Cómo las piscinas de Telecinco han explicado nuestra propia vida

La de 'Melrose Place', testigo de la caída de Occidente
Las piscinas en Telecinco, como la propia cadena, pasaron por todo tipo de formas y significados, pero hay una que las representa a todas. En 'Melrose Place' (1992-1997) la acción se desarrollaba alrededor de una que presenciaba impertérrita como todo el mundo a su alrededor y en su interior se volvía gradualmente loco, como si alguien hubiese echado algún tipo de material radiactivo en su interior. La piscina de 'Melrose Place empezaba siendo un centro de reuniones (casi todos los episodios de la primera temporada terminaban con sus protagonistas pegándose un chapuzón tras haber arreglado sus tramas autoconclusivas) o el contenedor de romances inocentes entre vecinos (que, por el bien de la salubridad de los vecinos, siempre esperé que alcanzasen su climax ya fuera del agua).

Pero ay lo que pasó luego. A medida que avanzaban los años, esa misma piscina se cubrió para la boda de Billy y Alison, que se canceló repentinamente cuando Alison recordó que su padre había abusado de ella en la infancia mientras se atusaba el velo, y en ella Jane intentó ahogar a Sidney cuando esta le robó el traje de novia para casarse con su exmarido Michael, y en ella también se ahogó la pobre Brooke tras caerse borracha como una cuba y abrirse la cabeza, y ahí mismo también apareció su espíritu para poseer a Billy y volverlo malo como la quina. Cuando Kimberly decidió volar el edificio porque un espíritu llamado Henry la obligó a hacerlo, la piscina fue quien la salvó de morir quemada (gracias, piscina). La piscina de 'Melrose Place' fue como nuestras propias vidas: de inocente a indecente, de una fiesta de merendola a una brecha con sangre a causa de una cogorza, de la llama de un mechero a una explosión. Cuando Melrose Place' terminó y su piscina desapareció ya éramos adolescentes. La vida había dejado de ser fácil.
La piscina que se planteó la lucha de sexos

Probablemente la piscina primigenia de Telecinco fue la de 'Bellezas al agua', un programa que se grababa en Italia y que con la excusa de una competición de concursantes de diferentes países aprovechaba para recrearse en la anatomía femenina de sus azafatas y presentadoras, cubiertas con esos bikinis gigantes de culo alto y que hoy serían pasto de mil denuncias en la columna del defensor del espectador. Eran otros tiempos. En 'Uno para todas' seguía habiendo explotación de cuerpos femeninos (la época mandaba), pero los que andábamos más pendientes de la anatomía del caballero descubrimos a uno de los primeros toy boys de la televisión en España: Héctor, un culturista con el que los concursantes tenían que medirse imitando sus poses. Era feo Héctor, todo hay que decirlo, feo como un demonio, pero eso creaba un acto de justicia involuntario y precioso: hasta el concursante más flacucho, ojeroso y menudo acababa resultando mucho más atractivo que él. La piscina, por cierto, estaba allí para que los concursantes eliminados fuesen arrojados a ella por un cuerpo de azafatas llamadas 'las chicas Glu Glú', que podríamos decir que fueron el primer batallón de azafatas que empezaron a cansarse de ser unos cuerpos bonitos manejados por hombres y, aunque fuese de forma tímida, se convirtieron en punta de lanza de una batalla que empezaba a fraguarse: las chicas seguían en bikini, sí, pero empezaron a arrojar a la piscina de un empujón a los hombres que las habían puesto allí.

'Gran Hermano' o la piscina de nuestras propias vidas
Cinco años después de 'Uno para todas' llegó, probablemente, la piscina más famosa de la historia de Telecinco: la de 'Gran Hermano'. Las primeras ediciones del programa (las tres primeras, juraría) se emitieron en primavera, de modo que la piscina en el jardín era no solo coherente, sino obligatoria para el espectáculo. Como ocurrió en 'Melrose Place', los chapuzones inocentes de la primera edición dieron lugar en las posteriores a apasionadas escenas que creaban parejas en el concurso y las rompían fuera, ya fuese en la piscina interior o en sus sucedáneos posteriores (por favor, que nadie olvide a Arturo presumiendo de sus encantos en el jacuzzi en la edición número 11).

La desolación que la desaparición de la piscina en 'Gran Hermano' causó en los que apreciamos un buen estanque en un plató se solucionó durante el verano de 2007 gracias a 'Nadie es perfecto', un proto 'Mujeres y hombres y viceversa' con una idea tan sencilla que nos podíamos creer que a nadie se le hubiese ocurrido antes: poner a competir a guapos contra listos. Hombres musculados y bellas sirenas de gimnasio tenían que cultivar su intelecto mientras nerds y ratas y biblioteca tenían que superar pruebas físicas, muchas de ellas, claro, en una piscina. Para la posteridad quedaron los gazapos de los guapos, que no sabían quién era María Teresa Fernández de la Vega, Pilar Miró, Felipe González, Evo Morales ni Alejandro Amenábar. ¿Para qué necesita uno saber eso cuando la genética le ha dotado de una simetría que podría resucitar a Stendhal? Los menos agraciados tropezaban y se caían de vez en cuando sí, pero eso no nos hacía tanta gracia: llevábamos viendo a gente darse piñazos en la tele desde 'Humor Amarillo'. El nuevo humor en televisión, nuestra forma de reconciliarnos con nuestros propios cuerpos, era ver a gente guapa manifestar que no se enteraba de nada. Por primera vez en la historia, nos reímos más de los guapos sin cultura general que de los feos sin sentido de la psicomotricidad. Había llegado el siglo XXI.

La última gran piscina que Telecinco trajo a nuestras vidas, y además en el primer programa centrado exclusivamente alrededor de ella, fue 'Mira quién salta'. Hay mucha tela que cortar ahí: el programa fue la primera aparición estelar de Olvido Hormigos tras la indignante polémica de su vídeo privado y el momento en que pasó de heroína de la intelectualidad y los defensores de la libertad (¿alguien recuerda ese tuit de Esperanza Aguirre con el hashtag #OlvidoNoDimitas?) a azote de esos mismos, que vieron como su Juana de Arco intentaba rentabilizar un hecho que ya había cambiado su vida para siempre. Allí también estaba Raquel Mosquera con unos bañadores de estampados hipnóticos y la actriz Natalia Millán, que dejó a todo el mundo descolocado al formar parte de un reparto formado por colaboradores de 'Sálvame', concursantes de realities y personajes de las portadas del corazón. Pero muy bien por ella.

Eso sí, si algo quedó para la posteridad de este programa fue ese grito de guerra de Lydia Lozano, "¡Por Charlie!", antes de tirarse de un trampolín situado aproximadamente unos diez centímetros por encima del agua con el gesto mortificado del que se tira a un acantilado. "¡Por Charlie!", gritamos todos desde entonces cada vez que nos tiramos a una piscina, que nos vamos a beber un chupito, que cambiamos de funda el nórdico o que saltamos una hoguera de San Juan. ¿Sabían que un señor llamado Charlie (y apellidado Blumenfeld) fue el inventor de uno de los primeros aparatos de autolimpieza para las piscinas? Sueño con el momento en que Lydia Lozano cuente en 'Sábado Deluxe' que ESE era el Charlie al que dedicó su salto, no a su marido, y que España lleva cuatro años homenajeando al Charlie que no era. Qué precioso homenaje sería ese, qué giro de guión.

