Entrevistas

Marta Jiménez Serrano estuvo a punto de morir en su casa por una caldera no revisada: "Me costó volver a dormir tranquila"

Marta Jiménez Serrano, la autora de 'Oxígeno'. Jairo Vargas
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Entre un 40% y un 50% de monóxido de carbono (CO) en sangre puede producir un síncope, taquicardias e insuficiencia respiratoria. Si ese porcentaje sube entre el 50 y el 60%, el resultado puede ser fatal, induciendo al coma a la persona; y si se supera el 60%, la muerte por parada cardiorespiratoria. La llaman la "muerte dulce" porque la persona que está sufriendo la intoxicación va durmiéndose lentamente sin apenas darse cuenta y poder pedir ayuda. Una trageda de la que la escritora Marta Jiménez Serrano estuvo muy cerca de experimentar.

Marta llegó posiblemente a ese 50% cuando cayó desplomada en el baño de su casa por inhalación de CO, un gas incoloro, inodoro e insípido que se produce por la combustión incompleta de combustibles como gasolina, gas o carbón en aparatos domésticos, por ejemplo, como estufas o generadores, y que es muy tóxico cuando se inhala porque desplaza al oxígeno en la sangre, afectando al cerebro y al corazón, y causando síntomas como dolor de cabeza, mareos, náuseas y pérdida de consciencia, pudiendo derivar, como hemos dicho, en muerte si esa persona no es atendida a tiempo.

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De media, en España, unas 125 personas mueren por esa causa. La mayoría en su hogar y por culpa, precisamente, de no tener las condiciones idóneas para vivir. La vivienda es un derecho, sin embargo, muchas veces tienen más derechos los caseros que los propios inquilinos. Así lo demuestra el caso de la escritora, que ahora cuenta el accidente que casi le cuesta la vida a ella y a la que era su pareja hace ya cinco años. 'Oxígeno' (Alfaguara, 2026) es uno de los libros de los que más se está hablando en la actualidad, porque habla de una realidad que nos es muy cercana: la dificultad de acceder a una vivienda digna y las condiciones y exigencias que marcan muchas inmobiliarias y caseros a sus inquilinos.

De todos sus libros, Marta asegura que este ha sido el más difícil de escribir. "Por un lado por las implicaciones que tenía a nivel personal, porque al principio de la escritura, sobre todo, recordar el evento me daba ansiedad y no era fácil rememorarlo. Y, luego creo que también, a nivel técnico me ha costado mucho tomar según qué decisiones. Era un libro que también por lo que contaba ha sido más complicado que otros libros", explica a la web de Informativos Telecinco. Sin embargo, tanto el público como la crítica no paran de señalarlo como una de las revelaciones literarias del año: ha sido finalista del Premio Librerías de Madrid, Premio Nollegiu y finalista del Premio Literatura de Vanity Fair. Y se acaba de presentar...

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El accidente de Marta que casi le cuesta la vida

'Oxígeno' es una novela de no ficción. Podría ser una historia inventada, pero no lo es. Marta, la protagonista, es real, de carne y hueso. Hacía pocos meses que se había instalado en su nuevo piso en Malasaña, Madrid. Ha perdido la cuenta de todos los pisos a los que se ha mudado. Quizá haya hecho tranquilamente once mudanzas, porque todos sabemos lo difícil que es encontrar un piso en la capital. En ese, por lo menos, le cabía su esterilla de yoga.

Era noviembre de 2020 y llevaban pocos meses viviendo en ese piso. Seguramente estuvieron inhalando monóxido de carbono en varias ocasiones porque la caldera carburaba mal -de hecho no había pasado las revisiones pertinentes, así lo supieron más tarde-. Un sábado como cualquier otro, en su casa, sin saberlo ella y su pareja Juan, se empezaron a encontrar mal. Tanto que no consiguieron llegar a comerse la comida que al día siguiente les esperaba en la mesa.

Juan, muy insistente al ver mal a su pareja, salió a la calle en busca de una Coca-Cola para ver si conseguía que se encontrara mejor. Gracias a esos minutos de oxígeno en la calle no se quedaron dormidos los dos y Juan pudo llamar al SUMMA. Marta, sin saber cómo, consiguió levantarse del sofá para ir al baño. Ahí cayó desplomada y se golpeó la cabeza causándose un traumatismo craneoencefálico. Juan, al darse cuenta del golpe, consiguió llamar al 112 y los servicios de emergencia, llegaron justo a tiempo para salvarles a ambos la vida. "Esto se produce porque la caldera carbura mal y, cuando empezamos a encender la calefacción porque empezó el frío, esa carburación mala pasó a ser constante a lo largo del día".

Lo peor de toda esta historia convertida en novela fue la reacción de la casera, que de forma inhumana no se interesó por lo que les ocurrió. "Para mí fue superdifícil abordar el personaje de la casera en el libro porque era tan cliché... Pero lo cierto es que fue así y me interesaba contarlo así. Creo que su reacción redundó en el trauma porque la negligencia fue terrible. Si yo la hubiera visto agobiada por lo ocurrido, intentando facilitarnos la vida, creo que habría visto mi dolor validado de alguna manera, pero el hecho de que ella hiciera como si nada, lo tratara con una superficialidad total, e incluso se pusiera a regatear con nosotros, fue terrorífico", señala.

Obviamente, el valor que le da a la vivienda en la actualidad ha cambiado desde el accidente. Gracias a esta experiencia, ya siempre pide el certificado de la caldera cuando alquila una vivienda. "Yo creo que, desgraciadamente, estamos llamando lujo a algo que todos deberíamos tener, que es que la vivienda pueda ser un lugar de descanso y de refugio. En el libro digo que para salir al mundo hay que tener un lugar al que volver. Todos deberíamos tener un lugar al que volver que fuera grato".

Lo difícil viene después

Tras el accidente, el piso se declaró inhabitable. Ellos empezaron una nueva vida teniendo que convivir con el trauma que el suceso les había generado. "Hubo algo muy impactante que no fue solo el hecho de estar a punto de morir, sino el hecho de que eso te ocurra en tu propia casa, que en principio es un lugar de refugio, de descanso, de seguridad. Después de aquello lo que más me costó fue volver a dormir, porque si llego a estar sola, me muero". Para ella, que había vivido felizmente sola en anteriores pisos, era todo un placer dormir pero, tras su casi muerte, se convirtió en algo terrible. "Una de las partes de mi terapia psicológica fue, precisamente, esa, poder dormir sola. He tenido mucho miedo a la inconsciencia".

Además, los días y meses posteriores al accidente se da cuenta de la falta de comprensión en su entorno, de cómo no acaban de entender la gravedad de lo ocurrido. Como no se habían muerto parecía que había que pasar pronto página pero, sin duda, ella no era capaz. "Aún me da escalofríos la frase de 'no ha pasado nada' o 'se ha quedado en nada'. A mí me decían esto y yo lo entiendo, pero yo veía cómo tenía la cabeza en ese momento y tenía claro que sí que había pasado mucho. Todavía asimilamos peor los dolores psicológicos que los físicos, y todavía nos cuesta mucho acompañar el dolor. A veces creo que estamos muy obsesionados con arreglar los dolores ajenos, con solucionar el problema del de enfrente y, a veces no hay nada que solucionar, a veces solo hay que acompañar y no dejar de preguntar o preguntarle al otro qué necesita".

Finalmente, Marta se ha dado cuenta que la frase de Carmen Martín Gaite, "Lo raro es vivir", ha cobrado más fuerza y sentido que nunca. "Cuando empecé a escribir el libro, teniendo en cuenta lo que contaba, pensé que me iba a quedar un libro más lúgubre, pero lo cierto es que creo que es un libro que al final trata más quizá del asombro de estar vivo que de la propia muerte. Lo raro es vivir, así que en cualquier momento podemos morir, y si eso se coloca bien, a lo que nos lleva es a una gran valoración de la vida y a entender que la vida es un regalo".