Superar los 9.000 pasos al día reduce el riesgo de demencia hasta en un 51%. Pero el beneficio comienza desde el primer paso. Otro elemento clave es el sueño reparador: dormir entre 7 y 8 horas es vital para que el "sistema de limpieza" del cerebro elimine las toxinas acumuladas durante del día. Y añadiría un pilar más: evitar los tóxicos. Nada de tabaco, drogas y recordar que no existe una cantidad segura de alcohol para el cerebro.
"En la infancia es vital que los padres fomentar una dieta sin ultraprocesados, limiten el uso de las pantallas y aseguren el juego activo con relaciones sociales con otros niños"
P: ¿Qué es aquello que podemos hacer para cuidar el cerebro en las principales fases de nuestra vida: niñez, adolescencia, adultez y vejez? ¿Qué está en nuestras manos? Porque entiendo que, por ejemplo, en la niñez depende más de los padres y del entorno, que del individuo mismo…
R: Aunque muchas de las intervenciones pueden hacerse durante toda la vida, es cierto que algunas de ellas son más importantes en algunas etapas determinadas. Por ejemplo, en la infancia es vital que los padres fomentar una dieta sin ultraprocesados, limiten el uso de las pantallas (móvil y tablets) y aseguren el juego activo con relaciones sociales con otros niños. Durante la adolescencia es especialmente importante evitar el consumo de alcohol y drogas, que interfieren en un cerebro aún en desarrollo, y proteger la cabeza de traumatismos repetidos con protecciones como cascos en deportes. En las etapas medias de la vida me centraría en el control de la tensión arterial (la gran enemiga silenciosa) y el manejo del estrés. Finalmente, en las etapas más avanzadas de la vida una buena estrategia es mantener un propósito vital, la curiosidad y los vínculos sociales, la curiosidad y evitar la soledad no deseada.
P: ¿Cuáles son aquellas señales de alerta más comunes en el deterioro cognitivo y cuándo suelen aparecer?
R: La señales suelen aparecer de forma sutil y, a menudo, pasan desapercibidas o minimizadas por los familiares. Desde luego, deberíamos consultar cuando existe un cambio progresivo en la memoria reciente con reiteración en las conversaciones y olvidos de tareas o citas de forma repetida. En ocasiones, la familia puede percibir una dificultad creciente en tareas complejas como el manejo del dinero o las facturas. Un dato importante es si ha presentado episodios, aunque sean transitorios, de desorientación espacial, sobre todo en lugares que antes eran familiares. Finalmente, también habría que estar alerta si hay cambios en la personalidad o conducta del familiar como apatía, desmotivación o irritabilidad sin una causa clara.
P: Con la edad se pierde capacidad cerebral y no tiene por qué significar que hay una demencia, ¿qué es lo normal?
R: Todos sabemos que envejecer implica cambios, pero desde luego esto no significa enfermedad. Al envejecer es normal tardar un poco más en recordar un nombre o necesitar más tiempo para aprender algo nuevo. Lo patológico comienza cuando esos fallos interfieren en la autonomía personal. Pero no hay que esperar a que se produzcan grandes fallos o errores. Al principio, pueden existir limitaciones en tareas complejas que antes se realizaban sin problemas como la contabilidad del hogar, las cuentas de un pequeño negocio o la conducción en trayectos poco habituales. El hecho de envejecer no equivale a deteriorarse. Si existe deterioro cognitivo hay que buscar una causa de ella.
P: ¿Qué le pasa a nuestro cerebro cuando tiene un acontecimiento traumático? ¿Cómo podemos protegerlo en esos casos? Por ejemplo, la muerte de un ser querido, un accidente, bullying, etc.
R: Ante una experiencia traumática o muy estresante, como un duelo o un accidente, el cuerpo activa su sistema de alerta y libera cortisol, la principal hormona del estrés. A corto plazo es útil, pero si el estrés se mantiene en el tiempo puede pasar factura al cerebro. Por ejemplo, niveles elevados de cortisol de forma prolongada se han relacionado con una reducción del volumen del hipocampo, una estructura clave para la memoria, además de favorecer procesos de inflamación cerebral.
La buena noticia es que el cerebro también se puede proteger. Fortalecer la resiliencia emocional es fundamental mediante el apoyo social al mantener el contacto con otras personas se reduce el impacto del estrés. Son útiles las técnicas de relajación como el mindfulness que ayuda a regular la respuesta del organismo; y el ejercicio físico, ya que contribuye a equilibrar la liberación de cortisol y mejora el estado de ánimo. Como vemos, pequeños hábitos, mantenidos en el tiempo, pueden marcar una gran diferencia en la salud cerebral.
