José Ramón Rumoroso, cardiólogo, sobre los infartos inesperados: “Es una de las grandes frustraciones de la cardiología moderna”
Con motivo del Día Mundial del Corazón, el doctor José Ramón Rumoroso, cardiólogo, explica por qué los infartos repentinos siguen siendo una asignatura pendiente
El síntoma silencioso que aparece meses antes de un infarto y que muchos confunden con cansancio
Los últimos datos provisionales del INE de 2025 vuelven a situar a las enfermedades del sistema circulatorio entre las dos grandes causas de muerte, junto a los tumores, de acuerdo con Fundación EPIC. Con motivo del Día Mundial del Corazón, el doctor José Ramón Rumoroso, cardiólogo y director de la Fundación EPIC (Estudios en Procedimientos de Intervencionismo en Cardiología), explica para la web de 'Informativos Telecinco' las grandes incógnitas sobre las asignaturas pendientes en este campo: desde el papel de la genética a los infartos inesperados.
El infarto va más allá de los factores de riesgo: el papel de la genética
¿Por qué seguimos sin poder identificar con precisión quién va a sufrir un infarto, aparentemente, “inesperado”? Esta es una de las preguntas que se le plantean al doctor Rumoroso. El experto indica que este fenómeno “es una de las grandes frustraciones de la cardiología moderna, y a la vez uno de los campos más apasionantes”.
Señala que se conocen “muy bien” los factores de riesgo asociados a las enfermedades coronarias, con especial énfasis en la hipertensión, altos índices de colesterol, diabetes y tabaquismo. Sin embargo, cuando se trata de aplicar estos criterios, “funcionan muy bien para grupos pero fallan en el individuo en concreto”. Es decir, que puede que haya personas con todos los factores en contra que llegan a los noventa años sin un problema, "y personas aparentemente sanas que sufren un infarto a los cincuenta”.
Sobre esto último explica que “el infarto no depende solo de cuánta placa de aterosclerosis se acumula, sino de la tendencia que esta tenga a romperse de repente. Ahí influyen la inflamación y la genética, factores que apenas empezamos a comprender”.
Sin embargo, aunque esto suponga una línea incipiente de estudio, el experto indica que “hoy en día disponemos de herramientas que nos permiten mirar dentro de la propia arteria y detectar esas placas peligrosas antes de que den la cara”.
Los infartos repentinos son el otro gran asunto pendiente
Esa placa de aterosclerosis es, precisamente, protagonista en una de las asignaturas pendientes actuales. Una de las “grandes incógnitas” que el cardiólogo expone a la hora de tener conocimientos del corazón, no es tanto por qué alguien tiene un infarto repentino, sino “por qué una placa que ha convivido tranquilamente con una persona durante años se rompe justo un día concreto y provoca un infarto”.
Indica, en ese sentido, que “sabemos que ocurre, pero no podemos predeterminar cuándo”. El quid de la cuestión es “descifrar ese instante. El paso de la calma a la catástrofe, sería posiblemente el mayor avance en prevención para intervenir justo antes de que ocurre lo irreparable”. En este sentido, el diagnóstico por imagen avanza y ya ha permitido los primeros hallazgos: "Cuando hemos mirado dentro de las arterias hemos descubierto algo humillante: muchas placas con aspecto peligroso nunca llegan a romperse, y otras que parecían inofensivas acaban provocando el infarto".
Sin embargo, aunque se haya conocido el desencadenante, el doctor también explica que ya se empiezan a conocer los remedios: "calmar la inflamación de la arteria reduce los infartos, incluso con fármacos tan antiguos y baratos como la colchicina. La imagen intracoronaria, la tomografía de coherencia óptica y la ecografía intravascular, nos deja ver la placa por dentro casi como con un microscopio, y la genética empieza a decirnos quién nace con las cartas marcadas. Pero todavía nos falta juntar todas esas piezas en una sola respuesta".
Sobre lo que provoca este tipo de infartos, el experto avanza que se conocen algunos desencadenantes: "los infartos son más frecuentes a primera hora de la mañana, tras un esfuerzo físico brusco o una emoción intensa; se ha descrito incluso un aumento de eventos coronarios durante los grandes acontecimientos deportivos o después de una mala noticia. Pero eso explica el empujón final, no el fondo de la cuestión”.
Sobre toda esta complejidad, añade el enigma de la muerte súbita en personas jóvenes y aparentemente sanas, sin ningún factor de riesgo aparente. “Detrás suele haber enfermedades silenciosas, miocardiopatías o alteraciones eléctricas del corazón muchas veces hereditarias, y por eso hoy, cuando ocurre una de estas tragedias, estudiamos también a la familia”, concluye.