El momento en que uno de los hermanos detenidos por la muerte de Francisca Cadenas cedió a la presión de la UCO: "No sigan, está ahí enterrada"
El trabajo de los agentes de la Guardia Civil, con escuchas a través de micrófonos instalados en sus coches y su vivienda, fue clave para acorralarlos
El ‘error’ que cometió uno de los hermanos detenidos por la muerte de Francisca Cadenas y que les acabó delatando
BadajozLos dos hermanos detenidos por la muerte de Francisca Cadenas, Julián y Manuel, pasaron de sentirse prácticamente impunes a acorralados ante la presión a la que fueron sometidos en las últimas semanas por los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Pasando de testigos a investigados, el cambio en su situación procesal, –sobre lo cual fueron informados–, empezó a ponerles nerviosos, pese a que hasta este mes de marzo, y desde casi nueve años, no habían dejado de insistir en su inocencia. Todo mientras, al mismo tiempo, –y desde aquel 9 de mayo de 2017 en que se denunció la desaparición de la víctima–, tenían su cadáver oculto en una arqueta tapada con losas y cemento en el patio de su vivienda.
Los dos hermanos, que sin saberlo estaban siendo escuchados por los micrófonos que la UCO instaló en su domicilio y en sus vehículos después de que los agentes obtuviesen la autorización judicial para hacerlo en octubre de 2024, se vieron repentinamente contra las cuerdas. Sin saber exactamente cómo su situación y la propia investigación había dado un vuelco aparentemente de forma repentina para ellos, en solo unos días pasaron de contar ante los medios en la puerta de su casa que eran inocentes y los agentes buscaban “un cabeza de turco” a terminar confesando los hechos.
La muerte de Francisca Cadenas y las palabras de Julián: “No sigan, está ahí enterrada”
Desde ese octubre de 2024 en que la UCO obtuvo la autorización para grabarlos mediante micrófonos, y hasta este mes de marzo, las escuchas de las conversaciones de los hermanos arrojaron información de suma relevancia para el transcurso y el avance de la investigación por la desaparición de Francisca Cadenas. Los investigadores, concretamente, constataron que pese a los años transcurridos desde el suceso, el 9 de mayo de 2017, los hermanos seguían haciendo numerosas referencias hacia la víctima. Tanto era así que en el informe de la UCO se habla de una “obsesión” con ella, así como también se recoge que en distintas ocasiones llegaban a "cosificarla" y a hablar de sus partes íntimas. De ello, se deriva incluso una posible motivación sexual del crimen, lo que la acusación tratará de probar al apreciar la concurrencia de múltiples delitos que van más allá del de asesinato.
A ese respecto, los resultados forenses apuntan que Francisca Cadenas sufrió una violencia extrema antes de morir. Fue golpeada, amordazada, atada y desnudada de cintura para abajo. Presentaba lesiones en el cráneo, la cara, la laringe y las costillas previas a la muerte, lo que contradice directamente el relato de que muriese de un golpe súbito, como acabaría confesando Julián, el menor de los hermanos.
Este último, precisamente, fue quien sucumbió a la presión de la UCO cuando, en el primer registro con autorización oficial del juez de la semana pasada, le informó de que iban a abrir la zona en la que pensaban que estaba enterrada la víctima. Pese a que durante seis horas de interrogatorio el día anterior había defendido su inocencia, fue en ese momento en el que se dirigió a los agentes y esbozó: “No sigan, está ahí enterrada”.
Tras esas palabras, según recoge el diario El Mundo, el menor de los hermanos fue detenido y esposado, como sucedería también con Manuel.
El ‘error’ clave que llevó a la detención de los hermanos por la muerte de Francisca Cadenas
Pese a que la investigación sigue abierta, esas detenciones suponían ya una culminación de una operación que la UCO venía desarrollando con exhaustividad. También, representaba exactamente el momento en que el menor de los hermanos terminaba de sucumbir a la estrategia de los agentes, después de que tanto él como su hermano Manuel, ‘Lolo’, empezasen a mostrar su nerviosismo después de que la UCO les comunicase que estaban siendo investigados.
En los primeros días después de esa comunicación, se mantenían convencidos de que no tenían “pruebas ningunas” y los agentes simplemente buscaban “un cabeza de turco” porque los vecinos les consideraban “culpables”, señalando incluso ante los medios que “no sabían” por qué ese cambio en su situación procesal. Pensaban que no iban a encontrar nada contra ellos, pero se equivocaban completamente. La UCO ya llevaba mucho tiempo escuchándolos antes de informarles, y de hecho les habían tendido distintas trampas a lo largo de este tiempo para observar sus reacciones. Entre ellas, por ejemplo, colocarles carteles de la desaparición de Francisca Cadenas en la puerta de casa o en sus vehículos, ante lo cual, efectivamente, reaccionaron.
En algunas de esas conversaciones grabadas, y en los denominados por los agentes como “soliloquios” de los acusados, Julián llegaba a decir: “No la vais a encontrar. No la vais a encontrar. Que le den p…”.
También en las escuchas más recientes, precisamente de la semana en la que se precipitó la detención de ambos, los hermanos trataban de tranquilizarse. “Juli, no te comas el coco. Están buscando, pero no tienen pruebas ninguna ni ‘na’ y están intentando arrascar donde sea”, llegaba a decirle Manuel a su hermano pequeño.
Sin embargo, Julián estaba cada vez más inquieto y temía por algo muy concreto: “Lo del rincón es lo que más mal rollo me está dando”, llegó a decir, expresándole a su hermano una preocupación que no pasó desapercibida para los efectivos de la UCO.
Manuel, tras escuchar esas palabras, le dijo que no se comiese “el coco”, interrumpiéndole para que no hablase más, pero ya había dicho suficiente. Los agentes, avanzando en sus pesquisas, dieron presumiblemente con ese “rincón”: la arqueta cubierta con losas y cemento en el patio de la vivienda donde fueron hallados los restos óseos de Francisca Cadenas.
Los dos hermanos intentaron destruir pruebas antes de ser detenidos por la UCO en Hornachos
Atrapados y detenidos casi nueve años después del crimen, en su versión de los hechos Julián ha intentado exculpar a su hermano, quien siempre ha mantenido que estaba en el Hospital de Mérida cuidando de su padre, que estaba ingresado, en la hora en que se produjo la desaparición de Francisca. Incluso, ha dicho que enterró el cuerpo de la víctima aprovechando cuando él se marchó a trabajar. Sin embargo, del auto del juez se desprende que aunque Manuel “llegó más tarde a la casa”, es “evidente” que “conoce los elementos del momento de la muerte y hace afirmaciones sobre las partes íntimas de la víctima”.
Antes de ser detenidos, ambos intentaron incluso destruir los móviles que usaban entonces, tirándolos a la basura, pero la UCO, que los vigilaba, también los recuperó.
Ahora, 8 años y 10 meses después del secuestro y el asesinato de Francisca Cadenas, la familia, que siempre sospechó de los hermanos, espera que se haga justicia.