Anita Williams no recibiría bien a un sustituto de Antonio Canales
El desafortunado comentario de Anita Williams tras conocer la salida de Antonio Canales retrata su irrelevancia creciente en el concurso. Una sensación acrecentada al ver la hipocresía con la que recibió el grupo la salvación de Carlos Lozano.
El ‘súper’ reunió a todos los habitantes de la casa menos Antonio Canales para darles la noticia de que este había abandonado por razones de fuerza mayor. Al rato, a Anita Williams se le ocurría decir lo siguiente: “Mira, como nos quitéis a Canales y entre alguien hoy, le vamos a hacer bullying”. Me hubiera gustado no utilizar esa expresión, pero es lo que dijo Anita. Prefiero pensar que estaba de broma, porque de otro modo es para echarse a llorar. Ni aunque tuviera intención de hacer realidad su amenaza lo llegaría a conseguir porque la organización lo impediría. Pero convengamos que incluso como broma es de muy mal gusto.
Anita habla por la herida, una vez se ha dado cuenta de que es un cero a la izquierda en el concurso. Por mucho que ella y Andrea Sabatini escenifiquen un acercamiento, seguirá siendo intrascendente. Como dice Serrat en su canción ‘Bienaventurados’: “Bienvenidos a los que están en el fondo del pozo porque de ahí en adelante solo cabe ir mejorando”. En este caso veo posible que se termine de hundir todavía más una vez que Carlos Lozano dejó de estar nominado anoche en el especial salvación. Por mucho que lo recibieran entre aplausos e hicieran ver todos que se alegraban de su suerte, está claro que no les debió de sentar bien, aunque se lo pudieran esperar. Apuesto a que quien promovió los aplausos fue Manuel González, que es un burletero, como dicen en Canarias.
Otro motivo de frustración para Anita fue su metedura de pata cuando contaba lo sucedido en la prueba de la montaña entre John Guts y Belén Rodríguez. La corrigieron porque lo estaba contando al revés, pero no dio crédito a lo que lo que le decían hasta que tuvo a bien aclarárselo Carmen Borrego, a la cual está haciendo la pelota de una manera que sería sonrojante para cualquiera. La pequeña de las Campos fue la segunda salvada de la noche. Hubiera sido una historia demasiado bonita que además de Carlos Lozano dejase Cristina Piaget el banquillo de los nominados. No me quiero aventurar, pero imagino que a Belén no le ha debido de sentar bien ver salvarse a su amiga y no a ella. De acuerdo que el objetivo de las dos es soltar lastre y pasar a ser un dúo al haber sido expulsado el mexicano. Pero a Belén le debe resultar difícil de entender que caiga peor que Carmen. Lo mismo que a una buena parte de los espectadores, creo yo.
Lamentaremos la salida de Antonio Canales
Si la audiencia expulsa a John lo sentirán menos sus compañeros que la salida de Antonio Canales. El perfil como concursante del bailarín me recordó mucho al de Ángel Garó. El mismo divismo y parecida impulsividad. Ambos padecen del síndrome de incontinencia verbal, lo cual lejos de ser un problema me parece toda una suerte. Como espectador, es una delicia escuchar a concursantes como Canales. La casa estará un poco más callada desde ahora. Y más triste. Ya sé que se ha equivocado en ocasiones. Su macarrónica actitud haciendo frente a Cristina con improperios imposibles merece toda condena. El resto del tiempo hacía más fácil de ver el directo con una conversación casi siempre amena. En todo caso, lamento su salida principalmente por él.
Les regalaron la prueba semanal, a pesar de lo cual le deben agradece a Canales haber acertado 11 preguntas de geografía básica. Durante la gala tenían que acertar otras 3 para llegar a las 14 exigidas. Ahí estuvieron generosos porque Raquel Salazar y Juanpi no fueron capaces de situar bien Japón y Canadá. Solo localizaron bien Sudáfrica, tras haber confundido China por Japón y Estados Unidos por Canadá, aunque en una segunda oportunidad señalaron bien la patria que ahora anda Trump destrozando. El último cartucho que les dejaron usar era localizar Australia y eso sí que lo tuvieron claro a la primera. El programa debía saber que la audiencia daríamos por buena tanta segunda oportunidad deseosos como estamos muchos de verlos haciendo la compra y comiendo todos juntos con normalidad.
La teoría de las ventanas rotas
Lo que ha sucedido en las dos primeras semanas de convivencia no deja de tener relación con que hayan empezado viviendo en el desorden impuesto por tener un cráter en medio del salón, comer latas, dormir en catres y no poder transitar libremente por toda la casa. Está estudiado en la teoría de las ventanas rotas, un experimento que la criminología y la sociología utilizan para explicar cómo el deterioro visible de un entorno puede favorecer conductas incívicas o delictivas. El sencillo y revelador experimento consistió en dejar dos coches idénticos abandonados, uno en un barrio acomodado y otro en una zona más deteriorada. Al principio, ninguno sufrió daños, pero cuando los investigadores rompieron una ventana del coche, todo cambió. En poco tiempo, ambos vehículos empezaron a ser vandalizados, sin importar el barrio en el que estuvieran. La conclusión fue clara y fácil de entender: cuando se da la impresión de que algo está descuidado y “no pasa nada”, se abre la puerta a que otros hagan lo mismo, y el desorden se contagia con sorprendente rapidez.
Recomiendo recabar una información más detallada del experimento al que hago referencia porque es francamente interesante. En nuestro caso, les ha podido condicionar que hayan vivido en condiciones de cierta degradación del entorno, un lugar conocido porque se trata de la misma casa que habitaron los concursantes en la edición anterior. Según dice la teoría de la ventanas rotas, el desorden se contagia con sorprendente rapidez. Sinceramente creo que algunas actitudes se hubieran dado igualmente, pero tal vez hubiera tardado más en degradarse la convivencia. Que todo haya sucedido tan rápido es una bendición para el reality, pero ha estigmatizado en alguna medida a sus concursantes.
Aparte de quedar señalados como folloneros y que algunos puedan llegar a pensar que la polémica ha sido abonada artificialmente a sabiendas de que eso gusta al espectador, tienen ahora en sus manos una decisión complicada. Veremos si siguen en la misma línea o se afanan en mejorar las relaciones personales. Es una arma de doble filo porque hagan lo que hagan serán criticados por ello. Si siguen igual les censurarán porque “ya cansa tanta discusión” (no lo pienso yo, intento interpretar las opiniones que habría) y si mejora el ambiente porque “era más divertido antes”, cuando la casa no se había convertido todavía en una réplica de ‘La aldea del arce’. Personalmente, no tengo esta preocupación porque me consta que, por mucho que intenten lo contrario, se seguirán comportando con naturalidad, cada uno según su forma de ser.
La expulsión será entre Belén Rodríguez, John Guts y Cristina Piaget
No es ningún disparate colegir que no será expulsada Cristina Piaget. El que fuera elegida con los votos de la audiencia para hacer la curva de su vida me hace pensar que no puede ser al mismo tiempo la más votada para salir de la casa. Me baso en una lógica que no siguió la salvación de Carmen, una concursante que lleva días anunciando su abandono. La última ocurrencia es amenazar con dejar la casa de la mano de Belén si no es John el expulsado. Me parece cuando menos feo utilizar el chantaje en lugar de dejar que los seguidores del programa voten como les de la real gana. Visto que Carmen era anoche la segunda menos votada (aunque con casi el doble de votos que Carlos), me creo que pueda pasar cualquier cosa.
Entre Belén y John veo claro que saldría este último. Sin merecer quedarse en la casa, Belén ha tenido cierta entidad en las primeras dos semanas. Sin embargo, John está viviendo una realidad paralela donde es un gran concursante y tiene en su mano el destino de los demás. Se cree un fenómeno de los realities y anda más perdido que Wally en una manifestación. Sus monólogos suenan a discurso de charlatán de feria y no puedo evitar desconectar segundos después de empezar a escuchar sus pinches bravuconadas, wey. Raquel por lo menos es mordaz y dice las cosas (a la cara o no), pero John se achanta cuando tiene delante a sus enemigos y no me resulta fácil seguirle. Ahí coincido con Belén.
Moleskine del gato
Los porcentajes ciegos estaban así al comienzo de la gala especial: 32,7 %, 25,1 %, 19,1 %, 14,9 % y 8,2 %. Una vez salvado Carlos Lozano no varió mucho la cosa y quedó así: 33,9 %, 28,2 %, 21,5 % y 16,4 %.
Al hilo de los porcentajes, quisiera pedir al programa que no solo dieran los porcentajes ciegos, sino también los reales. Por lo menos el porcentaje del expulsado, cosa que últimamente no llegamos a conocer nunca. Ahora que estamos disfrutando de unas galas muy canónicas (donuts de cafetería, de los mejores) estaría bien recuperar esa buena costumbre.
No soy muy amigo de ‘La curva de la vida’, pero reconozco que anoche me gustó ver en esa tesitura a Cristina Piaget. Tuvo el gusto de no convertir ese relato autobiográfico en un drama lacrimógeno, algo que tienta a casi todos. Fue emotivo (cuando contó sus problemas por un trastorno alimenticio) y gracioso (contando algunas anécdotas de su profesión de modelo). Nada que ver con la Cristina alocada y caótica que hemos estado viendo.
Mario Jefferson lloraba tras conocer la noticia de Antonio Canales, pero no tuvo problema en apresurarse en hacerse con su coma poco después. O sea, el más puro estilo de los Thénardier, pareja de posaderos villanos que en la novela ‘Los miserables’, de Víctor Hugo, se dedican a saquear los cadáveres quitando joyas, relojes y hasta dientes de oro a los caídos en la batalla.
Me lleva los demonios tener que ver a Miguel Frigenti explicando por qué prefiere la salida de un concursante en lugar de otro, o si es amigo de Belén Ro. Como si cada cual no fuera libre de decir lo que le rota. Yo tampoco soy amigo de Belén (no la conozco personalmente y ni siquiera he intercambiado mensajes en privado con ella) y me ha mencionado pidiendo el voto para John. Está en su derecho de hacerlo y yo de estar o no de acuerdo. No hay más.
