La emocionante vuelta a las aulas de cuatros jóvenes supervivientes del incendio de Crans-Montana

Una imagen del incendio de Crans-Montana que provocó decenas de muertos.. Archivo
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Ha sido la vuelta a las aulas más esperada en el Liceo delle Scienze Umane en Italia. La del regreso a las aulas de Sofía, Francesca, Kean y Leonardo después de meses luchando por sus vidas, batallando contra las quemaduras provocadas en el incendio de Crans Montana. Los cuatro llegaron juntos a la escuela, bajando de una furgoneta. Había sido una noche en vela para todos por la emoción, compartida con unas familias con el corazón en vilo. Sofía pasó la noche en casa de su mejor amiga, Francesa. Y Kean estuvo en casa de Leo.

Todos tenían ganas de volver a la rutina, de ver a sus antiguos compañeros. Y allí les esperaban todos emocionados, junto con la directora y los profesores. Con sillas más cómodas y ventiladores, para que el calor de los vendajes no les afectara más de lo necesario. Nadie sabía si iban a aguantar toda la mañana, encerrados como han estado en hospitales curándose de las heridas de una noche fatídica en la que lograron esquivar a la muerte.

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Lograron aguantar hasta el final de las clases

La emotividad era notable en el ambiente.  "En enero, temíamos por sus vidas, y hoy, en cambio, celebramos su regreso", dice un profesor, tan emocionado como el resto. Los padres de los jóvenes han podido estar en clase los primeros minutos con ellos. Después, pegados al móvil, les han preguntado cómo iban. Todos lograron aguantar hasta el final de las clases, emocionados, cansados, pero con un sentimiento de euforia.

Francesca, como comenta su madre en declaraciones recogidas por El Corriere, aún tiene  la espalda, el pecho y el muslo izquierdo bastante abiertos y las secuelas de lo pasado se ven en un cuerpo que ha perdido 15 kilos. Pero tiene más ganas de aprender que nunca. Tras meses en cama estar con gente es un bálsamo para su alma. Y no es para menos. Lo que han recibido ha sido un cariño que también cura. Nadie quiere agobiarlos y todos desean apoyarlos, ayudando a que reciban todas las ayudas posibles para que el curso no pueda con ellos. Será difícil, pero tienen en la cabeza poder con todo. La vida les ha puesto a prueba y ellos han respondido. Sus familias lo saben y están orgullosos, entre la cautela, el temor y la esperanza de que todo vuelva a la normalidad perdida.

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Algunos tienen movilidad reducida en las manos, y tomar apuntes será difícil. Pero les ayudarán. Esperan que puedan acudir a la mayor parte de las clases de forma presencial, algo que para ellos también es importante, pero se adaptarán a sus citas en los hospitales. Las curas deben continuar. Pero nunca una vuelta a clase fue una señal de victoria ante la adversidad. Ahí en centro de la clase, los cuatro demostraron un coraje de sobresaliente. Y la acogida les dejó clara otra cosa: no están solos.