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10 consejos para un corresponsal de guerra

Llevar un distintivo de prensa no siempre nos va a librar de un disparo sea este fortuito o no. Últimamente llevar un cartel de “PRESS” bien visible puede ser más un problema que una solución en según qué sitios. Las medidas de autoprotección, la prudencia, la intuición y, llegado el caso, la imaginación para salir del atolladero, serán tus mejores aliados.
Identificarse o no como periodista cuando te desplazas por una zona de conflicto (otra cosa evidentemente es cuando se entrevista o se obtiene una información) es algo a valorar en cada situación. En cualquier caso lo que sí conviene es conocer qué hacer cuando las cosas se complican y te ves envuelto en una situación límite. El ejército de Tierra organiza todos los años unas útiles "Jornadas de Corresponsales de Guerra" en las que trasladan su experiencia sobre el terreno a aquellos periodistas que cubren o piensan cubrir informaciones en zonas de conflicto. Estas son algunas de las enseñanzas:
 1. Quien mucho dispara poco acierta
    Todos hemos visto en los informativos al típico yihadista enfurecido disparar su AK-47 como si no hubiera mañana, a un lado y a otro. Pues probablemente no haya acertado ni un tiro (salvo que tenga al enemigo enfrente a cuerpo descubierto) pero ha hecho mucho ruido. Si estamos en medio de un tiroteo conviene saber que este fusil, como el que usan americanos o españoles, no es estrictamente un arma de precisión, y que acierta mucho más, y es más peligroso, aquel que apunta mucho y dispara poco. Para hacernos una idea y saber cuánto estamos de expuestos, el alcance eficaz de un AK-47, el fusil más común entre insurgentes, guerrilleros y terroristas de todo el mundo, es de 800-1000 metros si el tirador está acertado. Pero si no tiene buena instrucción (que es lo normal), se limita a 400 o 500 metros como mucho. Más allá es casi imposible que te de sobre todo si como decíamos antes está disparando como un poseso.
    En el caso de una pistola, su alcance eficaz es de unos 100 metros si están apuntando y la mitad si es un disparo instintivo. Si hablamos de una ametralladora en lugar estable su alcance eficaz son dos mil metros.
    2. Un peligroso recuerdo de la guerra
      Voy a terminar mi periplo informativo llevándome un recuerdo de esta guerra, un bonito casco que he encontrado tirado o un AK-47 abandonado en un camino: ¡error, peligro de bomba! Por muy tentador que resulte coger un objeto abandonado que encontremos en el camino, como un casco, un arma o cualquier otra cosa llamativa, no debemos ni acercarnos. Fotografía desde donde estamos y adios. No es sólo que debajo del objeto en cuestión pueda haber una mina que estalle al levantarlo. La mina puede estar escondida en el camino hacia el objeto y activarse unos metros antes al pisar o cortar un cable a nuestro paso.
       3. Algo raro en este campo: minas
        Muchas zonas del planeta que han sido minadas están localizadas e incluso han sido desminadas. Otras están indicadas con señalizaciones normalizadas y claras. Muchas lo están con señales no oficiales del tipo montoncitos de piedras, flechas realizadas con guijarros, palos cruzados… Conviene conocerlas antes de ir a una zona de conflicto pero aún así hay que estar atento a otro tipo de señales por si accedemos sin quererlo a una zona recientemente minada o sin señalizar. ¿Vas a pisar un terreno donde no hay ni un alma y lo único que ves en el horizonte son un par de animales despedazados? Piensa que lo mismo tú no debes formar parte de ese paisaje. Igual precaución debes tomar si la gente de una aldea y sus niños trabajan, juegan y corretean por todos los campos menos por ese terreno algo lóbrego al norte del cementerio al que nadie se acerca. No lo hagas tú tampoco, aplica el sentido común. Cuando vayas por un camino fíjate en el suelo que pisas. ¿Hay agujeros extraños cada cierto tiempo? ¿Cambios en la textura y el color del terreno? ¿No pasa nadie por ahí? Vuelve por tus pisadas… si las ves.
         
        Mina de salto
        Foto: Mina de salto
          4. Olvida lo que has visto en las películas. Vas a morir.
            ¿Has pisado una mina? Como mínimo vas a perder la pierna. ¿Te ha caído una granada al lado? La has palmado casi seguro, amigo. En las películas no es así, claro. En la ficción, los buenos pisan una mina, se hace el silencio, y el menda tiene la sangre fría de no quitar el pie, apretar y esperar a ver qué se le ocurre; a veces se les ocurre algo. En la vida real, una mina de salto te destroza de todas, todas. Las minas de salto, como su propio nombre indican, son las que saltan al poner tu pie sobre ellas. Llegan a media altura y te explotan en la cintura. Tienen suficiente potencia de activación como para que una pisadita de nada no las contenga enterradas en el suelo.
            En cuanto a las granadas, eso de que te cae una al lado y el valiente de turno se acerca, se agacha, la recoge y se la devuelve al que la ha tirado es prácticamente imposible. Desde que se lanza el artefacto hasta que estalla no tarda ni seis segundos. Ya me diréis…
              5. Torniquete, loctite o el síndrome de Rambo.
                Si has caído herido te las vas a tener que arreglar como puedas. Con suerte, si tienes un contingente militar amigo cercano con el que puedas contactar vendrán a rescatarte. Aún así es posible que tú tengas que aplicarte las primeras curas.
                Por lo visto en los últimos años el torniquete tiene “mala prensa” entre los médicos de urgencias. Los médicos militares que han estado en zona de operaciones y que citan su experiencia y la de colegas, especialmente norteamericanos, que atienden decenas de casos a diario, tienen claro que el torniquete salva muchas vidas y las secuelas de su aplicación no son comparables con sus beneficios. Ahora, no vale un simple cinturón. Lo mejor es un torniquete homologado de los que se venden en las tiendas o si no un pañuelo bien ancho y un palo para aplicar la presión.
                Si la herida no es para tanto pero el corte es suficientemente grande como tener que juntar ambos lados para parar la hemorragia y ya urge, prueba a pegarla con pegamento. Es una barbaridad, sí, pero es mejor que desangrarse y nos aseguran que funciona. Ya nos quitarán el pegamento en el hospital pero habremos conseguido el objetivo y evitado una posible infección. Si el corte es muy grande, no esperas recibir ayuda ninguna y estás en una situación absolutamente límite, insisto, límite, lo de coserte la herida tú mismo es posible, aunque tienes que ser Rambo para no caer desmayado incluso antes de empezar. Mejor que te lo haga otro que sepa hacerlo. Y necesitarás aguja e hilo, aunque sea dental… Practica antes con un trozo de tocino y luego fríete unos torreznos con los restos del destrozo.
                  6. Rodéate de mochilas en el coche
                    ¿Te sientes seguro en el coche? Salvo que sea blindado, cosa que no ocurrirá, tu vehículo no te protege lo más mínimo de un ataque con arma de fuego, así que de una mina anticarro o de un IED (un artefacto explosivo improvisado, o sea, una bomba que estalla a tu paso) ya ni te cuento. Conducir con el chaleco antibalas o antifragmentos (éste último sólo protege de metralla) puede resultar bastante incómodo pero a veces no queda más remedio si el trayecto es peligroso. Aún así el chaleco no protege del todo. La cabeza está expuesta y la chapa del coche es muy permeable a un impacto. La cosa se complica si el que nos dispara lo hace con una enorme metralleta desde una pick up. Esos calibres destrozan el coche, el chaleco y todo lo que se ponga a su paso. Con suerte se pueden minimizar daños si rodeamos nuestro asiento con nuestro equipaje y todo tipo de objetos. Las balas desviarán su trayectoria y de impactar finalmente en nuestro cuerpo lo harán con menos fuerza.
                     7. Lluvia de balas
                      De vez en cuando a los hospitales militares de las misiones acude algún local con un agujero en el pie. No es que se haya pegado un tiro, es que le ha llovido una bala. Esa costumbre en algunos países de celebrar las victorias o clamar venganza disparando ráfagas al cielo tiene consecuencias. Todo lo que sube baja, las balas también. Si te metes en un jolgorio de esos ponte a cubierto, por si las balas.
                      8. Fabrícate tu propia agua
                        No es un consejo que un viajero experimentado no sepa pero conviene recordarlo. En muchos países te pueden dar agua “de grifo” por agua embotellada. Basta que te rellenen la botella con un poco de arte y tienes una diarrea asegurada. Comprueba bien el precinto del tapón o pide, si hay, agua con gas, más difícil de enmascarar. Si tienes que beber agua de un río, lago o similar, son muy populares las pastillas de cloramina pero no son muy recomendables. Es mucho mejor hervir el agua y usar lejía en las dosis recomendadas. Si no te queda más remedio que usar las pastillas, conviene duplicar la cantidad y el tiempo recomendado en las instrucciones, porque no matan algunas bacterias. El tema de las diarreas y problemas estomacales por la alimentación en países donde el control sanitario no es tan estricto como en el nuestro no es menor. Curiosamente los médicos han detectado que el personal militar vacunado del cólera presenta un índice sustancialmente menor de estos problemas cuando están en operaciones. Puede que esta vacuna ayude a prevenir algunas infecciones.
                          9. Tu todoterreno no puede con todo
                            Si vas a viajar por terrenos mal asfaltados y caminos tendrás que usar un todoterreno.  Aprender a manejarlo bien recibiendo un cursillo te salvará de más de una. La mayor parte de los incidentes, no ya de los periodistas sino de los propios militares que participan en las misiones, se producen por accidentes de tráfico. Los todoterreno son vehículos menos estables que los turismos por su mayor altura y su suspensión más blanda, entre otras cosas. Tienen mayor tendencia al vuelco. Además, no siempre pueden con todo. Eso de vadear un río con el agua por encima del parachoques sólo puede hacerse si tenemos una toma de aire aérea, y aún así puede tener consecuencias. Unas bases mínimas de mecánica y una buena cinta americana (capaz de reparar provisionalmente casi cualquier cosa que nuestra imaginación dé de sí) nos permitirán seguir nuestro camino hasta un taller si sufrimos una pequeña avería en medio de la nada.
                              10. Run, baby, run
                                No hay historia suficientemente buena si no vamos a poder contarla de vuelta a casa. El miedo tiene una función en nuestras vidas que no debemos desdeñar y a veces habrá que optar por correr en sentido contrario a la noticia. Hay muchas más que contar. De eso se trata.