El relojero Teo, de 87 años, obligado a jubilarse tras la venta del local donde trabaja hace 30 años en Valencia para hacer un piso turístico: "Estoy muy triste"
Teo, un hombre de 87 años, está sumido en la tristeza y su salud ha empeorado desde que el dueño le comunicó que había vendido el local a unos rusos y se tenía que marchar
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A sus 87 años, Teo se ve obligado a jubilarse, aunque le gustaría seguir trabajando. "Me siento bien, estoy perfecto. Aquí me entretengo y no paro ni un momento. Quiero seguir trabajando hasta los 90, si me jubilo duraré mucho menos", asegura Teo de Jesús.
En la cristalera del local se puede leer un cartel de "Liquidación por Jubilación", aunque la realidad es que tiene que dejar su actividad porque el bajo donde la 'Relojería de Teo' lleva 30 años se va a convertir en un nuevo piso turístico. "Me tengo que ir porque el dueño se lo ha vendido a unos rusos para hacer uno de esos apartamentos turísticos de los que se ha llenado el barrio y Valencia", lamenta.
Desde que conoció la noticia su salud, hasta ahora de hierro, ha empeorado. "Me enteré en noviembre del año pasado. Ese día me fui a dormir y cuando me desperté casi pierdo un ojo por los nervios. No tengo ganas de comer, me sangra la nariz. Estoy muy triste porque me tengo que ir de aquí después de 30 años", afirma.
Los relojes han sido su vida. Nacido en Cuba, empezó a trabajar como aprendiz siendo un niño. "En 1960 me convertí en maestro relojero", recuerda. Pero con la llegada del comunismo abandonó su país y llegó a España. "Aquí no hay relojeros. Si no tienes torno, lavadora y motor de pulir no eres relojero, eres aprendiz. A mí me envían relojes de toda España y hasta de Suiza para reparar", asegura.
Una vida que tendrá que dejar el próximo mes de noviembre. "Después de mucho luchar, mi abogado consiguió que el dueño me dejara un año más en el local, pero llega el final".
Un local para Teo
Para tratar de evitar que Teo se jubile, un grupo de vecinos del barrio se han movilizado para encontrarle un local. "Todos lo queremos un montón. La relojería es su vida y si lo tiene que dejar no le va a ir bien en los próximos meses, por decirlo de alguna manera", asegura José Miguel, vecino y amigo de Teo, que explica que "estamos buscándole un bajo pequeñito para que pueda seguir con su actividad. También estamos tratando de ponernos en contacto con el dueño del bajo para que le deje permanecer en él un tiempo aunque sea por caridad".
El cierre de la "Relojería de Teo" supondría una nueva pérdida para un barrio que se queda sin negocios de proximidad. "Cambiar esta actividad comercial por un bajo turístico que no aporta nada es una gran pérdida. Nos estamos quedando sin los negocios que necesitamos y demandamos los vecinos", lamenta José Miguel.
"Siempre tiene cola para reparar relojes o para comprar joyería. Yo le traigo relojes de mucha gente que no consiguen que se los reparen en ningún sitio y Teo los arregla", afirma María Ángeles.
Un movimiento vecinal que ha llegado también a las redes sociales, donde han abierto una cuenta en Instagram para apoyar a Teo. "Nos quedamos huérfanos de Teo y del servicio que da", lamenta un vecino.
Sorprendido y agradecido con la respuesta de sus vecinos, Teo continua abriendo a diario, incluso, domingos y festivos, pero teme que no llegue a tiempo una solución. "No hay bajos en el barrio, todo está lleno de apartamentos turísticos , así que he puesto todo a la venta, las joyas, los relojes y la maquinaria", cuenta mientras mira con tristeza el almacén.