Auge y caída del faraón Antonio Canales
El declive de Antonio Canales no es metáfora, sino nostalgia mal digerida. Entre sanciones que no sancionan y gloria pasada, vuelve Sunset Boulevard… pero sin final épico.
Antonio Canales habría podido ser Norma Desmond en versión flamenca, pero se quedó en Ángel Garó con menos gracia. Como la protagonista de El crepúsculo de los dioses (originalmente, Sunset Boulevard), Canales no ha terminado de asumir que sus días de gloria pasaron. Anoche vivimos la caída definitiva del faraón, como él mismo se hizo llamar. No sé si seré yo, pero siendo el único bailarín profesional del grupo, le he visto bailar peor que los demás. Cristina Piaget ha estudiado baile, pero nunca se dedicó a ello, y saberlo también tranquiliza. La audiencia a veces es un pedazo de pan, solo por eso se explica que aprobasen la prueba de baile con un porcentaje de votos elevado. Quien haya pensado que con presupuesto completo cesarán las discusiones es más inocente que creer a un influencer cuando recomienda algo “porque me encanta”.
La sanción disciplinaria de este domingo consistió en anular lo votado de las últimas nominaciones, quedando todos nominados. Decisión lampedusiana donde las haya. El cambio era para que siguiera todo igual, o casi. La única novedad era que se votaba en positivo. Por lo demás, ya estaban todos nominados, excepto Gloria González. De manera que esta sanción se superponía a la nominación disciplinaria de Cristina y Antonio. Tan poco han cambiado las cosas que al final salió Antonio, el menos votado en positivo. Algunos pensaron que todo esto era para que Anita Williams salvara el pescuezo, ya que en todas las encuestas salía como más que posible expulsada. Pues bien, nominaron otra vez y Anita vuelve a estar nominada. Nada nuevo bajo el sol.
Canales y Anita tienen en común que actúan de manera más sibilina que los demás. Mientras que Sandra Barrios se desgañita gritando de tal forma que estresa los vúmetros, Gloria pierde la cabeza y con los brazos en jarras parece querer parar un tanque, como el joven aquel de Tiananmén, Anita por lo bajinis sugiere a Juanpi Vega que se meta en la cama de Cristina para incordiar. Igual que Raquel Salazar azuzaba a los demás para que provocasen a Cristina y quedar ella de santurrona. También Canales hace algo así, como demostró anoche. “Yo no estoy en ninguna de las imágenes que habéis puesto”, decía. Claro, estaría comiendo. O llenando de mocos dos toallas. Dos, mejor que una. Anita es la mano que mece la cuna, y Canales el que baila alrededor.
Cuando supo que era el expulsado, Canales saltaba de alegría, como si le hubieran comunicado que ha ganado el gordo de la lotería. Un rato antes recibía un bofetón de realidad cuando hacía que gimoteaba, naturalmente sin lágrimas, y escuchaba soltar la carcajada al público en plató. “¿De qué se ríen?”, preguntaba. Y nadie tuvo el valor de decirle que se estaban riendo de él. Si Canales era tan importante para Manuel como dice le tendría que haber aclarado esto, antes de que se lleve la sorpresa al salir. Canales está fuera porque ha escurrido el bulto cada vez que había un conflicto, intentando borrarse de la foto después, cuando ha sido tan provocador como el que más.
Podría parecer que Canales se ha escondido por cobardía, pero creo que lo hizo porque actuando de esa forma creyó que reducía riesgos y maximizaba beneficios personales en el juego. Lo que vendría a ser puro oportunismo, una estrategia cuidadosamente calculada. Canales no ha visto problema moral alguno en perjudicar a otros si eso le favorecía. Para él ha sido un juego, puro divertimento. No se trata solo de una falta de ética o valores, sino que le ha faltado humanidad, no apreciando el daño psicológico que la situación creada podía hacer a un compañero o compañera. Y no me refiero solo a Cristina, porque también han llegado a su límite Sandra o Gloria.
Anita y Canales no dan la cara
Anita, como Canales, no da la cara porque no quiere pagar el precio de hacerlo. A ella le basta con decir de vez en cuando “la mare està treballant (la mamá está trabajando)”, una gran mentira porque la mayor parte del tiempo está durmiendo. Si sumamos el tiempo que Anita pasa en la cama y el de Canales comiendo nos sale para una tercera señal del directo. Ahora esa señal se ha quedado huérfana de contenido porque Canales ya no está. Es uno de los mayores ejemplos de cinismo que he visto en vida el de Canales quejándose de que se robe y esconda comida, cuando él ha sido el primero en hacerlo. ¿No se les cae la cara de vergüenza por montar una bronca monumental a Cristina porque se ha tomado un refresco de cola y no decirle una palabra a Canales?
Cristina y Canales se toman un lata de refresco cada uno, ¿por qué solo les importa lo que haya hecho uno de los dos? Peor que recuperar algo de un armario es esconderlo ahí perteneciendo a todos. Anita asegura que decidieron dar un uso determinado a las latas de refresco, pero en esa decisión no participaron todos. Cristina y Carlos Lozano quedan fuera de las decisiones que afectan al colectivo, pero luego dicen que no quieren saber nada de ellos. ¿Pero qué van a querer saber? Si en cuanto pueden les meten en un lío, especialmente a Cristina. Quienes llevan más de un mes robando y escondiendo comida se permiten llamarla “ladrona” o “ratera”. Y lo hacen con un solo objetivo: provocarla para que termine saltando y al final le meta un viaje a alguno. Como dice una frase popular: “Golpean al lobo hasta que muere, y luego dicen que es malo”.
A nadie se le escapa que Cristina es de mecha corta. Y ponerle poca mecha a un polvorín incrementa exponencialmente el riesgo de explosión. Pero cualquier persona estallaría si es sometida a un machaque continuo por parte de auténticos expertos en la provocación. Cuando Juanpi se queja de manera exagerada de que Cristina le ha hecho un arañazo en un brazo omite que él había llegado al contacto físico, agarrando a esa compañera por ambos brazos. Lo que hizo Cristina fue zafarse de Juanpi, y en el forcejeo se produjo ese arañazo, si es que es lo hubo. Insoportable la presión a la fue sometida Cristina en medio de un ensayo del baile de la prueba. Con Gloria y Sandra diciendo que está en tratamiento y llegando a dar el nombre de los medicamentos que supuestamente toma.
Nadie tiene derecho a hablar de la medicación o los problemas de salud que pueda tener otro. Ni siquiera los médicos, comprometidos con su juramento hipocrático, legalmente más importante que el secreto de confesión. Asegura Sandra que ha sido moza de farmacia muchos años y por eso sabe identificar lo que toma su compañera. Llegó a decir nombres, como digo. Eso es un delito. Incluso siendo mentira lo que dicen. Pero más grave es considerar algo malo tener que tomar medicación para la ansiedad. No se toma por gusto, sino por necesidad. Y, por supuesto, nadie debe avergonzarse jamás de ello. Lo que da vergüenza, y mucha, es la actitud de Gloria y Sandra.
El funambulista Carlos Lozano
Carlos Lozano es otro superviviente, un funambulista capaz de hacer equilibrios para ser visto como “el gran pacificador”. De esta forma se autodescribía en la gala de anoche, al menos. No lo hace por evitar ser nominado porque sabe que le van a dar puntos hasta el final todos, menos Cristina. Su objetivo no está dentro de esa casa porque somos nosotros, los espectadores. Carlos se esfuerza en dar la mejor cara posible, por eso en galas toma distancia con Cristina, aunque un par de noches antes estuvieran charlando como dos enamorados, tumbados en la misma cama. Da igual que lo último haya sido esto o una de las recurrentes discusiones con la que fue su compañera de dúo. El caso es que llegado el momento de las galas Carlos se transforma.
Imposible saber si el Carlos Lozano de verdad es el que medio tontea con Cristina mientras le dice que “los chavales son buena gente” (por el resto de la casa) o el que en la gala reniega de su compañera poniéndola al mismo nivel que los demás porque todos le dan igual y se los quiere cargar uno a uno. Carlos reprochaba a Cristina al terminar la gala del pasado jueves que se hubiera abrazado a Raquel antes de ser esta expulsada. Sin embargo, este fin de semana él se ha dado un abrazo con Manuel, su principal enemigo, tras disculparse este si le ha molestado algo suyo. El típico perdón que revela nulo convencimiento. También le he visto de abrazos con Anita o Sandra. Sus abrazos son distintos, por lo visto.
De manera que Cristina se enfada demasiado con Carlos, sin valorar que la está parando a veces de manera proverbial para evitar que cometa un grave e irreparable error. Y Carlos deja de proteger a Cristina en cuanto considera que debe dar imagen de ser la mejor persona de la historia de la humanidad. Tiene tan claro que esta vez no quiere dejar escapar el premio que nada le detiene para intentar conseguirlo. No imagina que muchos espectadores estamos deseando que se lleven bien y verlos en los que son sus mejores momentos juntos. Pero para Carlos ella también es rival. Aunque probablemente no sospeche que es una rival muy fuerte.
Observatorio de nominaciones
Tras ser expulsado Antonio Canales tuvieron lugar unas nuevas nominaciones a la cara, que dejaban sin efecto las anteriores. Así trascurrieron:
Cristina > Gloria (1), Anita (2) y Sandra (3)
Gloria > Juanpi (1), Cristina (2) y Carlos (3)
Sandra > Gloria (1), Carlos (2) y Cristina (3)
Juanpi > Gloria (1), Carlos (2) y Cristina (3)
Anita > Juanpi (1), Carlos (2) y Cristina (3)
Manuel > Sandra (1), Cristina (2) y Carlos (3)
Carlos > Gloria (1), Anita (2) y Sandra (3)
Nominados: Cristina (13), Carlos (12), Sandra (7), Anita (4) y Gloria (4). Juanpi se quedó a poco con 2 votos, mientras que Manuel fue el único con su marcador a cero. Se repitió la nominación mutua de Gloria y Juanpi, que aunque la explicaran como un mero descarte revela que algo no está del todo bien entre ellos, especialmente tras haber visto lo que dice uno del otro en el ‘confe’. Y viceversa. Curiosamente, Gloria y Juanpi fueron los más nombrados por los suyos, pero este último se salvaba porque no fue nominado por Cristina y tampoco por Carlos. Este repitió las nominaciones de ella (fueron último y primera en hacerlo) aunque dijo no estar muy de acuerdo, pero era la única forma de subir a alguien con ellos. Al final, lograron subir a tres.
Moleskine del gato
Los porcentajes ciegos de la votación tras la nominación disciplinaria a toda la casa estaban así poco antes de cerrarse la votación exprés: 23 %, 20 %, 15 %, 13 %, 10 %, 9 %, 6 % y 4 %. De lo que se deduce que Antonio Canales tuvo en torno a un 4 por ciento de los votos en positivo. Casi 20 puntos menos que el más votado.
Si los votos reales de jueves a domingo coincidían con los de las encuestas, Anita tenía todas las papeletas para ser la próxima expulsada. Como señalé antes, aunque aquellos votos hayan quedado en saco roto, vuelve a estar nominada, de nuevo en negativo. No sé lo que sucederá, pero creo que se deben estar ya dando cuenta de por dónde están yendo las últimas expulsiones: Andrea Sabatini, Raquel Salazar y ahora Antonio Canales.
