Los textos de los historiadores Tácito y Flavio Josefo que refuerzan la idea de que Jesús existió

Los textos de los historiadores Tácito y Flavio Josefo que refuerzan la idea de que Jesús existió. Telecinco
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Con la resaca de la visita del papa León XIV a España, la figura de Jesús ha vuelto a estar más que nunca en el centro del debate. Más allá de creencias y fe. ¿Existió realmente Jesucristo? ¿Fue realmente un líder cristiano considerado el Mesías? La relevancia de unos textos de Tacito y Flavio Josefo, ambos ajenos al cristianismo, sitúan a Jesús en Judea y vinculan su muerte a Poncio Pilato. Y ese dato es trascendental, no para considerar la Biblia como una realidad de hechos consumados, pero sí para otorgar más credibilidad a que realmente Jesús fue una figura real del siglo I.

En sus Anales, escritos hacia el año 116 d. C., Tácito describe cómo Nerón culpó a los cristianos del Gran Incendio de Roma. Allí menciona a Christus, fundador del movimiento, y afirma que fue ejecutado durante el reinado de Tiberio por orden de Poncio Pilato.  Lo que le da más valor a la cita es que Tácito no escribe como simpatizante, sino que habla del cristianismo con hostilidad. De hecho, Tácito consideraba el cristianismo una “superstición peligrosa” y mostraba desprecio hacia sus seguidores.

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El segundo gran nombre entre los registros de cronistas antiguos es Flavio Josefo, aristócrata judío e historiador del siglo I. En sus Antigüedades judías, escritas hacia 93-94 d. C., aparece una referencia a Santiago, descrito como 'el hermano de Jesús, llamado Mesías'. El hecho de que nombre a Jesús de forma colateral da más valor a la cita si cabe. Porque da a entender que Jesús era una familia conocida en la época, relevante.

Josefo también incluye un pasaje más extenso en el que describe a Jesús como un “hombre sabio” que realizó obras notables y atrajo seguidores. Aunque algunos expertos creen que escribas cristianos modificaron partes del texto siglos después, la mayoría coincide en que el núcleo del pasaje es auténtico y procede del propio Josefo.

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Estos documentos dejan más claro si cabe que Jesús existió, que fue conocido como Jesús, que reunió seguidores en Judea y que fue ejecutado bajo autoridad romana. Demuestran que fue líder, que sus enseñanzas se extendieron rápidamente después de su muerte. No parece muy lógico, por sentido común, que el nacimiento y la expansión del movimiento cristiano careciera, al menos, de una figura fundacional como impulsora.

La idea de que la propia figura de Jesús es una ficción pierde cada vez más pie. Otra cosa es quién fue Jesús realmente más allá de un líder religioso. Pero eso ya es cuestión de fe.