Querido Miguel Vilas: carta abierta al último gran hallazgo de 'Gran Hermano'

Querido Miguel Vilas: carta abierta al último gran hallazgo de 'Gran Hermano'
Ramón Azcárate
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Unas aclaraciones previas: hay que celebrar que minorías sociales, grupos históricamente oprimidos, inmigrantes o personas con cualquier tipo de discapacidad aparezcan en televisión. Y hay que celebrar aún más que, cuando lo hacen, resulten ser personas que no nos caen bien. La representación positiva de todas estas realidades sociales está muy bien porque ayudan a introducirlas en todos los salones del país (cadenas como la BBC o Sky One en Inglaterra tienen entre sus normas representar con papeles agradecidos y simpáticos en sus series a los flujos migratorios que llegan al país). Pero su reiteración puede llevar a cierta condescendencia que no es buena para ninguna de las partes. El mensaje triunfal no es que las personas que pertenecen a minorías son agradables y simpáticas, no: el mensaje triunfal es que todo el mundo acepte que tienen derecho a ser tan cabrones como cualquier hombre blanco heterosexual y español.

En ese sentido, realities como 'Gran Hermano' han tenido un papel valiente y poco agradecido a la hora de forjar a espectadores con una conciencia social adulta: podíamos detestar a Raquel, a Amor, a Han, a Nicky, a Ángela, a Toscano, a Chiqui, a Desiré, a Hans, a Andalla o a Carla. Y no tenía nada que ver con que fuesen transexuales, gays, lesbianas, paraplégicos, ciegas, acondroplásicas, chinos o negras. Todos estos elementos no jugaban ningún papel en ese sentimiento. Sencillamente, no nos gustaba cómo se portaban con los demás.

Así es como, de repente, empecé a celebrar cada aparición en 'Gran Hermano' de alguien que mezclaba cierta historia de marginación social con la absoluta ausencia de autocompasión, alguien que se niega a jugar el papel de simpático. Alguien que se negaba a tener que ser encantador porque eso arreglabla "lo otro". Es que desde el principio nunca hubo nada que arreglar.

Así es como llegamos a ti.

Hola, Miguel.

Tu presencia en la edición número 17 de 'Gran Hermano' me resultó desconcertante. Y mira que es difícil tras 16 ediciones en las que habíamos visto a gente entrar con una cabra que era su mejor amiga o descubrir con asombro que el nombre común de la citrus reticulata no es "mondarina" sino "mandarina". Lo tuyo iba más allá: un tipo que afirma ser top model internacional pero se rapa la cabeza para hacerse pasar por calvo y sobre su falsa calva se pega cada mañana (y despega cada noche) un peluquín para hacerse pasar por melenudo. Es una mezcla entre una trama propia de Rafael Azona y RuPaul Drag's Race. Por si no fuera poco, también es un tipo que afirma que le encanta romper parejas heterosexuales con sus encantos. Pero Miguel, ¿cuántas veces puede hacer eso uno estadísticamente en un pueblo de 10.000 habitantes como el tuyo, O Grove?

Volvamos a esto último, un giro de los acontecimientos que no descubríamos hasta avanzadas unas tres o cuatro semanas del concurso, cuando empezaba a fraguarse la pareja Adara-Pol. Querido Miguel, si no hubiese sido por ti esa pareja hubiese sido un coñazo. El esquema de chulo de barrio con músculos trabajados a golpe de flexiones y belleza exótica (es guapísima Adara, lo es) con unos niveles de celotipia que dejan a los de Zelda Fitgerald en anécdota ya estaba muy visto en el formato. Pero gracias a Dios, allí estabas tú.

Muchos te consideraron un ser despreciable. Yo no. Había algo oculto en esa narrativa con lo que muchos nos sentimos identificados: una venganza que todos llevábamos años queriendo que se materializase. Miguel, yo también he visto desde la distancia de los pupitres del instituto, la envidia y la sociedad a la gran pareja de la clase. Los dos guapos, atléticos, insultantemente populares. Yo también he visto como de vez en cuando se burlaban de mí. Incluso aunque fuese de forma inconsciente, tu supuesto plan para aniquilar aquella pareja era también una forma de levantar el puño y decir que ahora estabas aquí, en un entorno y en una sociedad que te permitía hacer eso. Además, la amistad que labraste con Pol era hasta cierto punto muy bonita: el top model internacional espigado y con peluquín y el rebelde de barrio con abdominales y erecciones matutinas durmiendo muy cerca el uno del otro. No era una fantasía homosexual (que también), era el triunfo de la normalidad. Una amistad no ausente de tacto y calor. Una amistad que no sería rara en dos mujeres, pero hizo levantar cejas entre hombres porque todavía somos así de catetos.

Tú afirmas que eres el ganador moral de ese 'Gran Hermano', pero era obvio que no ibas a ganar, Miguel. Repasa conmigo la lista de ganadores. Los ganadores son gente que no molesta, que se funde de forma camaleónica con los colores desgastados de la cotidianidad. Muchas voces te criticaron porque antes ya habías "intentado ser famoso". ¿Pero qué problema habrá en intentar ser famoso? Lo más paradójico de todo es que muchos de los que te criticaban por ello son famosos porque en su día también lo intentaron. La cosa es que al final, aunque fuese de forma fugaz, lo conseguiste. Aquí estamos hablando de ti.

Entonces sales del concurso y haces un montón de cosas en las que he perdido la pista porque la vida es muy dura, hay muchas cosas que ver en la tele y además hay que trabajar. Pero sé que te hiciste no sé qué cosas en la cara (fenomenal), que te pusiste una nueva peluca de sirena (vivan las pelucas) y que, siguiendo la gloriosa estela de Aída Nizar o Rafa Mora, has publicado tu propio perfume. Y que se llama Semen. Y que lleva algo de tu semen. Y que tiene un spot muy desagradable que no es propio de ti.

Querido Miguel, yo ese perfume no me lo voy a comprar. No me gusta este giro de los acontecimientos, este golpe de timón en esa narrativa de la que hablábamos en la que habías ido labrando una especie de venganza outsider que a muchos nos encantaba ver. Esto es un golpe de efecto que no era necesario, aunque observo que te ha servido para salir en algunos programas y tener cierta notoriedad en las redes sociales. Oye, todo bien si te ha venido bien. Lo que deseo, querido Miguel, es que cuenten contigo para 'Supervivientes' o para 'Gran Hermano VIP', porque creo que al igual que muchos concursantes de 'Gran Hermano' se desinflan a la semana, tú abandonaste esa casa cuando tenías todavía mucho que dar.

Y por favor, hazte Youtuber. Youtuber de belleza, de recetas, de pelucas, de construcción de figuras de Lego o de reviews de videojuegos. O simplemente quédate en silencio ante la cámara durante media hora, con ese rostro nuevo que te has puesto y esa peluca de sirena que tanto te gusta. Regálanos esa performance, Miguel.

Muchas gracias.