Los programas de TV y películas que nos hablaron de 'GH' hace décadas sin saberlo
La ventana indiscreta de James Stewart
Es posible que la primera vez que el mundo se enfrentó a un 'Gran Hermano' fuese en 1954, cuando en 'La ventana indiscreta' el personaje de James Stewart se rompió una pierna durante un verano de calor tan sofocante como este que estamos viviendo. Antes de Internet, de la televisión 24 horas y de las redes sociales, tuvo que entretenerse mirando por la ventana de su patio trasero.
Es curioso lo del calor como excusa: se trata del motivo por el que los vecinos dejaban continuamente sus ventanas abiertas. Y es curioso también lo de su parálisis temporal: es el motivo por el que un señor tan respetable se dedicó a eso tan bajo de observar a los demás. 'La ventana indiscreta' cimentó hace más de 60 años dos lugares comunes (y erróneos) sobre los que se iba a levantar este fenómeno:
A) que los que participan en él como exhibicionistas no podían hacer otra cosa mejor con sus vidas
B) que los que participan como observadores siempre no podrían estar haciendo algo peor con las suyas.
Y, estéticamente, la más poderosa de todas: aquel patio artificial, construido en estudio, en el que las ventanas ofrecían una vista privilegiada de la intimidad ajena, fue la primera sala de realización que conocimos de 'Gran Hermano'.
De ‘Psicosis’ al ‘El show de Truman’
Es curioso que un formato como 'Gran Hermano' no llegase a nuestras vidas hasta el año 2000 cuando el cine llevaba explotándolo y hablándonos de él durante tantas décadas. El propio Hitchcock regresó a él de forma tímida pero mucho más malévola en 1961, cuando en 'Psicosis' Norman Bates apartó un cuadro de la recepción del motel que regentaba y observó cómo una huésped se desnudaba para meterse en la ducha. Ya no había aquí ni excusa, ni intereses honorables (en 'La ventana indiscreta' Stewart se proponía resolver un crimen, en 'Psicosis' Anthony Perkins estaba a punto de cometerlo). Simplemente existía la necesidad de alimentar una necesidad malsana de conocer la intimidad ajena.
También es curioso que el cine esperase pacientemente durante décadas hasta que la televisión legitimase este formato para dejar de tratarlo como algo criminal. Para que llegasen películas más luminosas y amables en las que alguien era observado, como 'El show de Truman' (Peter Weir, 1998) o 'Ed TV' (Ron Howard, 1999) la tele tuvo que entrar al paso y crear, en Estados Unidos, shows como 'The real world' (MTV) en el que la convivencia real de un grupo de jóvenes en una casa era resumida y emitida semanalmente.
‘The real world’, la convivencia resumida y emitida semanalmente
A su vez, 'The real world' bebió de dos fuentes importantísimas para entender la cultura audiovisual de hoy en día: una eran las series como 'Sensación de vivir' y 'Melrose Place', que Telecinco trajo a nuestras vidas en 1990 y 1992 respectivamente, y la otra era un programa absolutamente loco y rompedor que un señor llamado Craig Gilbert tuvo en 1973 y se llamaba 'An american family'.
Los Kardashian de los setenta: 'An american family'
"¿Por qué no grabamos la vida diaria de una familia de clase media alta?", se preguntó Gilbert un día. La familia escogida fueron los Loud (no me digáis que no es maravillosa la vida: "loud" podría traducirse como "llamativo", "estridente"), residentes en Santa Barbara. Y los artículos de prensa (y el mismo público) de la época pusieron el foco en algo que hoy ya ni nos planteamos: la suspensión de incredulidad. "¿Pero cómo es posible que esta familia actúe "normal" si está rodeada de cámaras?", se preguntaron los espectadores, escamados ante una nueva forma de narrativa en la que la ficción ya no era ficción y la realidad no era realidad del todo, sino una verdad pasada por el bendito filtro de la edición y el entretenimiento.
A día de hoy apenas nos lo preguntamos porque todos entendemos que la realidad y la ficción ya no son términos absolutos y la telerrealidad es un nuevo género nacido de una brecha generacional tangible y auténtica. Es ese nuevo aprendizaje el que nos hace poner los ojos en blanco cuando un concursante de 'Gran Hermano' dice eso de: "Es que no se han visto los vídeos completos". Pues claro que no, amigo, ¡no tenemos todo el día!
Al igual que en 'Gran Hermano', cuando empezaron a grabar con los Loud lo que consideraron que iba a ser el registro de la vida cotidiana de una familia, la magia de la telerrealidad se impuso y la familia se desmoronó. Lance, el hijo mayor, salió del armario y anunció que era gay. Will, el padre de familia, anunció a su esposa Pat que se quería divorciar. ¿Estaban todos estos dramas acechando y esperaron a la llegada de las cámaras para salir a la luz? ¿Hubiesen sucedido de no haber entrado nunca un foco en su salón? Aquí llega uno de los nuevos agentes de cambio del reality show: el misterio. Nunca lo sabremos. La vida real y la ficción siempre suelen ofrecer respuestas. El mejunje alquímico y delicioso que surge cuando juntamos las dos casi nunca las ofrece.
Network, el antecedente de la telerrealidad surrealista
Justo dos años después, en 1976, una película llamada 'Network' planteaba cómo el desequilibrio mental de un presentador actuaba de impulso para que los espectadores volviesen en masa a ver su programa. No, no hablamos de 'Sálvame', no. Ningún presentador de 'Sálvame' está desequilibrado, pero es imposible no considerar cómo el formato ha jugado más que ningún otro magazine con los ingredientes del reality para hacer que sus propios colaboradores retroalimenten sus tramas y, en ocasiones, sus entradas y salidas del plató nos dejen a todos con las ganas de volver al día siguiente. Esperamos que nadie en 'Sálvame' acabe como en 'Network', eso sí. Buscadla en el videoclub para entender por qué.
Sharon Stone y sus cámaras
1993. Si no hablo de 'Sliver (Acosada)' en un artículo sobre los antecedentes de 'Gran Hermano' es para que me despidan hoy mismo. Para los más jóvenes: es la película que Sharon Stone protagonizó después de que 'Instinto Básico' la convirtiese en la mayor estrella del mundo. Debajo de su sombra alargada y de los obligados aires de thriller erótico que se imponían en la época quedó enterrado un material que era oro puro para contar la historia audiovisual de los noventa. La trama: un geek de la informática que por cosas de la vida había heredado un edificio entero en el centro de Manhattan colocaba cámaras en todos los apartamentos y, en una sala oscura que era igualita que cualquier control de realización de cualquier reality show del mundo que se esté haciendo 25 años después, observaba la existencia de todos sus ocupantes.
Existía en la novela de Ira Levin que inspiró la película (y se explotó en el guión) un elemento interesante que se instalaría después en 'Gran Hermano': la suerte del que entra más tarde en la casa. La protagonista de la novela no dejaba de sorprenderse ante la sensibilidad y la sagacidad del chico que intentaba cortejarla. Este conocía sus gustos y sus fobias y se adelantaba de forma galante a sus reacciones. Claro que conocía todo eso: llevaba meses observándola.
Cuando un concursante llega más tarde a la casa de 'Gran Hermano' todos los demás lo miran un poco de aquella manera: sabe mucho más de ellos que ellos de él. No deja de chocar, por ejemplo, que casi nunca un concursante de sustitución haya ganado el programa (si la memoria no me falla, ¿ha ocurrido una vez? ¿Dos?).
Este 'Gran Hermano' que lleva el apellido de Revolution promete ser diferente a todos los anteriores. Nos encantaría que sus responsables mirasen al pasado para beber de todos los productos audiovisuales que le han precedido. Para que un día podamos volver a mirar a 2017 y alguien os suelte el mismo rollo que os acabo de soltar yo. Seguramente para entonces, con un texto más corto. ¿Quedará alguien que lea con todas las pantallas a las que tendremos que mirar?
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