Todo parecía perfecto, pero en el momento que un atracador despiadado estaba a punto de introducirse en un local para hacerse con su botín, una inesperada escoba justiciera comenzó a golpearle sin previo aviso, frustrando sus malvadas intenciones. Era de noche, el local estaba cerrado y nadie pasea en ese momento por la calle. Todo era perfecto para que un joven con intención de robar en un establecimiento de la zona, se acercara a la puerta y con ayuda de una piedra rompiera el cristal para poder introducirse en su interior. Pero justo cuando el ladrón tenía casi todo el cuerpo metido en el establecimiento, por el orificio apareció una escoba, a manos de su propietario, que comenzó a golpearle sin piedad y evitando que el ladrón llevara a cabo su robo.