Sociedad

Patricia Pardo apoya a los dueños de un toro como mascota: “Este caso demuestra que no tienen que acabar torturados”

David, Edgar y su toro Rayo. telecinco.es
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En un prado de Asturias vive Rayo, un toro de lidia que se comporta como un animal doméstico. A su lado están siempre David y Edgar, el primero lo ha criado desde que nació en Madrid, cuando perdió a su madre durante el parto. "Decidí sacarle a biberón y ahí empezó nuestro vínculo, hace nueve años ya"”, relata en 'Vamos A Ver'.

Patricia Pardo, la presentadora del programa, apoya a los dueños y carga contra la población taurina que defiende que el Toro de Lidia solo sobrevive por la tradición: "Para aquellos que dicen que la única posibilidad de los animales, de los toros bravos, es que acaben torturados y ejecutados en una plaza, pues mira, al final Rayo viene a demostrar que no es así".

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La cuenta atrás: “En un mes y medio tendremos que ir a juicio y luchar para que no nos lo quiten”

Años después, ambos se trasladaron al norte en busca de mejores condiciones. “Me mudé a Asturias hace unos siete años porque allí los prados son mejores”, explica. Sin embargo, lo que parecía una vida tranquila pronto se vio alterado por conflictos vecinales que han derivado en una posible retirada del animal.

El detonante fue una discusión con una persona que empezó a meter bulos sobre el animal”, asegura. Desde entonces, algunos vecinos se han contagiado de la idea de que Rayo pueda resultar peligroso. David lo niega rotundamente: “Está invitado todo el mundo a venir a conocerlo y ver la realidad”. Insiste en que el toro nunca ha causado incidentes y que vive en condiciones controladas: “Está en una finca cerrada, con valla electrificada, y el animal por sus medios no sale de aquí”.

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A pesar de ello, la situación ha escalado hasta instancias oficiales. Edgar, que acompaña a David en la defensa del animal, explica que el problema ha llegado desde la administración: “Nos llegan cartas del Principado de Asturias diciendo que el toro se ha soltado, que ha embestido a gente y causado daños, pero no hay denuncias ni pruebas”.

La vía administrativa ya se ha agotado y ahora todo depende de los tribunales. “En un plazo de mes y medio tendremos que ir a juicio y luchar para que no nos lo quiten”, señala Edgar. La preocupación es máxima, ya que las consecuencias podrían ser irreversibles. David lo expresa con angustia: “Si nos lo quitan, lo más seguro es que lo sacrifiquen”. La incautación del animal implicaría que, si nadie se hace cargo de él, su destino sería el sacrificio.

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Más que un toro de lidia, un miembro de la familia

Rayo no es un toro cualquiera. Es un ejemplar de lidia que no ha sido castrado, pero cuya conducta contradice los estereotipos. “Es un toro de lidia, sí, pero se puede demostrar que si lo cuidas bien no es bravo”, defienden.

Además, David se posiciona claramente en contra de la tauromaquia: “No estoy a favor, estos animales también sufren”. Para él, Rayo representa precisamente una alternativa a ese destino habitual: una vida tranquila, basada en el cuidado y el respeto. “Cualquier animal, con el cariño que le des, te va a responder igual”, concluyen.