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GH Matrix

En la casa nueva siete concursantes, tres de ellos nominados, y dos 'clanes', como bien dijo Mirentxu. En la vieja, tres ex concursantes y también tres ovejas, todas ellas intentando conocerse, a falta de actividad mayor. Me sigue llamando la atención que los concursantes repitan consignas acuñadas aquí fuera. Hace casi tres meses hablábamos del 'clan de Mirentxu', formado entonces por Ana, Li, Julito o Palomares; y hace poco he vuelto a hablar de un clan ahora relacionado con el mantenimiento e intendencia de la casa, pero igualmente comandado por la 'sargento Mirentxu'. Curiosamente, esta concursante utiliza ahora ese mismo término para describir la división en dos grupos que existe en la casa, solo que parece haberse dado cuenta escandalosamente tarde de que ella es cabecilla de uno de esos grupos desde el principio.
También hace un par de semanas Iván nos sorprendió diciendo en un 'confe' la frase "Tanto va el cántaro a la fuente..." con la que este gato escribidor había titulado el artículo del día anterior, solo que en este caso sustituyendo la palabra "cántaro" por "cántabro", en un juego de palabras sin igual. Son solo dos ejemplos de coincidencia entre el guión no escrito que siguen en esa casa y lo que desde aquí escribimos, que tuvo varios ejemplos anteriores, como fue ver a Iván eligiendo el disfraz de vampiro, como aquí le habíamos atribuido, o a Mirentxu como niña del exorcista. O bien aquello de "Ana la Loca... de vez en cuando", que dije un día parafraseando una película española de corte cómico y coincidente con esta declaración de Ana Toro: "Estoy loca, de vez en cuando". Podría poner más ejemplos, pero ahora solo me acuerdo de estos, para qué negarlo.
Ahora que hablo de Ana, su regreso a la casa vieja me ha recordado esa sensación dual y contradictoria que siempre me transmitió esta concursante. Y es que a su lado gracioso y creativo (aún recuerdo cuando Milá casi se cae en el plató y Ana le dijo: "Así se inventó el flamenco") le acompaña otra parte absolutamente inaguantable, que provoca en mí un hartazgo sin límites. Ayer, viéndola en el directo alguno de los ratos me di cuenta de aquello que menos soporto en ella, y no es otra cosa que su artificio, lo muy ensayada que tiene a veces su actuación.
Ana se desenvuelve mejor tanto en cuanto tiene a más gente alrededor, lo cual le permite confundirse un poco con la masa que le rodea, entre los que siempre habrá quien simpatice con ella. Ahora mismo se encuentra acompañada por Eva, con la que nunca congenió demasiado bien, y no solamente por la áspera discusión que tuvieron, recordada por las dos ayer como una anécdota sin importancia; y una Gema que solo la conocía de coincidir con ella en el plató, pudiendo convivir juntas por primera vez ahora. Ayer vi a las dos mirarla como a un bicho raro, y es que realmente lo es.
La prueba de esta semana va sobre escenificar escenas de cuatro películas en un decorado de fondo negro, como si fueran personajes de 'Matrix', uno de los filmes en cuestión. Los otros tres son 'Misión imposible', 'Spideman' y 'E.T. El extraterrestre'. El resultado me recuerda a un viejo vídeo que circulaba por la red procedente de un concurso japonés, donde escenificaban una partida de ping-pong en la que se ralentizaba la imagen y se llegaba a girar la pista, todo ello hecho con una técnica similar a la que emplearán en esta prueba. Los papeles de 'Misión imposible' serán encarnados por Iván y Orlando, Julito hará de 'Spiderman', Almudena protagonizará 'E.T.' y Palomares hace de un Neo en 'Matrix' un poco pasadito de crema de cacao, convenientemente depositada en su barriga. Ya se sabe que hay placeres que duran un minuto en el paladar y toda la vida en la cadera.
Pero si la prueba va de realidades virtuales a mí me gustaría hoy hablar de aquello que me creo. Si hace un par de días enumeraba cosas que me hacían no creer a algunos concursantes, ahora me apetece (para bien o para mal) poner el contrapunto a ese análisis. Por ejemplo, me creo a Iván y la disculpa ofrecida a Liz el lunes pasado. Su reacción fue muy Iván, distante y cálida a un tiempo. No creo que le influyera el comentario de Gisela una semana antes, sin el cual opino que hubiera reaccionado de igual forma, pero lo cierto es que gracias a su disculpa pudo conseguir que Carlitos quedara en ridículo cuando se subió al carro oportunista de reprocharle su incapacidad para pedir perdón. La cara del 'viudín' fue todo un poema cuando Mercedes Milá le explicó que el día anterior se había producido lo que este negaba en medio de esa escena de reconciliación.
Decía un viejo adagio muy de moda en los años ochenta que: "Amar es no decir nunca lo siento". Pues bien, precisamente esa fue la fórmula utilizada por un Iván que me gustó más que nunca cuando le dice a Liz: "Estoy muy cabreado contigo". Pero aún más cuando se autocalificó como un necio y un burro, en una muestra de humildad cuyo único fin era propiciar ese entendimiento entre ambos. El gesto fue bonito y yo me creo que entre ellos hay un cariño especial, que les condujo inevitablemente a esa reconciliación. También me creí a Liz cuando le dijo el viernes anterior: "Estoy muy nerviosa, Iván, no puedo hablar ahora, mira como tengo el corazón", y cogiendo la mano de su compañero la puso en su pecho para que pudiera comprobar lo que decía.
Creo que Iván tiene un defecto con el que me identifico plenamente. Yo también tiendo a intentar arreglar las cosas en el momento, siendo capaz de ser odiosamente insistente y sin darme cuenta que a veces no hay nada como dejar pasar el momento, procurar que se enfríe la situación y las aguas vuelvan a su cauce, por usar este símil. La premura a la hora de intentar aclarar un malentendido, o rectificar una actitud, no es aconsejable muchas veces. El propio paso del tiempo es a veces suficiente y el mejor de los consejeros, por mucho que a veces este nos hace sumirnos en una angustia desesperada por conseguir el fin propuesto. Nada como pasar por el congelador algunas situaciones para dejar que se asienten y así conseguir que adquieran la importancia que debieron tener siempre, en lugar de la mucho más exagerada que a veces le damos.
Me creo igualmente a un Orlando ('La ciudad no es para mí' le va que ni pintada) que se emociona de verdad y le dice a Carlitos "te quiero", durante la conexión de despedida. No me cabe duda de que si dentro de quince días le pregunta alguien si echa de menos a ese concursante responderá que mucho. Obsérvese la diferencia entre estas reacciones y las mostradas por el feriante en estos días. Aparte de que preguntado por Almudena dijo que echaba de menos a Nany solo a ratos, lo cual es cualquier cosa menos una respuesta amable y delicada, no recuerdo a Orlando diciéndole a Nany palabra cariñosa de ningún tipo, ni siquiera durante su despedida desde el plató. Tampoco entonces le vi emocionarse tan sinceramente como la noche del martes, en que se tragó las lágrimas literalmente.
Aunque para algunos sea difícil de entender, también me creo a Almudena. La 'cría', como le llama cariñosamente Iván, tiene ese carácter complicado que le hace saltar con frecuencia, dando muestras evidentes de mala educación, pero al tiempo es un amor. La pequeña Chiqui ha mostrado en esa casa algo que en esta edición ha sido escaso, y es la capacidad de derrochar cariño. Por muy raro que parezca, la relación casi filial entre Mirentxu y sus dos nietos adoptivos está fundamentada en el respeto y la obediencia unívoca. Julito y Palomares le expresan a aquella lo importante que es para ellos y se consideran intocables los unos para los otros, si bien en este aspecto ya sabemos que perdería el canario, ya que en caso de plantearles que nominasen a uno de los otros dos, tanto Mirentxu como Palomares le elegirían a él. Pero no he visto en ningún momento más cariño que el expresado tímidamente por un abrazo. Poco más que gestos tradicionalmente utilizados en una relación afectiva, eso es lo que he visto entre estos tres concursantes.
También ha habido cariño en el matrimonio, si bien la contención a la que les obligaba el compromiso de mantener el engaño hizo que entre ellos predominaran los celos y la desconfianza, cuando no la amenaza del abandono o hasta de contar a España "cómo eres en realidad", que le dijo Gema a Carlitos. No estoy poniendo en duda que haya existido cariño entre algunos concursantes, sino que lo hayan demostrado con la debida claridad. Estoy seguro, por tanto, que este matrimonio está fundamentado en un cariño infinito, y hasta puede que se adoren infinitamente. Pero salvo cuando fueron liberados del compromiso de ocultar su relación, el resto del tiempo tuvieron que ocultarlo. En el caso ya mencionado de Carlitos y Orlando simplemente nos han privado de apreciar todo el cariño que han llegado a tenerse, y que solamente podemos conocer porque ellos así nos lo han contado.
Ya he hablado que también veo cariño entre Iván y Liz, aunque dado el carácter algo ciclotímico de esta tampoco es algo muy evidente, o al menos no durante todo el tiempo. Sin embargo, Almudena ha tenido cariño a raudales para varios de los que han sido y son sus compañeros. Convirtió a Gisela en su ‘princesita’ y aunque a veces fuera dura con ella mantuvo su relación de cariño no condicionado por casi nada de lo que accesoriamente pudiera suceder en torno a la misma. Tener cariño a alguien no significa negarse ciegamente a analizar los defectos del otro. Más bien al contrario, muchas veces somos más duros y exigentes con aquel a quien queremos. También Chiqui ha tenido cariño para repartir entre Li (quizá la primera, con quien dormía muchos días), Carlos, Loli, Carlitos, Orlando (a quien se declaró) y especialmente Julito (y particularmente su brazo).
Pero la relación de cariño que personalmente más me ha llamado la atención ha sido la establecida entre Iván y Almudena. Como dice Senador, el gigante y la pequeña. Es una relación totalmente desinteresada, no exenta de una crítica mutua, diría que incluso ha existido un marcaje continuo entre ambos, por lo cual a veces no se han pasado ni una. Entre ellos no hay un intercambio de palabras bonitas y gestos de cara a la galería, sino el más desnudo y honesto de los cariños.
De acuerdo que Chiqui puede resultar molesta por ser grosera, chabacana y mostrar poca educación a menudo. Entiendo que a buena parte de la audiencia le moleste escuchar eso de "Que le folle un pez muerto", lo cual no es precisamente un ejemplo de finura y buenas maneras. Si me apuran diré que personalmente tampoco soporto que alguien pretenda ser aceptado en un colectivo no mostrando el más mínimo esfuerzo por reprimir unas expresiones que a muchos pueden molestar. A pesar de todo esto, Almudena me tiene absolutamente entregado, porque lo que yo he comprado ha sido su corazón. Y ese es el corazón que quiero seguir sintiendo dentro de la casa.
[Dejo cartelera, con un Orlando enfrentado a la hostil ciudad.]
MONTSE JUANILLA & ELGATO