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La batalla de las Termópilas

Me parece extremadamente interesante que se plantee una especie de batalla entre la organización del programa y un concursante. Es un nuevo e inesperado giro del programa, la auténtica novedad de este Gran Hermano de los reencuentros (o el del acabose, como decíamos ayer). Si esa confrontación se produce con un protagonista como Pepe resulta especialmente atractiva. Va a ser la segunda vez que Pepe le dé la vuelta al formato. La primera, en su edición, considerando esto abiertamente como un juego. Era la primera vez que alguien confesaba estar jugando, además de compartir su juego con el espectador, al que convertía así en su cómplice. De algún modo estaba sublimando el juego, mostrando su mecanismo con el mismo interés que un mago explica el truco a sus sorprendidos espectadores, que por ello se consideran afortunados.
Esta vez, a Pepe le están dando inopinadamente la oportunidad de volver a dar un giro de tuerca a todo, al sustituir de algún modo la lucha contra sus compañeros por una desigual batalla de las Termópilas, en la que Pepe sería Leónidas y sus 300 somos nosotros, parte de la audiencia. En realidad, el rey de Esparta no contó con 300, a pesar de que así ha quedado grabado en nuestra mentes por el efecto de la película y la novela gráfica de Frank Miller. La historia habla de 300 espartanos, 700 tespios, 400 tebanos y posiblemente algunos cientos de soldados más, la mayoría de los cuales murieron en la batalla.
Pero eso pertenece al final de la historia y no conviene saltarse el orden narrativo. Un emisario persa del rey Jerjes visita un día a Leónidas para comunicarle la exigencia de pagar un tributo de tierra y agua como prueba de la sumisión de Esparta hacia Persia. Leónidas se niega y tira a un pozo al emisario y a sus escoltas. Nada de diplomacia, entonces las cosas se arreglaban tirando a un pozo al enemigo. El rey de Esparta había decidido plantarle cara al ejército persa, para lo cual mandó a su capitán más fiel que reuniese a trescientos de los mejores guerreros espartanos y se dirigieron al paso de las Termópilas. A estos acompañaría el resto del ejército del que acabo de hacer recuento.
Las tropas de Jerjes empiezan a caer como moscas ante los trescientos guerreros espartanos. El secreto era que luchaban en lugares cuya anchura no superaba los veinte metros, de forma que las fuerzas se igualaban a pesar de la supremacía en hombres del ejército persa. Pero aparece la figura del traidor, Efialtes, exiliado que ofrece a Leónidas sus servicios y es rechazado por esto. Tras el rechazo va de rey a rey, visita a Jerjes y le vende su fórmula secreta para vencer a los espartanos. Consigue así un uniforme, riqueza, lujos y mujeres, todo lo que un hombre podía desear en agosto o septiembre del año 480 antes de Cristo. La clave estaba en la senda Anopea, una desconocida y poco explorada vía para llegar hasta el ejército espartano. El camino alternativo y definitivo para alcanzar las Termópilas, pudiendo atacar la retaguardia del enemigo.
Leónidas se entera de los planes de los persas. Elige a un guerrero como emisario a Esparta para avisar a su pueblo. Despide al grueso de su ejército, que regresa para minimizar los daños de una batalla perdida de antemano. El fin es inminente y en tan solo tres días caen por entero los trescientos hombres que acompañan a Leónidas, y el rey a su frente. La caída de los espartanos en la batalla de las Termópilas había sido conocida antes de producirse, e incluso sin la información privilegiada que avisó de como el enemigo había descubierto la vía secreta de Anopea cualquier estratega habría podido prever el resultado de una lucha tan desigual entre un hombre y sus trescientos, por un lado, y el poder omnímodo de los persas. Lo que sucede es que en este caso, como en tantos, quien pasa a la historia en lugar destacado, a quien se dedican cómics y películas, es al héroe que se enfrenta al poderoso. Ese es Leónidas, magnificado y convertido en mito de la resistencia espartana. Un estratega que no pudo al poderoso en un enfrentamiento desigual.
La historia del hombre (o mujer, se entiende) que se enfrenta solo, o casi, al poderoso tiene siempre una fuerza y un interés extraordinario. Es, en definitiva, lo del jugador de blackjack que gana a la banca. Al final el crupier sospecha que está contando cartas y el casino le expulsa invocando el derecho de admisión, que no parecían estar teniendo muy en cuenta considerando el aspecto poco pulcro y cuidado de algunos clientes. O sea, la banca siempre gana. El mejor jugador pierde, más tarde o más temprano, ante el poderoso. Pero los casinos desaparecen sin más, mientras que el jugador permanecerá indeleble en la memoria de los tiempos.
¿Por qué me parece especialmente apasionante la lucha planteada entre el jugador y la banca, en este caso organización, de Gran Hermano? Es evidente, tras todo lo contado por este gato parlanchín en las líneas precedentes, que porque siempre simpatizamos con el hombre solo contra el poderoso. Pero en este caso hay algo más. Pepe no es un hombre solo, sus trescientos somo nosotros, como creo que ya dije antes, y tenemos una convicción espartana, la decisión inequívoca de hacer ganar al héroe. Una vez más. No hace falta aclarar que estoy haciendo paralelismos que por sí solos tienden al ridículo. Pepe no es un héroe, eso está claro. Confío en la inteligencia del lector para no tener que volver a hacer acotaciones de este tipo.
La fuerza de estos trescientos es mucho mayor que el ejército de los persas al completo. Si la senda de Anopea ha sido esta vez la prueba de las bicis voladoras (pura atracción de feria para los más osados y con el estómago mejor entrenado), este concursante ha demostrado con quien están jugando. Tengo cierta convicción de que Pepe pudo prever que le pondrían esta prueba, o cuando menos consideró en algún momento esa posibilidad, por lo cual habló de la misma. Es fantástico escuchar a los concursantes recordar pasajes de lo sucedido en su edición. Anoche mismo, Pepe recordaba el episodio de "me ha cogido por el cuello" con Saray y su amigo Dayron. Una de esas largas noches pendientes de la ventanita y sin dormir, en que este gato tuvo la suerte (que te ha de pillar trabajando para poder aprovecharla) de estar ahí y publicar de inmediato las fotos y el vídeo demostrando que la concursante mentía.
La particular batalla de las Termópilas que vive Pepe, con casi toda una casa en su contra y la organización cerniéndose sobre él como los hombres de Jerjes, solo puede conducir a la mitificación del hombre y la consolidación de su leyenda. Pero, sobre todo, tendrá como consecuencia que por esta vez el hombre solo gane al poderoso, sencillamente porque a sus espaldas, silenciosos y apartados, lejos de su encierro y aislamiento, hay más de 300 en su auxilio. Más de 300 que ven la injusticia de sus buenos consejos mal entendidos y tergiversados. Más de 300 fascinados por su concepto puro y honesto del juego. Más de 300 escandalizados cuando le acusan de llamar hija de puta a una compañera cuando ni fue exactamente así ni ha sido el único en utilizar tal improperio en esa casa.
Provoca un hastío insondable ver a los antiguos habitantes junto a alguno de los nuevos, como la inefable Marusky, de nuevo con la murga de que Pepe debería ser expulsado porque llamó hija de puta a Ainhoa. ¡Por lo más sagrado! ¿No se dan cuenta de su enorme contradicción? Si ayer mismo Nico utilizaba esa expresión. Y la usó Ana contra él antes y después de tirar una olla al suelo. No fue un vaso roto en la encimera, como lo de Pepe, sino una olla al suelo. Y ¿qué decir de la propia víctima del impropiero de Pepe? Supuesta víctima, porque la frase fue "no seáis hijas de puta", lo cual está muy cogido por los pelos. Pero, por favor, ¿cuántas veces ha dicho hija y/o hijo de puta Ainhoa a alguien en esa casa? Y zorra. Y más. Hastío, sencillamente.
La fiesta de anoche fue especialmente graciosa gracias a Nico y su comportamiento infantil y obsesivo, ajeno a la realidad y egocéntrico sin límites. Iban todos disfrazados de película, con Gema de la egipcia Cleopatra, Marusky de carta en Alicia, Almudena de Marilyn, Raquel de princesa Leia (cada vez más cerca del lado oscuro) y Ainhoa no tengo ni idea. Entre los chicos, Nico de gánster años 40, Jorge de Robin Hood, Orlando de vaquero (Tomás Blanco dice que de hombre Marlboro), Dani tampoco lo supe descifrar, y Pepe con máscara de Darth Vader y espada láser del lado oscuro (era previsible).
Después de la cena (hamburguesas amenizadas con música de películas) tenían que entregar el premio Oscar a la mejor y el mejor concursante de la historia de Gran Hermano, a elegir entre los presentes. Los chicos eligen a la chica y unánimemente proponen a Ainhoa. Las chicas discrepan, y mientras Ainhoa y Gema se decantan por Nico, las demás (incluyendo Ana y Raquel) votan por Jorge. El 'pierna encima' es elegido, recogiendo su estatuilla. Hasta aquí todo podía haber quedado en un inocente juego, pero no fue así.
Nico no podía entender la elección y se ofendió gravemente, dándole vueltas al tema durante largo rato. Según dijo, solo lo merecían Pepe y él mismo. Si hubieran elegido al madrileño, mucho me temo que su discurso sería otro. Jorge está solo tras la salida de María José, solo ha jugado a las palas, hablado de cine y música y barrido un día. Ergo, no se lo merece. Esta es, en resumen, la tesis del italiano. Decía Jorge un poco más tarde que los cuatro años colaborando en un programa de éxito (Crónicas marcianas) no parecen contar para nada. No explicó Nico por qué se considerá merecedor de algo que niega al otro, si es por llevar más días en este reencuentro o quizá porque cocina. Pero esto no es un concurso de cocineros, lo sabe, ¿no?
Y sobre lo de María José conviene que esperemos a que la organización decida contar algo más explícito, aunque posiblemente no pase de los "motivos personales" aducidos. Hay que respetar la voluntad del concursante en este aspecto, en la misma medida que no olvidemos algo igualmente importante: la concursante y el programa existen por la audiencia, y distribuir la información, negando parte de la misma a los espectadores no parece lo más lógico si se pretende seguir contando con su favor, como ha sucedido hasta ahora. Por lo menos que aclaren si se cerró durante un rato el dormitorio ayer y, en su caso, las razones de ese hecho. Sea como sea, seguro que entenderemos todas la explicaciones que quieran darnos. Porque si aquí estamos es por algo, y esta es la única forma que tenemos de darles nuestro apoyo.
[Recuerda que puedes seguir votando por tu pareja preferida para que sea inmune a la expulsión. También puedes seguir haciendo preguntas al gato en esta página].