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Un ratoncillo duro de roer

El inocente roedor consiguió aterrorizar a todas las chicas reunidas en el salón. Úrsula gritaba señalando a la bestia, Blanca y Raquel se subían a las sillas y a las mesas. Sólo Álvaro parecía tranquilo y divertido ante las reacción de las chicas, pero se unió a las atemorizadas féminas, convertidas en una pelota humana, en medio de la histeria colectiva.