Asesinatos

Los dos hermanos detenidos por la muerte de Francisca Cadenas superaron interrogatorios de 1.000 preguntas: “Fueron fríos y calculadores hasta el final”

Julián y Manuel, los dos hermanos detenidos por la muerte de Francisca Cadenas en Hornachos, Badajoz. Informativos Telecinco
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Julián y Manuel, los dos hermanos detenidos por la muerte de Francisca Cadenas en Hornachos, Badajoz, han continuado exhibiendo “hasta el final” la misma frialdad con la que, durante casi nueve años, ocultaron a todo un pueblo el atroz asesinato de su vecina. Impasibles y sin inmutarse, lejos de derrumbarse en algún momento, desde aquel 9 de mayo de 2017 en que se produjeron los hechos y hasta este marzo de 2026 han estado mintiendo y escondiendo los restos de la víctima en su casa. Estaban en una arqueta tapada con losas y cemento; un lugar que los agentes de la UCO de la Guardia Civil descubrieron tras una exhaustiva investigación que llevó a incriminarles e incluso a constatar que tenían una “obsesión” con ella.

El hallazgo de los restos óseos de la víctima, de hecho, sorprendió incluso al abogado de los dos hermanos, José Duarte, quien antes de ese descubrimiento, –y después de que ‘Juli’ y ‘Lolo’ pasasen a requerir sus servicios al cambiar su situación procesal de testigos a investigados–, se había creído la versión de ambos. “Creo en su inocencia hasta el 400%”, llegó a decir ante los medios, después de que también a él le negasen su participación en la ‘desaparición’ de su vecina.

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Los hermanos detenidos por la muerte de Francisca Cadenas también engañaron a su hermano

En declaraciones recogidas por el diario El Mundo, el letrado de los dos acusados del crimen de Francisca Cadenas asegura que tanto él como su asesora quedaron “en shock” y “paralizados” tras aparecer los restos óseos de Francisca en el patio de la vivienda de sus representados; un giro total en la investigación que acercaría, de una vez por todas, a la resolución de un caso en el que, no obstante, todavía quedan incógnitas por resolver, como el grado de participación en el crimen del mayor de los hermanos, Manuel, quien desde el primer momento se ha aferrado a su coartada de que no estaba en el momento de los hechos en su domicilio, defendiendo que se encontraba en el Hospital de Mérida, donde se encontraba ingresado su padre, a la hora de la desaparición. Además, su hermano Julián, –que terminó confesando el crimen cuando los agentes le comunicaron que iban a registrar en la arqueta del patio de su casa–, también le ha exculpado.

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Pese a esto último, del auto del juez se desprende que que “Manuel llegó más tarde a la casa, pero es evidente que conoce elementos del momento de la muerte y hace afirmaciones sobre las partes íntimas de la víctima". Así lo prueban las escuchas que la UCO realizó a los dos hermanos desde que en octubre de 2024, –tras desembarcar ese mismo año en la investigación–,  consiguiese autorización judicial para instalar micrófonos en sus vehículos y su vivienda.

Recurrentemente, como constataron desde esa fecha hasta la de su detención, Julián y Manuel se referían a la noche del crimen. Llegaban a recrearse y a hablar de las partes íntimas de la víctima, a la que también cosificaban. “¿Estaba buena, eh?”, llegaba a decir Julián una de las veces, al que pudieron captar en otra de las escuchas hablando él solo en un soliloquio en el que repetía: “No la vais a encontrar. Que os den”.

También pudieron escuchar a Manuel cuando señalaba: “O la tenías que pinchar... Todo el día fun, fun, fun... la Francisca". Frases, todas ellas, junto a otras de extrema gravedad que no han trascendido, que han servido a los investigadores para constatar esa “obsesión” de los hermanos, y especialmente de Julián, con la víctima, así como para llevar al caso la posibilidad de contemplar un móvil sexual en el crimen, algo que la acusación tratará de probar.

‘Lolo’, el hermano mayor y quien marcaba qué hacer o qué decir

A través de las escuchas y de esos micrófonos instalados en sus propiedades, los agentes también pudieron comprobar que Lolo habitualmente marcaba la pauta sobre su hermano pequeño: le calmaba cuando le veía alertado por la presencia de las autoridades o le interrumpía cuando en sus ensayos sobre lo que decir ante la Guardia Civil le respondía algo que no le cuadraba: “No, Juli, no digas esas cosas que la cosa no está muy bien”, le reprochó en una de las últimas ocasiones, cuando ya sentían la presión de la UCO sobre ellos y cada vez más encima, al decirle su hermano pequeño que “la puerta estaba medio abierta” en la vivienda aquella noche en que sucedieron los hechos.

“La puerta estaba media abierta y llegó su hijo (de Francisca)”, repetía Julián en esa conversación en que ensayaban lo que decir, y su hermano mayor le insistía: “No digas que la puerta estaba abierta”.

“Es un poco el que determina qué hacer en cada momento”, señala la abogada de Francisca Cadenas sobre ese papel de Manuel, sobre el que la investigación trata de determinar su grado de participación en el crimen: ¿Llegó a la vivienda cuando Francisca Cadenas estaba todavía viva? ¿Qué implicación tuvo? Más allá del claro encubrimiento de los hechos y de que en su propia vivienda se encontraba el cadáver de su vecina, el auto del juez incide en que tenía constancia de los elementos del crimen y de lo sucedido, refiriéndose múltiples veces a ello en las conversaciones grabadas y registradas por la UCO.

Un interrogatorio de más de 1.000 preguntas ante el que se mostraron impasibles

Los dos hermanos se creían impunes. De hecho, durante todos estos años se han estado jactando de ello: de engañar a las autoridades, al pueblo y hasta a los familiares. Vacilaban, incluso, cuando la UCO irrumpía en la investigación y se aproximaba a sus puertas: “Son niños nuevos con el chaleco de la UCO y ya está”, decía ‘Lolo’ a Julián, pero justamente esos efectivos llevarían la investigación hasta el extremo de lograr la detención de ambos.

Con una exhaustiva labor que les llevó a ponerles trampas estratégicas para provocar sus reacciones y conversaciones, –como colocarles carteles de búsqueda con la desaparición de Francisca Cadenas en sus coches o en la puerta de casa–, los agentes llegaron al descubrimiento de los restos óseos de Francisca. Y lo hicieron después de otro diálogo entre los hermanos donde Julián, ya sintiendo la presión de los agentes, expresaba: “Lo del rincón es lo que más mal rollo me da”; un rincón que presumiblemente se refería a la arqueta que terminaría de descubrirles y acusarles directamente del atroz crimen.

No fue hasta entonces cuando lograron atraparlos porque ni antes, ni durante ni después de toda esta operación se vinieron abajo. Más bien al contrario. Siempre se sintieron impunes, superiores, por encima de la investigación. De hecho, es algo que los agentes destacan: “Fueron absolutamente fríos y calculadores hasta el final”, señalan fuentes de la UCO citadas por el diario El Mundo.

Pese a que fueron sometidos a cerca de 1.000 preguntas, una detrás de otra, en esa última fase que llevó a su detención, los dos hermanos se mostraron impasibles, haciendo alarde de la misma sangre fría con la que han estado casi nueve años declarándose inocentes y ajenos a la desaparición y el crimen de Francisca Cadenas.

‘Juli’ y ‘Lolo’ declararon por separado ante los agentes, pero nada les sacó de su posición. Ante el juez, el menor de los hermanos señaló que Francisca Cadenas había ido a su casa a preguntar por la salud de su tío, al que los hermanos supuestamente cuidaban tras haber sufrido un ictus. “La puerta se encontraba medio abierta y ella entró en mi casa y me vio metiéndome unas rayas de cocaína”, señaló, asegurando que ella le reprochó su conducta y, entonces, en su “ofuscación” y tras sufrir lo que describió como un “ataque de ira”, la “golpeó”, provocándole una muerte de forma “instantánea”.

Su declaración, en la que exculpa a su hermano, no encaja con la autopsia, que sostiene que Francisca Cadenas fue víctima de una violencia extrema antes de morir. Los datos científicos de los resultados forenses apuntan que fue golpeada, amordazada, atada con bridas y desnudada de cintura para abajo. Tenía fracturas en el cráneo la cara, la laringe y las costillas. Lesiones previas a la muerte que, junto a esos elementos de retención (como las bridas en las muñecas), contradicen la versión del autor confeso sobre esa afirmación de que muriese de un golpe súbito.