La obesidad infantil deja marcas en el ADN en los niños que la padecen, según un estudio de la Universidad de Granada
Los hallazgos podrían ayudar a detectar de forma precoz el riesgo de diabetes y enfermedades cardiovasculares en niños con obesidad
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Investigadores de la Universidad de Granada (UGR) han identificado marcas en el ADN de niños con obesidad que cambian durante la pubertad y están relacionadas con la resistencia a la insulina, lo que sugiere que estas huellas podrían estar influidas por factores ambientales y el estilo de vida.
El hallazgo, publicado en la revista "Cardiovascular Diabetology", refuerza la conexión entre el entorno, el estilo de vida y la salud metabólica desde edades tempranas, según ha informado este martes la UGR.
El equipo de la investigación, desarrollada en el marco del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER), ha analizado la relación entre determinadas marcas químicas en el ADN, conocidas como metilación del ADN, y la evolución de la resistencia a la insulina en niños con obesidad durante la pubertad.
Los resultados del trabajo muestran que estos cambios epigenéticos evolucionan en paralelo al estado metabólico: si la resistencia a la insulina mejora, los patrones de metilación tienden a normalizarse. Por el contrario, si empeora o se mantiene, las huellas persisten.
La obesidad infantil, influidas por múltiples causas, entre ellas variantes genéticas
El estudio no permite determinar si estas marcas son causa o consecuencia directa del problema metabólico, pero los investigadores han observado que algunas están influidas por variantes genéticas, mientras que muchas otras podrían estar relacionadas con el entorno o con la propia obesidad sostenida en el tiempo.
Además, los niños que mejoraron su resistencia a la insulina mostraron una tendencia a revertir estos patrones, lo que abre la puerta a identificar biomarcadores tempranos y posibles dianas terapéuticas para prevenir enfermedades como la diabetes tipo 2.
Esto supone un avance hacia la medicina de precisión, al abrir nuevas formas de detectar el riesgo antes de que aparezcan enfermedades cardiovasculares o diabetes, así como de diseñar intervenciones más personalizadas.