Micaela ha rehabilitado el local manteniendo los azulejos verdes del interior, su clásica fachada, el cartel exterior y la antigua maquinaria empleada en el horno
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El cierre de negocios tradicionales en las ciudades se sienten como una pérdida por los vecinos de los barrios que ven cómo las pequeñas tiendas de siempre desaparecen irremisiblemente. Solo en 2025 bajaron la persiana más de 13.500 de estas tiendas en España.
Uno de los cierres más dolorosos en Valencia fue el del Horno de San Nicolás, el más antiguo de la ciudad, en octubre de 2023. Ubicado en el corazón del centro histórico del barrio de El Carmen, este negocio que había endulzado la vida de los vecinos durante más de 300 años, hasta que su último propietario, Ramón Chinillach, no pudo hacer frente a la costosa reforma que le exigían los técnicos de Sanidad.
Desde entonces, el local seguía desierto, hasta que Micaela Tassara, una chef argentina llegada a Valencia, vio en este establecimiento una oportunidad perfecta para poner una cafetería. "Me pareció una localización hermosa y la historia que tenía me encantó. Mis abuelos son de campo, siempre han rehabilitado maquinaria y han elaborado productos naturales y me sentí muy identificada con la reconstrucción de algo antiguo", explica.
Con más ilusión que presupuesto, Micaela se lanzó a la aventura de recuperar el establecimiento. "Nos encontramos con maquinaria antigua, vimos unos azulejos verdes en las paredes del local y la prioridad fue conservar lo que había, como la bóveda que estaba quemada, y darle la importancia a lo que fue".
Desde el principio, Micaela estuvo en contacto con Ramón, el último hornero, y con el dueño del establecimiento. "Me contaron las historias del horno, lo que se vendía antes, cómo funcionaba todo y empecé a encontrar sentido a todo lo que iba encontrando".
También rehabilitó la clásica fachada del local y su cartel de azulejos. "Lo único que he cambiado es el nombre. Ahora se llama "Nico", en homenaje al horno de San Nicolás, pero dándole un toque más moderno".
Producto de calidad y elaboración propia
Lo que sí ha cambiado, son los productos que se venden al público, aunque manteniendo la máxima calidad. "Yo he sido chef durante 10 años. La pastelería y los bocadillos que vendo son totalmente caseros, son creaciones mías y los hago yo. Además, está la cafetería en la que trabajo con proveedores valencianos. Tanto el pan, como las verduras o el café son de aquí".
Para atraer a los vecinos del barrio y no solo a los turistas, Micaela ha contenido los precios. "Me gusta que la gente de aquí pueda venirse a tomar un café a un precio que nos convenga a los dos. Los que ya vienen me recuerdan lo que se vendía, como unas empanadillas de boniato. Se nota que eran clientes asiduos del horno y que hay un recuerdo muy bonito del lugar".
De momento, todo lo que venden es para llevar, a la espera de conseguir los permisos para poner algunas mesitas y aumentar la oferta de productos. "Estoy super contenta. Los vecinos me han recibido muy bien y espero seguir creciendo poco a poco".

