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¡Tragedia!

¿Cómo se acaba con un sueño en tres días? 
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A veces uno piensa que las cosas no pueden ir peor -porque es lunes, porque el cielo está nublado en Madrid y porque las opciones del comedor eran hoy tan terroríficas que tuve que elegir el plato wellness, ya que contenía un delicioso y paupérrimo tomatito asado, que es una cosa que me pierde-. Pero eso es hasta que pasas por delante del plató de nuestro absoluto programa favorito de la televisión española, a.k.a. El juego de tu vida...
...y ves que un grupo de alimañas vestidas con mono naranja están desmontando el plató e introduciendo esos pequeños trocitos de los que durante meses estuvieron frabricados nuestros sueños en una camioneta que se los llevará lejos y los escupirá en un oscuro almacén. Con la indiferencia de una máquina de regalitos a un euro que escupe cientos de huevos sorpresa idénticos cada hora.
Me entraron ganas de agarrarme a sus patas para detenerlos, tirarles del pelo o morderles los brazos, pero el dolor me tenía paralizado. El plató de El juego de tu vida desaparece así, de pronto. Ya he visto un par de platós desaparecer anteriormente ante mis ojos, así, de pronto, pero uno nunca se acostumbra a la idea de que esos entramados de luces y colores que en la pantalla parecen fuertes e indestructibles como una cámara de plutonio sólo necesiten un par de días de hombres forzudos y desatornilladores eléctricos para convertirse en una fría nave industrial de color cemento.  
Un nuevo programa más joven, rumboso y atractivo tomará su lugar. Valanota, se llama, y va de cantar (nótese que es el palabro que resulta de escribir "va la nota" sin espacios). Ni siquiera la idea de recuperar ese género tan alegre y veraniego del humillante karaoke me alegra (cierto es que en otra cadena ya hay uno, pero es que esa cadena no la vemos). 
No me consuela el hecho de que haya suficientes programas de El juego de tu vida grabados (unos cinco mil millones aproximadamente) como para seguir emitiéndose en verano. Mi vida se mantenía en equilibrio al pasar todos los días por allí y ver ese plató, tan flamante y recio. ¿Por qué cargarse algo que me mantenía feliz y en mis trece? ¡Las vacaciones! Por eso siempre he odiado ese proceso de montarse planes de verano.