Marina vivió 10 años dentro del Opus Dei: "Si tienes menos de 3 o 4 hijos dicen que no estás siendo generoso con Dios, y si no vienen es un problema"

Marina Pereda rompe su silencio como exmiembro del Opus Dei en un libro -'La Obra'- donde acabó viviendo diez años como agregada
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Adentrarse en el engranaje y en las profundidades de una de las organizaciones religiosas más conocidas de España es prácticamente imposible si no perteneces a ella. Lo que se conoce del Opus Dei, la organización fundada en 1928 por Josemaría Escrivá de Balaguer, o la verdad, es gracias a periodistas, investigaciones y personas que ya no pertenecen a la organización —la Obra como la llaman sus miembros—. No es fácil, estos exmiembros luchan contra muchos estigmas y dificultades porque, una vez salen, en la mayoría de casos deben romper con los vínculos que tenían y no quieren alzar demasiado la voz para poder reconstruir sus vidas. En el caso de Marina Pereda no es exactamente así, porque aún habiendo salido hace ya 11 años del Opus Dei, sigue conservando la relación con su familia más cercana, sus padres —ellos sí miembros— y hermanos y hermanas, algunos de ellos también pertenecientes al Opus Dei y sí, ha querido contar su historia, hacerla pública. Obviamente, su historia no es única, pero sí es la manera de contarla la que la hace muy especial; porque es la primera vez que contamos con un relato de una joven que, desde su infancia, ha pertenecido a la organización religiosa y se atreve a explicar todo el periplo de su vocación hasta que decide marcharse.
Marina Pereda —una de las voces del documental 'El minuto heroico', de HBO— nació en una familia numerosa, es la sexta de siete hermanos, estudió bachillerato en un colegio segregado y fue a la Universidad de Navarra, un entorno típico del Opus Dei, donde acabó viviendo diez años como agregada. A través de episodios complemente cotidianos, cuenta en 'La Obra' (Aguilar, 2026) cómo funciona la organización desde dentro. Con ciertas dosis de humor ácido narra la manipulación, el abuso psicológico y las consecuencias de haber pasado 25 años inmersa en el ecosistema de este grupo ultracatólico.

Al eco mediático de 'Los domingos', la película de Alauda Ruiz de Azúa sobre una chica de 17 años que anuncia a su familia que quiere ser monja, se suma un debate que atraviesa generaciones: ¿qué significa elegir cuando se decide muy joven, dentro de un marco de fe y, en algunos casos, de autoridad y presión emocional? Hay muchas formas de ejercer el abuso, una de las más poderosas es hacerlo a través del cariño: una sonrisa, la aprobación, el dominio implícito de la voluntad del otro, la ilusión de libertad. El adoctrinamiento puede disfrazarse de caras y palabras amables, de actos en apariencia insignificantes, de 'buenas' intenciones; y así, de forma casi imperceptible, termina impregnándolo todo: el cuerpo, la mente, la percepción del mundo y la visión de la realidad. Celibato en menores, mortificaciones, proselitismo, el papel de la mujer dentro de la organización, la dependencia económica de los miembros son solo algunos de los temas que Marina aborda en su obra, adictiva, por cierto. En la web de Informativos Telecinco hemos podido entrevistarla y conocer mucho más acerca de su experiencia y la repercusión de un libro poderosamente necesario.
Pregunta: No hay muchos libros sobre ex miembros del Opus Dei recientes, ¿verdad?
Respuesta: Actuales, no. Sí hubo una época en la que salieron varios libros, pero lo que pasa es que suelen ser libros más antiguos, en 1976 hay uno de una ex numeraria, luego también se publicaron en los años 90. Pero hay pocos hablando desde la propia experiencia. Este es el primer libro que escribe una hija de miembros del Opus Dei, o sea, que es el primer libro de segunda generación. Además, creo que también he intentado hacerlo muy accesible a gente que no ha vivido la experiencia para precisamente conseguir romper con lo anterior escrito. A veces es difícil contárselo a personas que no lo han vivido.
P: ¿Cómo es tu relación ahora con tu familia, siendo miembros aún del Opus, y después de publicar el libro?
R: Sí, es verdad que mis padres pertenecen al Opus Dei, pero el resto de mi familia, mis tíos, mis primos…no están vinculados a la organización. Entonces, siempre he vivido el respeto dentro de la familia. Eso no significa que a veces haya temas que no se hablen y puedan ser un poco tabú. Pero yo siempre he querido ser muy abierta y muy transparente con mi familia sobre lo que iba a hacer; después cada uno ha decidido si quería leer o no el libro, o hablar del tema. Creo que, en general, hay respeto, aunque es innegable que el Opus Dei atraviesa toda la realidad familiar, y que depende de cómo cada uno se coloque respecto a eso, pues los vínculos familiares se pueden ver trastocados. La verdad es que yo he sido muy peleona con mis padres, les he confrontado en muchos temas, intentando que abrieran su mirada y no he roto la relación con ellos, por eso siento que he tenido suerte en ese sentido. Es algo que en otras muchas familias no hubiera sido posible.
P: Entre tus hermanos sí que hay algunos que están dentro de la organización. ¿Cómo es tu relación con ellos después de la publicación? Entiendo que no habrá sido fácil…
R: Sí, aunque ya somos todos adultos. Para mí lo importante ha sido no llevar una doble vida, que no parezca que en mi familia vivo una vida o soy una persona que no soy, que es lo que me pasaba en el Opus Dei. Aunque pueda haber situaciones incómodas, siempre, de alguna manera, todos preferimos la verdad. Poder vivir nuestra vida sin ocultarnos. Sé cómo se vive todo siendo del Opus Dei, porque he crecido en ese entorno al 100%, por lo tanto puedo comprender y no juzgar a quien sigue dentro. A pesar de que sí que hay momentos incómodos o de confrontación, creo que también se rompe con la imagen de una familia idílica donde todos pensamos igual. No todas las familias que están dentro del Opus Dei son iguales, y con la publicación del libro también intento romper con esta idea. Lo considero hasta un logro poder romper con ese adoctrinamiento y esa uniformidad que se pretende desde el Opus Dei en las familias.
P: Cuando dices que tus padres pertenecen al Opus Dei, ¿qué implicación tiene eso?
R: El Opus Dei es una institución a la que se pertenece por vocación. Dios te da una llamada específica, es como si hubiera distintas categorías, y en función de tus circunstancias o de esa llamada de Dios, tú eres de una categoría u otra. Si tú eres una persona mayor de edad, que tienes novio o novia, o estás casado, pues tú lo que vas a hacer es ser supernumerario, que son el tipo de miembros que se casan y tienen hijos, y siguen todas las indicaciones de la Iglesia al pie de la letra. Su vinculación con el Opus Dei será la de participar de las actividades que hagan para niños, no usar métodos anticonceptivos, llevar a sus hijos al club, a los colegios del Opus Dei, involucrarse con la organización en las actividades que se organizan desde los centros del Opus Dei, ir a convivencias en verano o a cursos de retiro con otros miembros, aportar económicamente al sostenimiento de los centros del Opus Dei, etc. Además de rezar y confesarse con un sacerdote del Opus Dei, ir cada día a misa, hacer oración, lectura espiritual, etc. En el caso de los miembros célibes, es decir, que son laicos, pero digamos consagrados a Dios y que no se casan ni tienen hijos, normalmente son los que suelen entrar siendo menores de edad. Si tú ya tienes 20 años o 30, y una experiencia de la vida, es más difícil que adquieras un compromiso de celibato de por vida. Aún así, hay gente que entra siendo adulta.
P: Entonces, ¿qué es lo más habitual?
R: Lo "normal", y sobre todo en mi generación y las generaciones anteriores, es entrar siendo adolescentes o niños que todavía no tienen mucha experiencia de vida. Los numerarios te plantean la vocación de numerario o agregado, como era mi caso. La única diferencia entre un numerario y un agregado es que el numerario vive en un centro del Opus Dei, en comunidad, con otros numerarios, chicos y chicas separados por sexos, y los agregados viven con su familia. Y en el caso de las mujeres, también está la posibilidad de ser numeraria auxiliar, que son esas mujeres cuya vocación es limpiar en los centros del Opus Dei. A mí nunca me propusieron ser numeraria auxiliar porque yo era súper torpe con las cosas de casa… Cuando me quise ir, fue cuando me propusieron ser agregada, porque tienen más independencia y pueden vivir con sus padres o en pisos.
P: Por lo tanto, ¿tú crees que el ser mujer dentro de la organización implica más renuncia que la de ser hombre dentro de la organización?
R: Sí, los hombres del Opus Dei, en el caso de los célibes, no se hacen cargo de absolutamente nada del hogar. Pero a un nivel de que ni preparan su desayuno, ni barren, ni limpian nada, y además tienen prohibido dar las gracias o hablar con las numerarias auxiliares que trabajan para ellos. Entonces, hay un germen absolutamente machista en el Opus Dei, tanto en hombres como en mujeres. El discurso oficial del Opus Dei es que las mujeres tienen un don natural y una sensibilidad especial para los cuidados, mientras que los hombres no están capacitados por su naturaleza para ello, porque los hombres y las mujeres somos biológicamente diferentes. Además, las posibilidades de estudio, de trabajo y, en definitiva, la posición de los hombres es muy distinta a la de las mujeres, porque los que toman decisiones y dirigen la organización son siempre hombres, porque las mujeres no votan al líder de la organización, no tienen peso real en la toma de decisiones.
P: ¿Qué cantidad de hijos se demanda para estar en el Opus Dei?
R: Los que Dios quiera. Siempre dicen que menos de tres o cuatro es que no estás siendo generoso con Dios. Para ellos hay que estar abierto a la vida porque es un acto de generosidad con Dios. Él puede utilizar tu cuerpo y tus capacidades para que tú traigas todos los hijos que Dios quiera. Y si tú biológicamente eres fértil hasta un determinado momento, pues todos los que sean. Entonces hay familias con 10, 12, 14 hijos...
P: ¿Y si no vienen?
R: Y si no vienen para muchos supernumerarios es un problema y sufren mucho. Pero puede pasar... En esos casos se contempla la adopción, porque no se permite ningún tipo de técnica que implique manipulación de embriones. Son absolutamente contrarios a este tipo de prácticas.
"Para una niña de 14 años es muy duro tener que incorporar el celibato"
P: ¿Tú crees que tu relación dentro del Opus Dei hubiese sido distinta si te hubieran facilitado la posibilidad de estudiar como tú pedías? Porque tú realmente empiezas a tener problemas cuando tus inquietudes personales, culturales y académicas chocan con las del Opus Dei, y, además, no tienes disponibilidad económica para desarrollarlas...
R: Bueno, yo creo que dentro del Opus Dei hay personas de clases sociales muy distintas, en mi caso pertenezco a una clase social más baja, pero he conocido muchas personas de clase social alta que también han tenido muchas dificultades para salir. Es cierto que las dificultades económicas son un añadido, sobre todo en mi caso. Parece que te dan una ayuda con una barita mágica, es decir, te dicen que tienes una beca para estudiar en un colegio privado o concertado —que mis padres nunca se hubieran podido permitir—, o tienes esta beca para estudiar en la universidad o este préstamo con estas facilidades... Pero lo que parece una ayuda en realidad es una manzana envenenada porque lo que implica es que debes siempre un agradecimiento y te sientes siempre en deuda con ellos. Yo tenía una beca del Estado para estudiar en una universidad pública más barata, pero renuncié, por lo tanto no fue así. Generan una situación de pobreza desde el número de hijos que exigen a los miembros supernumerarios hasta las expectativas de dónde estudiar, qué es un buen colegio, qué no es un buen colegio... Y, como muchos padres quieren lo mejor para sus hijos, y vienen de clases más bajas, pues lo ven como algo aspiracional o como un ascensor social que de pronto les permite llegar a otras esferas que no llegarían.
P: ¿Cómo lo viviste tú?
R: Yo eso lo que percibí de manera muy asfixiante. También, el hecho de tener que cortar con amistades, con chicos, cuando yo me había educado en un colegio público mixto hasta los 11 años, y los veranos los pasaba con mis amigos del pueblo. Eso para mí fue muy difícil. Para una niña de 14 años es muy duro tener que incorporar el celibato, tener que dejar de relacionarse con naturalidad con sus amigos "chicos", no poder explorar de forma sana y normal la curiosidad de que un chico le guste... Se acaba encorsetando a las personas y se generan unos traumas y unas dificultades de relación muy fuertes. Si estás todo el día trabajando, pagando deudas, pagando cursos de retiro, convivencias, cursos anuales, campamentos, etc., acabas viviendo con una ansiedad muy fuerte, pero además con toda esa represión afectiva y de relaciones. Todo eso fue lo que acabó verdaderamente precipitando mi salida. Vi que así no podía vivir.
P: Una de las partes más controvertidas de pertenecer a la organización es el tema de la sexualidad. ¿Cómo te llevas con tu sexualidad actualmente y cómo ha sido reconstruir esa parte dormida en ti hasta la etapa adulta?
R: Gracias al apoyo psicológico vas integrando muchos aspectos de tu vida que no son necesariamente la parte sexual, sino de cómo te vas encontrando con tu cuerpo. Lo que logran con ese adoctrinamiento de los niños y con esa presión y con ese celibato, es que tú te vayas desconectando de tu cuerpo y de tus necesidades corporales a todos los niveles, ya sea comer, dormir, descansar, disfrutar, jugar... Por eso es tan duro que te hagan esto en la infancia y en la adolescencia, que son edades de desarrollo y especialmente vulnerables. Es verdad que, en cierta manera, vives un trauma que se refleja también en lo sexual. Porque, por ejemplo, cuando ya había empezado a conocer a otros chicos y me apetecía tener relaciones sexuales, mi cuerpo no respondía. Eso se llama disociación.
P: ¿Qué te pasaba?
R: Es como si tu mente y tu alma, o lo que se puede conocer como el alma, o tu identidad, van por un lado y tu cuerpo va por otro. Y me pasaba en aspectos muy diferentes; pues me ponía a llorar y no sabía por qué, a veces no reconocía esas señales de hambre, y luego comía con mucha ansiedad. No has desarrollado tu cuerpo y tus momentos de descanso y de trabajo de manera sana. También por los horarios tan exigentes de trabajo, por la cantidad de normas que tenías que hacer, por toda la carga mental de estar todo el día rezando, repitiendo jaculatorias. El control mental al final se traslada a todos los ámbitos de tu vida, y hay un momento en que tú ni siquiera sientes deseo sexual.
P: ¿Qué haces para reconstruirte en todos esos ámbitos de tu vida, en lo más elemental?
R: Ir a terapia. Así es como que fui volviendo a unir todos esos cables que estaban cortados y a darles una explicación: cuando tengo hambre me siento así, cuando estoy cansada me siento así y lo que necesito es descansar, o necesito un abrazo cuando me siento de esta forma... Porque el contacto físico se rompe hasta entre las propias mujeres. No se dan abrazos, todo el mundo físico está absolutamente reprimido. Recuperar eso es un proceso lento, pero también es posible gracias a la terapia y a ir relacionándote con amigos y amigas, poniendo palabras a lo que has vivido y sentido. También he aprendido a no vivir con un estigma y con vergüenza, y a entender que todos tenemos nuestras mochilas y nuestras situaciones que nos han tocado vivir y que de alguna manera todos vamos con nuestras heridas de guerra.
"Salir del Opus Dei fue un acto de fe"
P: ¿De qué te ha costado más deshacerte a nivel psicológico?
R: La culpa. La culpa es una herramienta de control, es una herramienta que es tan sutil, que está tan interiorizada, sobre todo en los niños que quieren ser buenos, que quieren hacer todo bien. La utilizan mucho para conseguir lo que quieren y para controlarlos. Siempre te hacen sentir que no lo estás haciendo bien o que no estás haciendo suficiente, y creo que incluso en muchos exmiembros, aún y habiendo logrado salir del Opus Dei, sigue permaneciendo en ellos esa sensación de culpa, de "yo no pude conseguir lo que se supone que era mi vocación". Con el tiempo he ido aprendiendo a reconocerla y a responsabilizarme solo de aquello que realmente me corresponde. Piensa que desde pequeños se utiliza la culpa de una forma perversa. Cada semana tienes que confesarte. Yo muchas veces no sabía qué decir, no había hecho "nada malo", por lo tanto cada semana tenía que buscar cosas que decir o cosas que podía haber hecho mejor. De hecho, espero que con el libro pueda ayudar a mucha gente a no vivir con ese sentimiento de culpa.
P: ¿Qué relación tienes ahora con Dios, con tu vocación?
R: Siempre digo que para mí salir del Opus Dei fue un acto de fe, fue el mayor acto de fe que hice y la verdad es que lo sigo pensando. Creo que cuando salí no dudé de Dios, aunque tuve mi crisis espiritual y de vocación, por supuesto, pero en aquel momento yo era católica, seguía yendo a misa, y para mí, lo que yo estaba viendo a mi alrededor y lo que a mí me estaban inculcando, llegó un momento en que no lo veía como algo cristiano. Lo cuento al final del libro, que cuando abro el Evangelio y digo "si este es Dios, si este es Jesús, es alguien que se compadece de los que sufren, no pide más sufrimiento a la vida, no pide cilicios, no pide represión, lo que da es libertad y amor". Por lo tanto, si me salgo, espero encontrar eso. A día de hoy no practico, no voy a la Iglesia y no sigo ningún dogma, ni ninguna creencia religiosa específica, pero sí que considero que vivo con más fe que la que tenía dentro del Opus Dei, donde al final seguía, obedecía, confiaba en lo que me decían. Hay muchas personas que siguen en el Opus Dei que realmente no tienen una fe viva y una fe que les ponga en una situación de incertidumbre, de tener que tomar decisiones propias, sino que siguen el camino y las pautas que les han marcado.
P: ¿Cómo es tu vida ahora? Lo dejaste con 25 años y ahora tienes 36. Ha pasado ya mucho tiempo...
R: No digo que mi vida sea perfecta porque no creo que nadie tenga una vida perfecta, pero, desde luego, soy feliz, estoy sana, puedo disfrutar de la vida, de mi libertad, de tomar decisiones sin tener que consultar a nadie y, bueno, responsabilizándome de ellas, como una persona adulta.
