La ola de calor extrema transforma la vida cotidiana y obliga a buscar refugio frente a temperaturas cercanas a los 40 grados
El calor extremo y el bochorno alteran la rutina diaria y obligan a buscar refugio en buena parte de España
Un reventón cálido en la Albufera de Valencia provoca un aumento de la temperatura en 9°C en minutos
La ola de calor sigue apretando en buena parte de España, a las altas temperaturas se suma una humedad cada vez más pegajosa, que multiplica la sensación de bochorno y convierte cualquier actividad cotidiana en un esfuerzo. En zonas como Valencia, el ambiente resulta especialmente sofocante y muchos solo encuentran alivio junto al mar. "Solo dan ganas de salir corriendo hacia el único lugar donde hallar consuelo, el mar", resume un vecino.
Una rutina al ralentí
El calor ha cambiado por completo el ritmo del día, en ciudades como Granada o Sevilla, la actividad se reduce al mínimo durante las horas centrales. "La vida diaria, o sea, no existe literalmente", asegura un vecino. La estrategia es común: permanecer a cubierto y esperar a que caiga el sol. Pero ni siquiera entonces llega el descanso. "Cuando medio refresca, pues ya estamos en la hora de dormir", lamenta otra persona.
En Calahorra (La Rioja) también intentan acostumbrarse a los cerca de 40 grados, aunque el cansancio acaba imponiéndose. Incluso el aire acondicionado genera pequeñas disputas domésticas. "Yo me pongo debajo del aire y mi mujer se enfada porque no puedo hablar", comenta entre risas un vecino.
El calor también agota la mente
Las altas temperaturas no solo pasan factura al cuerpo, también afectan a la concentración, la memoria y al estado de ánimo. "La tensión baja, es que no podemos tirar", explica una mujer. Otro vecino lo resume así: "Yo no tengo memoria para nada". Y un tercero va un paso más allá: "Si tú sufres, sufre tu psíquico".
Ni siquiera los turistas escapan del sofoco. Lleguen de donde lleguen, todos describen la misma sensación con expresiones diferentes. "Como se dice en Cuba, calor asfixiante", comenta una visitante. Otro turista mexicano lo resume con un "Hace un chingo de calor", mientras una mujer andaluza tira de una palabra muy de su tierra: "¡Tanta calura!".