"Si el coronavirus entra en un residencia de ancianos es muy difícil de parar"
"La presión es muy grande", explica la directora de Gente Mayor de Baleares
Los abuelos, el colectivo más vulnerable ante el coronavirus, lleva semanas aislado
En Madrid, Ciudad Real, Valencia y Barcelona, hay focos de COVID-19 muy preocupantes
El coronavirus se ceba en España con los ancianos que viven en residencias. Los más frágiles y aislados frente a la pandemia están bajo el cuidado de profesionales que trabajan con la angustia de evitar ser la vía de contagio que precipite situaciones letales.
"La presión es muy grande", asegura Sofía Alonso, la directora de Gente Mayor del Consell de Mallorca, que gestiona directamente residencias con casi un millar de ancianos y supervisa todos los centros de la isla, en los que viven unas 4.000 personas. En las Baleares, hasta el momento, no se ha dado ningún caso de COVID-19 en este colectivo.
Pero en pocos días se han sucedido brotes de contagio en residencias de Ciudad Real, Madrid y Vitoria que han matado a decenas de internos y eleva la inquietud sobre la protección de la población más amenazada. Tanto que en Madrid se plantean la intervención de los sanitarios del Ejército en los geriátricos.
"Somos un colectivo muy vulnerable (...), si el coronavirus entra en un residencia es muy difícil de parar", explica Alonso, que detalla que desde que se detectó la amenaza de la epidemia comenzaron a adoptarse medidas de restricción de visitas y de aumento de las actuaciones preventivas de higiene y distanciamiento.
Qué pautas siguen los trabajadores de los geriátricos
Las normas son claras para los trabajadores: lavarse las manos con frecuencia, usar mascarillas, guantes y otros materiales de protección y evitar en lo posible el contacto con los residentes. Pero el trabajo impone muchas excepciones: "Hay personas a las que necesitamos coger para moverlas", indica como ejemplo.
Asimismo, se ha limitado al personal imprescindible las plantillas presenciales de las residencias para disminuir todo lo posible el tránsito de personas provenientes del exterior.
En cuanto a los residentes, Alonso destaca la buena respuesta de aquellos que "tienen más autonomía". "Tengo la oficina en una residencia y a los más autónomos casi no les veo, han entendido el mensaje, (...) se han autoimpuesto el estado de alarma", señala.