Ictus

El veneno de una de las arañas más mortales podría ser la clave para proteger el cerebro ante un ictus

La paradoja de la araña de embudo australiana Hadronyche infensa. Getty Images
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Hay descubrimientos científicos que tienen mucho de paradójico. Por ejemplo, el veneno de una araña australiana capaz de poner en peligro la vida humana también puede albergar la clave para proteger el cerebro ante un ictus. Científicos de la Universidad de Queensland, en Australia, encontraron entre sus componentes una pequeña molécula que podría ayudar a proteger las neuronas cuando se interrumpe el suministro de sangre y oxígeno al cerebro.

El hallazgo se publicó en 2017 y, lógicamente, despertó mucho interés. En los experimentos realizados con ratas, el compuesto, denominado Hi1a, redujo las lesiones cerebrales y mejoró determinados resultados neurológicos incluso cuando se administró varias horas después de producirse el ictus.

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Casi una década después de aquel hallazgo, una versión experimental de la molécula ha llegado a los primeros ensayos clínicos en humanos, un paso importante para investigar si este mecanismo de protección puede convertirse en un tratamiento.

La protagonista de esta historia es la araña de embudo australiana Hadronyche infensa, una especie venenosa cuyo veneno ha proporcionado a los investigadores una pista para estudiar cómo limitar la destrucción de las células cerebrales. De él aislaron Hi1a, una pequeña cadena de aminoácidos capaz de interactuar de forma muy específica con determinadas estructuras celulares.

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El equipo liderado por Glenn King, del Instituto de Biociencia Molecular de la Universidad de Queensland, trabajó junto a investigadores de la Universidad de Monash y otros centros australianos. Por supuesto, los científicos no proponen utilizar el veneno directamente, sino estudiar esa molécula concreta para desarrollar posibles medicamentos.

Qué sucede en el cerebro cuando se produce un ictus

Un ictus isquémico aparece cuando una arteria que lleva sangre al cerebro queda obstruida. La falta de oxígeno y nutrientes pone en marcha una cadena de acontecimientos que puede provocar la muerte de las neuronas en muy poco tiempo. Además, el tejido afectado experimenta cambios químicos que agravan la lesión inicial.

Uno de esos cambios es la acidificación del entorno celular. Cuando el pH desciende, se activan unos canales de la membrana de las neuronas conocidos como ASIC1a, siglas en inglés de canal iónico sensible a los ácidos.

Estos canales permiten el paso de iones a través de la membrana celular y participan en los procesos que pueden desencadenar la muerte neuronal durante la isquemia cerebral. Por eso, bloquear su actividad constituye una posible estrategia para reducir el daño que se produce después de que se interrumpa el flujo sanguíneo.

Hi1a actúa precisamente sobre ASIC1a. Los experimentos electrofisiológicos realizados por el equipo australiano indicaron que el péptido se une al canal y estabiliza su estado cerrado, dificultando que se active. Su acción es muy potente y relativamente persistente, dos características que despertaron el interés de los investigadores.

La hipótesis es que, si se consigue frenar parte de esta cascada de daño celular, algunas neuronas que de otro modo resultarían gravemente afectadas podrían conservarse.

Ocho horas para intentar salvar tejido cerebral

Uno de los aspectos más llamativos del estudio fue el tiempo transcurrido entre el inicio del ictus y la administración del compuesto. En los experimentos, los investigadores indujeron un ictus isquémico en ratas y administraron Hi1a en distintos momentos, hasta ocho horas después. La molécula redujo el volumen de tejido cerebral infartado y los animales tratados mostraron mejores resultados en las evaluaciones neurológicas y motoras que los animales de comparación.

El trabajo también encontró indicios de conservación de la estructura neuronal, incluso en regiones especialmente afectadas por la falta de oxígeno. La protección no se limitó, por tanto, a las zonas periféricas de la lesión.

Del laboratorio a los primeros ensayos en humanos

El recorrido de Hi1a no se ha detenido en los experimentos con animales. La Universidad de Queensland ha anunciado que este año los primeros participantes han recibido IB409, un medicamento experimental desarrollado por la empresa australiana Infensa Bioscience a partir de esta línea de investigación.

IB409 es una versión modificada y miniaturizada del péptido original, adaptada para avanzar en el desarrollo farmacológico, pero para que llegue a convertirse en una opción terapéutica será necesario completar los estudios correspondientes y comprobar, en ensayos posteriores, si ofrece beneficios clínicos reales y cuáles son sus riesgos.

El ictus puede producirse a cualquier edad, pero su riesgo aumenta con el envejecimiento y con factores como la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaquismo, la fibrilación auricular y otras enfermedades cardiovasculares.