El pánico de unas familias de Málaga atrapadas en Dubái por la guerra en Irán: "Movimos las camas lejos de los cristales"
Marina Torres, una de las malagueñas atrapadas en Dubái, relata cómo tuvo que ser auxiliada en el aeropuerto por su embarazo de cuatro meses en medio de un caos total y temperaturas de hasta 40 grados
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Málaga"Comenzaron a sonar las alarmas de alerta de misiles en los teléfonos informando de que nos alejáramos de las ventanas y nos desplazáramos a las plantas más bajas". Así describe Patricia, una malagueña atrapada en el puerto de Dubái junto a tres familias, el inicio de una pesadilla que ha transformado sus vacaciones en un escenario de guerra.
El estallido del conflicto entre Irán y la coalición liderada por Estados Unidos e Israel no solo ha paralizado Tierra Santa, sino que ha convertido los centros turísticos del Golfo Pérsico en ratoneras para cientos de andaluces que, a día de hoy, no tienen fecha de regreso.
Patricia y su grupo tenían previsto volar el domingo desde Doha, capital de Qatar, tras un crucero. Pero el sábado por la tarde, mientras visitaban el rascacielos Burj Khalifa, las noticias sobre el ataque cambiaron sus planes. "Fue el peor día; era todo un caos, los nervios estaban a flor de piel. Veíamos un montón de humo y se escuchaban los zumbidos de las explosiones", relata Patricia con el miedo aún en el cuerpo.
Porque, aunque las defensas de los Emiratos interceptaron los proyectiles, el impacto emocional ha hecho mella en el grupo: "No sabemos cuánto se va a prolongar esto. Podemos estar aquí días o semanas; no nos llegan noticias de ningún sitio".
Caos y ataques de ansiedad en el aeropuerto de Dubái
La situación también alcanzó niveles de angustia extrema en el aeropuerto internacional, donde Marina Torres, una malagueña embarazada de cuatro meses, se disponía a embarcar con su pareja, su hermana, su cuñado y dos sobrinos menores. Estaban en Dubái de viaje de disfrute familiar y el sábado se disponían a emprende la vuelta cuando "nos cancelaron el vuelo justo cuando estábamos embarcando. Fue una locura", explica Marina.
Cuenta que la terminal se convirtió entonces en un escenario de pánico: "Todo el mundo quería salir porque nos decían que iban a caer bombas. Las colas eran larguísimas, a 40 grados de calor, y yo decía: 'Por favor, que estoy embarazada'".
Ese momento de colapso en el control de pasaportes, con miles de personas intentando ponerse a salvo simultáneamente, provocó un ataque de ansiedad en la joven malagueña. "Entré en pánico. Fue horrible hasta que un policía nos ayudó y nos montó en un coche del aeropuerto para sacarnos de allí", relata.
Luego, el trayecto de salida de las instalaciones no fue más tranquilo, porque justo cuando abandonaban el recinto para ser trasladados a un hotel, un fuerte estallido sacudió la zona. "Nos contaron que lo que sonó era un resto de un misil que había caído en el propio aeropuerto", añade.
El refugio en el hotel: camas blindadas y explosiones
Una vez instalados en el hotel, el escenario de terror se trasladó a las habitaciones. Allí, la incertidumbre sobre la seguridad de los edificios ante la caída de restos de proyectiles obligó a la familia a tomar medidas durante la noche. "Movimos las camas de sitio para que no estuvieran cerca de los cristales por si estallaban. Entramos en pánico al escuchar los impactos de lo que creemos que son bombas; no se puede explicar, yo no puedo dejar de temblar", confiesa Marina.
A pesar de estar a salvo gracias a la gestión de las autoridades locales, los malagueños denuncian una sensación de abandono por parte de la diplomacia española. "La Embajada no sentimos que nos esté ayudando tanto. Solo nos dicen que nos mantengamos alerta a las redes sociales", critica Marina.
Y así, la falta de un plan de repatriación claro y el constante sonido de explosiones en el exterior mantienen a estas familias en vilo.
Un espacio aéreo blindado y sin plazos
La preocupación de estas familias malagueñas se centra ahora en la duración del conflicto. El consejero de Turismo de la Junta de Andalucía, Arturo Bernal, ya ha advertido de que el reajuste de las rutas aéreas que conectan Andalucía con Dubái y otras capitales del Golfo "no será fácil". Con el espacio aéreo cerrado y las aerolíneas cancelando vuelos de forma sistemática, Patricia, Marina y sus familias aguardan en un corredor seguro que les permita salir de una zona donde "los zumbidos de las explosiones" siguen marcando el ritmo de las noches.
"Solo queremos que nuestros familiares en Málaga sepan que estamos bien, que hemos tenido suerte dentro de lo que cabe, pero tenemos muchas ganas de volver a casa", concluye Patricia desde el puerto de Dubái, donde el crucero que debía ser su hotel de descanso es ahora su refugio frente a la guerra.