Emilia Iborra, psicóloga, sobre los filtros de la eutanasia tras el caso de Noelia Castillo: "Han evaluado que es dueña de su mente"

Noelia padecía un trastorno límite de la personalidad, una enfermedad mental grave caracterizada por una inestabilidad emocional e impulsiva
Los padres de Noelia Castillo, su abuela y el resto de familia estuvieron junto a la joven una hora más de lo previsto
La joven Noelia Castillo ha fallecido este jueves a los 25 años tras recibir finalmente la eutanasia en Sant Pere de Ribes, en Barcelona, después de un largo periplo judicial de más de un año y medio. La entidad Abogados Cristianos, que ha representado al padre de Noelia en sus recursos ante la justicia contra la eutanasia, ha informado en un comunicado de que ya se ha llevado a cabo la eutanasia, en el Hospital Residencia Sant Camil de Sant Pere de Ribes, donde estaba ingresada la joven.
Noelia padecía un trastorno límite de la personalidad, una enfermedad mental grave caracterizada por una inestabilidad emocional e impulsiva. "Siempre he tenido problemas de convivencia antes, incluso antes de pedir la eutanasia. Yo es que ella veía mi mundo muy oscuro", confesaba.
Está patología surge en la adolescencia y su diagnóstico es complejo. Se confunde con el trastorno bipolar al compartir los mismos síntomas. "Aparece, por ejemplo, una inestabilidad afectiva con notables cambios en el estado de ánimo", explica Ana Cabadas, psicóloga de la Fundación AMAI TLP.
La interpretación del sufrimiento psíquico y su debate ético
Pero a Noelia, igual que en todos los casos aceptados hasta ahora, más allá de sus problemas psiquiátricos, la consideraron apta por los físicos. Su dolor incurable, su paraplejía irreversible, a consecuencia del intento de suicidio.
"Hay un dolor tan profundo, yo lo llamo los sótanos emocionales, y en ese dolor tan desolador ella necesite soluciones. Y la solución que ha encontrado se llama eutanasia. Porque nadie la puede sacar de ese dolor", señala Emilia Iborra, psicóloga de la Fundación Metta Hospice.
La interpretación del sufrimiento psíquico genera un debate ético en algunos sectores mediáticos y comisiones evaluadoras. "Han evaluado que es dueña de su mente y que está tomando la decisión que ella quiere tomar, ni correcta ni incorrecta, la que ella quiere tomar y la ley le está amparando", añade Iborra. La ley no excluye ninguna enfermedad ni diagnóstico ni sufrimiento, solo habla de situaciones, el dolor crónico que se suma a los daños irreversibles.