Lucía Solla, la escritora que arrasa con su primera novela sobre el maltrato psicológico: "Está siendo lectura obligatoria en institutos"
Lucía Solla Sobral acaba de publicar 'Comerás Flores', una de las novelas revelación el año que habla sobre el maltrato psicológico y que ya ha superado los 100.000 ejemplares vendidos
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La historia de Marina, una chica de veintitantos años -millennial-, recién licenciada con un trabajo que "ni fu ni fá", pero que aspira a dedicarse al periodismo musical, que vive con su perra Frida -a la que adora- y con su amiga Diana en un piso pequeño de una gran ciudad, nos suena mucho. Podemos empatizar con ella. Marina es una joven formada, con aspiraciones laborales y personales, con una familia más o menos estructurada, con varias historias de amor que no terminaron como se esperaba, porque también "ni fu ni fá", pero que más o menos va tirando. También podemos empatizar porque está viviendo y transitando un momento difícil con el fallecimiento de su padre, un pilar fundamental en su vida al que quería muchísimo. Es en ese momento cuando aparece Jaime, un hombre veinte años mayor que ella del que se "enamora" prácticamente desde el primer contacto visual. Él lo tiene todo para deslumbrarla: un trabajo como empresario de éxito, un 'pisazo', estabilidad económica, buena reputación social y un físico agraciado. Toda esa luz que desprende él en un principio se va oscureciendo conforme pasa el tiempo y la relación se va afianzando. Es entonces cuando Marina entra en una espiral de autodestrucción y de dependencia emocional de la que no puede salir, mientras que Jaime, por su parte, un maltratador psicológico de manual sabe cómo jugar sus cartas para que, precisamente, ella tampoco lo consiga.
Esta es la historia que cuenta una de las novelas revelación del año, 'Comerás flores' (Libros del Asteroide, 2025) con la que ha debutado la escritora asturiana Lucía Solla Sobral, y con la que ya ha vendido más de 100 mil ejemplares, va por la 20ª edición, y ha ganado varios premios como el Premio Cálamo al Libro del Año 2025 y el El Ojo Crítico 2025. Charlamos con ella sobre su debut e inesperado éxito y sobre los engranajes de una novela realista que aspira a convertirse en un referente para hablar del cómo de silencioso y destructor es el maltrato psicológico.
Pregunta: ¿Con qué franja de edad crees que está conectando más el libro?
Respuesta: No lo tengo claro, pero lo que sé es que recibo cada día mensajes de un montón de mujeres de todas las edades. Aunque sobre todo, entre los 20 y 40 años, quizá.
P: Tengo la sensación de que la gente joven se puede llegar a identificar mucho con el personaje de Marina y su historia. ¿No crees?
R: Sí, por desgracia la historia es transversal y afecta a cualquiera en cualquier momento, pero sí que lo recomiendo a las más jóvenes para que aprendan a identificarlo a tiempo y puedan evitarlo. De hecho, está siendo lectura obligatoria en varios institutos. Ya he ido a hablar a uno en Vigo y estoy pendiente de ir a tres más. Es una experiencia genial.
P: ¿Qué crees que tiene la novela para que se recomiende en institutos como lectura obligatoria?
R: Entiendo que por cómo está escrito, es fácil leerlo. Al final, un ensayo para chicas y chicos de 16 o 17 años quizás sea un poco más difícil, pero desde la ficción es mucho más fácil entrar en esta historia. El libro no te va explicando nada, pero sí te lo va mostrando y te muestra cada uno de los comportamientos que tienen en este caso Jaime hacia Marina, y se ven de forma muy clara. Se pueden ir identificando esos comportamientos y los patrones que hay en estas conductas.
P. Imagino que la repercusión de la novela ha sido inesperada para ti...
R: Sí, ni para mí ni para la editorial era esperable. Porque es un debut, yo no era conocida en el mundo editorial ni literario y, además, yo estaba convencida de que alguien lo leería y ya está, pero no pensé en nada más, sobre todo porque el tema con el que debuto es polémico. Es una suerte que esté funcionando tan bien y que tanta gente hable de él por el tema.
P: ¿De dónde viene la historia de Marina y cómo la vas construyendo- escribiendo?
R: Se me ocurrió leyendo 'En la casa de los sueños' de Carmen María Machado porque habla de una relación de maltrato entre dos mujeres y me quedé pensando mucho en ese tema y es lo que me había impactado leerlo, porque normalmente se suele hablar del maltrato y de la violencia de género cuando es físico, o cuando ya hay un asesinato. Empecé a pensar por qué me impactaba tanto haber leído el libro y me di cuenta de que estaba muy silenciado el maltrato psicológico. Empecé a revisar comportamientos que había pasado por alto, que yo misma había normalizado, que me habían dado vergüenza contarle a mis amigas... Un día me senté con ella, empezamos a hablar y resultó que a todas nos había pasado algo similar o habíamos vivido comportamientos muy tóxicos. Y lo terrorífico fue que, al ponerle palabras y al hablar en voz alta, nos dimos cuenta de que se repetían muchos comportamientos. A partir de ahí empezamos a hablar con amigas de amigas y se fue haciendo un poco más amplio el círculo y empecé a recopilar esas historias. Por desgracia, ninguno de los comportamientos de Jaime es inventado. Poner el coche a más de 200 km por hora es algo que se repite muchísimo, y todavía ahora las lectoras también me lo dicen. Los silencios, desaparecer de casa durante días, todo eso es habitual...
P: En la novela se describen muchas situaciones de maltrato, por ejemplo, cuando Jaime desaparece y castiga con su silencio a Marina, y aparece de nuevo a los días con un ramo de flores. ¿Cómo trabajaste el tema? ¿Te ayudó algún profesional?
R: Sí, trabajé con un psicólogo para poder entender, no solo qué es lo que hacen los maltratadores, esa ambivalencia emocional, esas recompensas intermitentes, esa atención que te dan y luego te quitan, pero, sobre todo, para entenderlas a ellas, entender por qué una mujer como Marina, formada, inteligente, con referencias feministas, con amigas, con trabajo, entra en una relación de este tipo y se queda. Yo necesitaba entender por qué nos pasa eso cuando nos pasa. Y lo que entendí es que estaba poniendo el foco en el sitio equivocado porque al final solemos pedir responsabilidades a la víctima antes que al agresor. Pero también entendí que todas pasamos por momentos vulnerables, que dentro de ese momento de vulnerabilidad puede acercarse alguien que se aproveche y que decida entrar por esas heridas, y que la vulnerabilidad puede ser el dolor de un padre, como el caso de Marina, pero también puede ser como entiendas el amor romántico, que también le pasa a Marina, a Marina se le juntan muchas cosas. Lo me quedó más claro es eso: no pedir explicaciones a una víctima y poner el foco en el agresor y responsabilizarlo a él, que creo que es algo que socialmente hacemos muy mal.
P: Es verdad que hay un momento en la novela que no puedes entender por qué ella no sale de la relación, por qué permite según qué cosas... Pero así es muchas veces la vida. No hay heroínas...
R: Claro, yo intentaba que los personajes fuesen muy honestos y que fuesen verosímiles. Es una novela, pero no me interesaba un héroe o un villano perfecto, ni una víctima que fuese también una caricatura, yo necesitaba que fuesen personajes reales y que precisamente fuese fácil identificarlos, o que tú te sientas Marina o que reconozcas a Marina en una amiga, pero que también te suenen los comportamientos de Jaime. Jaime, por supuesto que no es maltratador las 24 horas del día, también es súper atento, sabe cuidar a Marina cuando quiere, evidentemente, y la escucha, puede hablar con él del padre, que eso para ella es muy importante. Y Marina, pues sí, está formada, tiene muchas referencias feministas, no está completamente aislada y no es dependiente económicamente, pero cuando empieza a darse cuenta de dónde está, ya está muy manipulada, y así genera una dependencia hacia él. Bueno, en realidad la generó él para que ella se sienta así. También entran la culpa y el miedo... Ella es consciente de que algo no va bien, pero ¿cómo se va a atrever a decírselo a su amiga si cree que la va a juzgar, porque es lo que normalmente hacemos socialmente? Como decía antes, le preguntamos a ella qué hace ahí, como si fuese su culpa y no fuese él quien la está manipulando.
"No creo que haya un perfil de víctima, creo que todas podemos serlo en algún momento de nuestra vida, dependiendo de quién se nos acerque"
P: Muchas expertas en maltrato señalan que no hay perfil para las víctimas, porque siempre se ha dicho como que sí. Marina demuestra que no...
R: Evidentemente, no creo que haya un perfil de víctima, creo que todas podemos serlo en algún momento de nuestra vida, dependiendo de quién se nos acerque. Por eso cuantos más recursos tengamos y más información y más red, sobre todo de protección, va a ser mucho más fácil evitarlo. Pero no hay un único perfil, de hecho siempre nos mostraron un único perfil en prensa, sobre todo que eran mujeres totalmente aisladas, sin recursos, la mayoría migrantes, y al meternos siempre ese perfil, cuando le pasa a otra, con otro perfil, no se siente identificada como víctima porque no cumple esas características. Me parece bastante peligroso que podamos creer que hay un perfil.
P: También tocas el tema de los trastornos de la conducta y cómo se va desarrollando ese trastorno a lo largo de la relación. Es un tema muy delicado, ¿cómo lo querías transmitir?
R: Hablándolo también con el psicólogo y con mujeres que vivieron en estas relaciones de maltrato, vimos que hay estadísticas que dicen que es muchísimo más alto el porcentaje de mujeres que desarrollan Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) cuando están en una relación de maltrato. Siguiendo mi interés, porque fuese lo más verosímil posible y tocar estos temas, decidí que Marina tuviese un TCA por la relación en la que está y porque, además, socialmente tenemos mucha predisposición a caer en TCA. En el caso de Marina es de las pocas señales físicas que podrían advertir a la gente de fuera, pero como premiamos tanto la delgadez, su familia no es capaz de verlo como algo malo, sino como algo bueno. Todas tenemos esa predisposición porque socialmente nos enseñan que estamos preocupadísimas por nuestro cuerpo, y Jaime es la guinda porque le regala ropa más grande para que se sienta gorda, compara su cuerpo con el de su hija, hace muchísimas referencias a su cuerpo...
P: El entorno de Marina es un ejemplo también de cómo de solas (y poco comprendidas) se encuentran las víctimas que han sufrido maltrato psicológico. Generalmente este entorno suele ver al maltratador como alguien maravilloso. Quizá porque él se esfuerza en generar esa imagen de novio perfecto y se mete a todo el mundo en el bolsillo, haciendo que para Marina (o a cualquier víctima) le resulte mucho más difícil demostrar que ha sido maltratada.
R: Sí, cuando pasan estas cosas el entorno nunca se da cuenta tampoco, o lo más normal es que no se dé cuenta, y no son culpables tampoco, porque ellos también se encargan de conquistar a quien sea que rodea a la víctima y, si no lo consiguen con alguien, la aíslan de esa persona. En el caso de Marina, deja de verse con su mejor amiga porque es la que sí sospecha que no es un buen tipo. Es una manipulación muy lenta y muy sutil; conquistan al entorno y ella también hace todo lo posible porque su familia crea o sepa que está con un hombre increíble. Eso complica que cuando empieza a sospechar y empieza a planear cómo salir de ahí, ¿a quién se lo va a contar? Si ella ha estado vendiendo durante años que es el hombre ideal, es muy complicado...
P: Hablando de Jaime (el maltratador). ¿Tú crees que el dinero y el poder también hacen que chicas más jóvenes se puedan ver enredadas en relaciones desiguales?
R: Sí, y de cualquier edad. Lo que pasa es que es más fácil deslumbrarlas cuando son más jóvenes, claro. Ese capital social, cultural y simbólico que tienen es muy atractivo. Marina, además, es una chica inteligente, tiene trabajo, tiene de todo... Entonces, quien la tiene que deslumbrar tiene que tener todavía más cosas que ella porque los de su edad la aburren, o eso cree ella. Jaime tiene muchísima más estabilidad económica, tiene una empresa que le va muy bien, es creativo, tiene muchísimas cosas para impactarle. El problema es que romantizamos mucho las diferencias de edad y las normalizamos cuando ellas son jóvenes y ellos mayores. Marina cree que la edad va acompañada de más estabilidad emocional, inteligencia emocional y madurez. Y no tiene por qué. Y también hay un tema de clase, claro. Sobre todo para la familia. Si la familia lo acepta tan rápido es porque es un hombre con un capital económico y con reconocimiento en su pequeña ciudad. Si fuese un autónomo al que le cuesta llegar a fin de mes, divorciado, con una hija de la misma edad que Marina, pues sería diferente...
P: Además Jaime tiene un 'pisazo'... Un lujo a día de hoy.
R: Sí, desde luego. Yo, por ejemplo, desde lo 18 años que me fui a estudiar fuera de casa, encadené un piso terrible tras otro. Pasando frío, con humedades... La precariedad inmobiliaria que hay y lo difícil que es tener un hogar, pues Marina, la protagonista, también lo sufre. Pero, de repente, llega alguien a su vida que tiene -no solo casa propia, que ya es algo increíble-, sino que es una casa que es bonita, muy grande, se está a gusto... Es la base de todo, es a lo que aspiramos casi todos.
"Es mucho más difícil construir un vínculo de igualdad cuando hay tantísima diferencia de edad"
P: Volviendo a la diferencia de edad. ¿Qué problemas acarrea? Suele ser algo que afecta más a mujeres jóvenes que al revés.
R: Es mucho más difícil construir un vínculo de igualdad cuando hay tantísima diferencia de edad porque esa diferencia implica muchísimos más años de experiencias de poder, pero de poder en el sentido de que tienes muchísimo más capital de todo tipo: social, económico...tienes muchísimas más ventajas y es más difícil que esa relación sea equilibrada. ¿Puede ser posible? Pues seguro que en algunos casos sí, pero es difícil, es difícil que una chica de 25 años pueda estar en igualdad de condiciones en un vínculo con un hombre de 45. Ella tiene muchas cosas que aprender todavía que él ya conoce. Para que funcione ambos tienen que ser conscientes de lo que implica esa diferencia, y aún así lo veo difícil.
P: Ellas parten con una gran desventaja...
R: Claro, porque tienen que vivirlo todo rápido para adaptarse a ellos. Marina al principio no se da cuenta porque asocia los enfados a un problema de madurez de ella misma. A él no le gusta que ella salga de fiesta, algo normal porque él ya es un hombre maduro y la fiesta es cosa de jóvenes. Entonces, ella deja de salir de fiesta. Después lo que le molesta es que se quede a ver Gran Hermano con su mejor amiga en el piso. Pero, como no es "serio" pues también deja de hacerlo. Y va pasando y quitando más cosas creyendo que eso es lo que va a solucionarlo, pero en realidad no tiene nada que ver con eso.
P: Él le llega a recriminar que es una niña.
R: Yo creo que lo que habría que preguntarle a Jaime es cómo es capaz de establecer una relación romántica con una chica de la misma edad que tu hija...
P: ¿Te lo pudo resolver el psicólogo con el que trabajaste previamente los personajes?
R: No, porque yo con el psicólogo trabajé en el perfil de ella porque llegó un punto en el que pensaba que cuanto más intentase entenderlo a él, más iba a tender a justificarlo, y no quería hacerlo.
P: Una de las tramas más bonitas es la relación con Frida, su perra, y cómo está le va advirtiendo de que Jaime no es bueno para ella.
R: Sí, Frida es como un correlato simbólico entre cómo va evolucionando esa relación y cómo ella lo va viviendo, y también con la amistad porque a Diana, su amiga, le encantaría poder estar ahí y poder hablar con Marina, pero no puede porque cortan la relación y Frida lo puede estar viendo todo y no puede hacer nada más que mearse e intentar dar señales con su cuerpo. Hay un párrafo al final que es una conclusión de la novela, de cómo nos salvan los cuidados, pero no solo que nos cuiden a nosotras sino también nosotras cuidar. A Marina la cuidan, pero ella también por pensar en Frida y ser capaz de ver lo que está pasando con Frida y por querer cuidar a Frida, es más consciente de que tiene que salir de ahí. Son los cuidados, ya sean hacia otras personas o hacia nosotras mismas los que nos salvan.