Bienestar

El cardiólogo Aurelio Rojas avisa de las señales que indican cuando el corazón no está bien: "Síntomas típicos que hay que reconocer"

Dr. Aurelio Rojas, cardiólogo. Vitoria Iglesias
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¿Qué es aquello que más afecta a nuestro corazón y está pasando desapercibido para nosotros? Por ejemplo, está demostrado que cenar a deshora aumenta la probabilidad de hipertensión nocturna y reduce la variabilidad cardiaca, y que comer con horarios irregulares favorece la resistencia a la insulina, la inflamación de bajo grado y un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024, las enfermedades isquémicas del corazón fueron la primera causa de muerte entre los hombres (16.892 fallecidos), seguida del cáncer de bronquios y pulmón (16.560) y de las enfermedades cerebrovasculares (10.131). Mientras que, entre las mujeres, las causas más frecuentes fueron la demencia (14.769 fallecidas), las enfermedades cerebrovasculares (12.655) y la insuficiencia cardiaca (11.060). Resulta, por lo tanto, que nuestra causa pendiente es tener en cuenta la salud cardiovascular pero, para ello, debemos saber cómo cuidar de nuestro corazón. El Dr. Aurelio Rojas (Málaga, 1990) es cardiólogo en el Hospital Regional Universitario de Málaga y una de las voces emergentes más influyentes de la nueva divulgación médica en España con 1,4 millones de seguidores en Instagram. Recientemente, acaba de publicar para la editorial Zenith su primer libro, 'Tu corazón tiene algo que decirte', una guía con la tendemos más estrategias para recuperar energía, dormir mejor, regular el estrés y, en definitiva, proteger nuestro corazón de forma duradera. Esta es la entrevista que ha concedido a la web de 'Informativos Telecinco'.

Pregunta: El corazón es el órgano vital de nuestro cuerpo, sin embargo, si no somos profesionales de la salud no lo conocemos suficientemente bien. ¿Cuáles son aquellos hábitos que lo desgastan más y que ves más frecuentemente en consulta?

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Respuesta: Todas las personas conocemos que los factores de riesgo de corazón son hipertensión, diabetes, sobrepeso, obesidad, tabaco, colesterol, pero la realidad es que hay otros factores más frecuentes, que están en toda nuestra vida y derivados de nuestro estilo de vida, y son los que vemos más frecuente en consulta. No nos podemos deshacer de ellos; yo lo llamo la epidemia silenciosa del siglo XXI, que son el sedentarismo, la falta de ejercicio físico. Por nuestro estilo de vida, permanecemos sentados la mayor parte del día, no nos movemos lo suficiente y ese tiempo que estamos trabajando, perjudica gravemente a nuestra salud. Sabemos que esa hora de ejercicio físico que realizamos a última hora del día, no es suficiente para compensar, por eso, si individualmente cada uno revisa el tiempo que está sentado a lo largo del día, se va a sorprender porque seguramente sean más de esas 8 horas de límite que sabemos que son perjudiciales.

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P: ¿Y qué otro factor es determinante?

R: El estrés, que es el más complejo porque no nos podemos deshacer de él fácilmente. El estrés va muchísimo más allá de notar síntomas de estar acelerado, de estar continuamente nerviosos, sino que produce cambios potentes y gravísimos en nuestro metabolismo, en cómo metabolizamos el azúcar, la glucosa, las grasas... En cómo repartimos esta grasa en nuestro cuerpo y se deposita en nuestros abdómenes, nuestras vísceras, formando la grasa visceral que produce sustancias inflamatorias que al final acaban dañando nuestro corazón, sobre todo, porque las personas que sufren estrés tienen otros dos factores que son muy frecuentes hoy en día y que están cambiando al respecto a nuestros antepasados, y es que no suelen comer adecuadamente y su alimentación incluye una gran cantidad de ultraprocesados. Además tampoco descansan adecuadamente, ya no sólo en tiempo, sino en calidad de descanso. Si no hacemos ejercicio suficiente, esto también se añade a una coctelera perfecta para que, a la larga, nuestro corazón, que es un órgano tan sensible, no sólo nos acabe avisando, sino que acabe sufriendo y teniendo problemas graves.

P: ¿Qué señales de alarma podemos tener cuando el corazón no está bien?

R: Hay una serie de síntomas que van mucho más allá de ese cansancio crónico, de esa sensación de estar continuamente acelerados y de mal humor, que son propias del corazón y son los síntomas típicos que produce el corazón y que tenemos que acostumbrarnos y aprender a reconocerlos. El primer de ellos es el dolor de corazón, que es una presión en el centro del pecho, que generalmente suele aparecer cuando hacemos algún tipo de actividad física, nunca en reposo, salvo que estemos teniendo un infarto, que esto es mucho más grave, pero que tenemos que aprender a reconocer como una presión muy fuerte, como si nos estuvieran comprimiendo el pecho o poniendo una losa de 40 kg en el centro del pecho. Lo normal es que este dolor cuando nos relajamos, cuando dejamos de hacer esa actividad física, desaparezca, pero si no lo hace, tenemos que consultar lo antes posible a un médico.

El segundo síntoma de alarma son las palpitaciones y taquicardia, que es el más frecuente y por suerte el menos grave.

P: ¿Por qué ocurre? Casi todos lo hemos experimentado alguna vez...

R: Normalmente nuestro corazón está siempre funcionando, pero nosotros no lo notamos, pero si empezamos a notar que las pulsaciones empiezan a subir, que el corazón está latiendo mucho más rápido, mucho más fuerte e incluso a veces el ritmo cardíaco es irregular, ahí es cuando hay que estar en alerta porque puede ser un signo de que nuestro corazón también está en problemas. Podría tratarse de algún tipo de arritmia, que son muy frecuentes cuando estamos estresados y tenemos niveles altos de cortisol y de adrenalina. También hay que tener en cuenta el cansancio...

P: ¿A qué tipo de cansancio te refieres?

R: Pues, por ejemplo, a esa fatiga que ha aparecido repentinamente. Si hacemos actividades normales -o que hacemos normalmente- pero que ahora nos falta el aire y nos cansamos pronto. Ahí es cuando hay que prestar atención. Y, por último, algo que vemos con mucha menos frecuencia pero que también es importante destacar son los desmayos y las pérdidas de conocimiento. Esto lo vemos en casos muy graves de futbolistas o deportistas. Son desmayos que no podemos explicar, que son bruscos y que suceden en varias ocasiones. En ese caso, hay que mirarlo bien y prevenir.

P: ¿Se puede mejorar la salud del corazón? ¿Cómo lo hacemos? 

R: El factor que va a hacer que nuestro corazón funcione de una manera muchísimo más eficiente es el ejercicio físico. Si queremos mejorar directamente la función de nuestro corazón, mejorar la frecuencia cardíaca, la fuerza de nuestro corazón, tenemos que hacer ejercicio físico. No estamos hablando de ir a darnos un paseo, sino que tenemos que intentar que el corazón lata más rápido de lo habitual unos 150 minutos a la semana. Es el límite que hemos puesto para que nos aseguremos de que nuestro corazón funcione bien. Es verdad que a veces va a ser difícil alcanzar esa cifra, pero lo importante es que estemos sumando minutos o pequeños intervalos e intentar colarlos en nuestro estilo de vida. Además de ese ejercicio cardiovascular, es muy necesario y sabemos, porque los estudios científicos lo avalan, que tenemos que mejorar nuestra masa muscular. ¿Cómo lo podemos hacer? Con ejercicio de fuerza. Hay que perder el miedo a las pesas, a hacer sentadillas, a ir al gimnasio, a coger bandas elásticas... Lo ideal sería hacer dos sesiones o tres sesiones de ejercicios de fuerza a la semana. El músculo es salud, es nuestro escudo y tenemos que intentar protegerlo porque cuando no nos cuidamos y, sobre todo cuando envejecemos, si no hacemos ejercicio de fuerza, este empieza a desaparecer. 

P: ¿Qué información nos da el pulso para entender cómo funciona nuestro corazón? ¿Cada cuánto deberíamos prestarle atención?

R: El pulso es una información bastante significativo de cómo funciona nuestro corazón, aunque es muy variable en función de cada corazón y cada persona. De hecho, cada persona puede medirse el suyo con, por ejemplo, relojes inteligentes. Lo normal es que tengamos una frecuencia cardíaca media y estable en nuestro corazón, pero si hay algún problema las pulsaciones empezarán a subir. Cuando son lentas es positivo, es que estamos haciéndolo bien.

Ahora, además, hay un nuevo parámetro que es la variabilidad de la frecuencia cardíaca, que es la capacidad que tiene nuestro corazón para variar el tiempo entre cada latido, es decir, es la flexibilidad que tiene para responder a los estímulos de nuestro cuerpo, y eso también lo calculan los relojes. En este caso, es un parámetro que predice de forma bastante precoz una enfermedad cardiovascular o la posibilidad de tener problemas de corazón. 

"El problema es que no estamos expuestos adecuadamente a la luz solar porque nos desplazamos hacia el trabajo en coche"

P: ¿Cómo afecta la desincronización circadiana al corazón? ¿Qué es lo que sueles ver en consulta que hay que corregir de inmediato en estos casos?

R: Afecta porque al final toda nuestra biología y todo nuestro ritmo es nuestro reloj biológico, ese reloj interno que tenemos, esas hormonas que van variándose: cortisol que se produce por la mañana, melatonina que se tiene que producir por la noche para que a primera hora del día nos activemos y a última hora del día nos desactivemos, y no solo nuestro corazón, sino también nuestro cerebro, nuestro sistema inmune, nuestro aparato digestivo y nuestro corazón, pues tienen que estar alineados temporalmente con lo que hay que hacer en cada momento del día, y para esto el máximo regulador es la luz solar. El problema es que no estamos expuestos adecuadamente a la luz solar porque nos desplazamos hacia el trabajo en coche, en metro; estamos encerrados en la oficina, y cuando salimos del trabajo, desgraciadamente, ya es demasiado tarde y no nos ha dado el sol. Nuestro cuerpo lo detecta y no sabe muy bien cómo tiene que producir esas hormonas, y no solo eso, sino que cuando llegamos a casa, ya es muy tarde; y cuando ya es de noche, nuestro cuerpo tiene que producir melatonina, y, entonces, tenemos multitud de luces, pantallas que inhiben la secreción de melatonina, comemos muy tarde y en gran cantidad... Así que le mandamos muchas señales contradictorias al cuerpo, y quizá temporalmente no notemos ningún síntoma pero a la larga todo eso produce inflamación crónica de bajo grado, altera nuestra microbiota y la función cerebral.

P: ¿Qué es el agotamiento dopaminérgico y cómo afecta a nuestro corazón? ¿Cómo podemos corregirlo?

R: Pues, es la consecuencia del estilo de vida tan acelerado que tenemos, y es un circuito de recompensa y de placer muy rápido que obtenemos con todos los estímulos diarios que tenemos hoy en día, sobre todo con el móvil y las redes sociales con tantísima información, y que genera circuitos neuronales en nuestro cerebro parecidos a muchísimas drogas. Lo que hace es que nos lleva a estar en una situación de sobreestimulación constante, parecida a ese estrés crónico, y nuestro corazón va a tener las mismas consecuencias que si estuviéramos continuamente estresados. Para contrarrestarlo, hay que hacer cosas que nos relajen y nos gusten, por ejemplo, coger un libro. Es decir, encontrar actividades que sincronicen con nuestra biología y nuestras hormonas. Son actividades sencillas. 

P: ¿Qué tipo de descanso necesita un corazón sano? ¿Qué horarios y cuántas horas de descanso?

R: Tiene que ser un descanso eficiente, es decir, en el tiempo que estemos durmiendo nuestro cerebro tiene que ir pasando por todas las fases de ciclo de sueño REM y de sueño no REM, en las cuales no solo nuestro cerebro se regenera y se repara, sino también nuestro corazón y el resto de tejidos. No podemos sacrificar tiempo de descanso para invertirlo en otras cosas, porque el descanso es fundamental para el corazón y, de hecho, hay una cifra límite, que son las seis horas. Por debajo de esas seis horas el riesgo de tener un problema de corazón se incrementa prácticamente en un 40%, y esto es similar a otros muchos factores, o mucho peor, como, por ejemplo, fumar. Con lo cual el descanso es prioritario y no debemos sacrificar horas.

P: Sobre el estrés y la ansiedad, hay mucha gente que sigue haciendo deporte y no disminuye esa sensación. ¿Qué están haciendo mal? ¿Qué tipo de ejercicio se recomienda en estos casos?

R: El deporte es una buena manera de paliar el estrés, pero si no corregimos el resto de aspectos que rodean a ese estrés, vamos a seguir en ese ciclo. Hay que pensar que el propio ejercicio genera estrés en el cuerpo, pero es un estrés físico, no mental. Si además de todo el estrés mental que llevamos, cargamos a nuestro cuerpo con estrés físico, pues no dejamos a nuestro cuerpo recuperarse. Si tenemos estrés, lo mejor es que ese ejercicio sea suave, que le sirva a nuestro cuerpo como vía de escape para mejorar su metabolismo y para mejorar la función cerebral. Pero, claro, si corremos 25 km o nos tiramos tres horas en el gimnasio, lo más probable es que al día siguiente estemos muy cansados porque el cuerpo no ha tenido el tiempo suficiente para recuperarse.

P: Y si hay cansancio crónico, ¿qué ejercicio se recomienda?

R: En ese caso, lo que necesitamos es descansar, hacer ejercicio suave, movernos a lo largo del día, hacer caminatas de media hora en nuestro trabajo, después de comer, etc. Con eso sería maravilloso, más luego el ejercicio de fuerza. Además hay que mejorar la alimentación. Podemos encontrarnos cansados o tener ese cansancio crónico porque a lo mejor nuestra alimentación no es la más adecuada. Una buena suplementación también puede ayudar. Ccuando tenemos cansancio crónico, pueden ser útiles suplementos como el magnesio o las creatinas, que hoy en día están tan de moda y que nos pueden ayudar.