Entrevistas

Gloria Labay, pionera en acompañar a mujeres que no pueden tener hijos: "La reconstrucción empieza al aceptar que la vida que imaginabas no sucederá"

Gloria Labay, matrona. Cortesía
Compartir

Entendemos por muerte perinatal la detención de un embarazo entre la semana 22 -un embarazo tiene 40 semanas- y los 28 días posteriores al parto. En España, la tasa de mortalidad perinatal ha descendido en los últimos años, y, según datos del INE, se produjeron alrededor de 1.800 muertes perinatales en 2022. Esos son los datos, pero que un embarazo se interrumpa en la semana cinco de gestación es también muy doloroso y supone para quien lo vive un duelo. En este proceso hacia la maternidad intervienen muchos factores, pero no poder ser madre pese a intentarlo una y otra vez, requiere, posteriormente, de una reconstrucción emocional y de acompañamiento profesional y psicológico.

PUEDE INTERESARTE

La no maternidad también supone un duelo, aunque rara vez se nombra. Por eso el testimonio de Gloria Labay tiene tanto valor. Esta matrona y pionera en el acompañamiento a mujeres que no han podido ser madres, acaba de publicar 'Ser sin ser madre' (Lunwerg, 2026), un libro aborda ese dolor silenciado desde una doble experiencia: la de una mujer que quiso ser madre y no pudo, y la de una matrona que ha acompañado durante 25 años la maternidad de otras mujeres.

Gloria Labay también quiso ser madre. Lo intentó sola y con pareja, de forma natural y a través de la reproducción asistida, de la biología y mediante la adopción. Pero, no lo consiguió. Su búsqueda se prolongó durante siete años e incluyó cuatro pérdidas gestacionales y una etiqueta de "no idónea" como madre adoptiva. Todo ello, mientras ejercía su profesión de matrona, conviviendo con la maternidad ajena y sosteniendo una herida silenciosa que no encontraba espacio social para ser reconocida, lo que supuso un trabajo enorme de resiliencia personal.

PUEDE INTERESARTE

En 2018, además, fundó 'La vida sin hijos', una red de soporte y acompañamiento para personas sin hijos por circunstancias, que ofrece grupos de ayuda mutua para mujeres en duelo por la no maternidad, así como talleres y espacios de encuentro. Contar ahora su experiencia en un libro ha sido decisivo en su proceso de recuperación; así como acompañar a otras mujeres que encuentran dificultades para ser madres. Charlamos con ella en esta entrevista para la web de 'Informativos Telecinco'.

Pregunta: Como bien explicas en el libro, tu caso es excepcional porque eres una mujer que ha atravesado el duelo por no poder ser madre, eres matrona y pionera en el acompañamiento de mujeres que no pueden ser madres. Durante siete años lo intentaste. ¿Cómo fue esa vivencia cuando miras hacia atrás?

Respuesta: No creas que es tan excepcional, hay muchas mujeres a las que les ha pasado lo mismo, mi caso es más insólito por mi condición de matrona. Solo eso. Cuando miro atrás veo una etapa muy intensa, marcada por la esperanza, el esfuerzo y también por mucho dolor silencioso. Fueron años en los que puse muchísima energía física, emocional y económica en un deseo que para mí era muy profundo: ser madre. Lo más difícil no fueron solo las pérdidas o los tratamientos, sino vivir algo tan importante sin un lenguaje social que lo sostuviera. Parecía que, si no había bebé, no había historia. Y sí la había: una historia enorme. 

P: ¿Qué fue aquello que agradeciste? 

R: ¿Qué agradezco? Haber desarrollado una gran capacidad de resiliencia. Haber descubierto recursos internos que no sabía que tenía. Y también que esa experiencia hoy me permite acompañar a otras mujeres desde un lugar profundamente verdadero. 

P: ¿Qué te ayudó a transitar el duelo de no poder ser madre y qué te lo ha dificultado enormemente? 

R: Me ayudó ponerle nombre a lo que me pasaba: entender que estaba viviendo un duelo real. También me ayudó hablar con mujeres que habían pasado por lo mismo, la terapia, escribir y permitirme sentir. Lo que más lo dificultó fue la incomprensión social y los comentarios que minimizan el dolor.

P: Además intentas adoptar y tampoco pudiste. ¿Qué sucedió y cómo lo gestionaste? 

R: La adopción fue otro intento de maternar y también terminó en pérdida. Recibí una valoración de idoneidad en un principio, luego el país que elegí, Nepal, se complicó y a las personas que estábamos a la espera de resolución nos permitieron abrir una nueva vía en otro país. Yo elegí adopción nacional y tuvo que volver a pasar todo el proceso de idoneidad de nuevo, allí fue cuando me consideraron "no idónea". Fue algo muy duro porque me tocó directamente mi identidad. Necesité tiempo para entender que una evaluación administrativa no define mi valor como mujer ni mi capacidad de amar. 

"Lo más difícil era sostener profesionalmente la alegría ajena mientras internamente convivía con mi propia herida"

P: Por otro lado, eres matrona, por lo que estás en contacto con la maternidad a diario. ¿Esto te ha ayudado o al revés? ¿Qué fue para ti lo más difícil? 

R: Ha sido ambas cosas. Mi profesión me apasiona, pero cuando estaba en pleno duelo trabajar rodeada de embarazos y bebés podía removerme muchísimo. Lo más difícil era sostener profesionalmente la alegría ajena mientras internamente convivía con mi propia herida. Pero por otro lado me ha ayudado a comprender mejor cómo se sienten las personas que pierden un bebé o no pueden quedar embarazadas. Creo que puedo acompañar mejor el lado no tan bonito de la maternidad. 

P: ¿Qué papel juega ahora mismo tu trabajo en tu vida? 

R: Hoy mi trabajo tiene un sentido muy profundo. Sigo siendo matrona y además de mi trabajo con mujeres embarazadas, acompaño a las mujeres en otros procesos ginecológicos y de prevención. Pero de lo que estoy muy orgullosa es de facilitar un grupo de duelo gestacional y perinatal para madres y padres cuyos hijos nacieron sin vida, así como de dinamizar talleres para mujeres y parejas con dificultades en la fertilidad. Además por supuesto de acompañar a mujeres sin hijos por circunstancias. Mi trabajo ya no es solo profesión: también se ha convertido en un propósito, el de acompañar a todas las mujeres, no solo a las fértiles.

P: ¿Cómo te reconstruyes a ti misma desde ese momento y cuándo empieza realmente tu conciencia de que necesitas empezar a hacer ese duelo? 

R: La reconstrucción empieza cuando aceptas que la vida que imaginabas no va a suceder. Ese momento duele mucho, pero también abre una puerta. Reconstruirme fue preguntarme: si no soy eso que soñé, ¿quién soy ahora? 

P: ¿Te ha costado estar o permanecer al lado de amigas o familiares que pudieron ser madres? 

R: A mí personalmente no, gracias a mi profesión, pero sí es algo que puede costar muchísimo. Quieres alegrarte por la otra persona y al mismo tiempo se activa tu pérdida. Muchas relaciones se enfrían por falta de herramientas. Lo importante es hablar con honestidad, pedir tiempos y comprender que a veces la distancia es protección emocional. 

"La reproducción asistida ha ayudado a muchísimas personas, pero también hay aspectos de los que se habla poco como desgaste emocional, falsas expectativas y mercantilización de la fertilidad"

P: ¿Qué es ‘La vida sin hijos’ y cómo surge la idea de crearla? ¿Qué tipo de acompañamiento realizas? 

R: La vida sin hijos nació en 2018 al detectar un vacío enorme que muchísimas mujeres vivían este duelo en silencio. Es una comunidad de acompañamiento con grupos de ayuda mutua, talleres, espacios de encuentro y una narrativa nueva sobre la vida sin hijos. 

P: ¿Qué es una terapeuta de duelo? ¿Qué pilares crees que necesita una mujer durante este proceso? 

R: Una terapeuta de duelo acompaña procesos de pérdida ayudando a integrar lo vivido, reconstruir y darle un sentido. Los pilares fundamentales son la validación del dolor, espacios seguros para expresar emociones silenciadas, respeto, tiempo, red de apoyo, reconstrucción de identidad y nuevos proyectos.

P: ¿Qué es aquello que querías contar sobre reproducción asistida en España en el libro? 

R: Quería aportar una mirada honesta y compleja. La reproducción asistida ha ayudado a muchísimas personas, pero también hay aspectos de los que se habla poco: desgaste emocional, falsas expectativas y mercantilización de la fertilidad. No se trata de demonizar, sino de humanizar el proceso y dar soporte emocional a las personas que acuden a la reproducción asistida cargadas de esperanza y muy vulnerables