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Bolo será la mascota

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Me han mandado la foto de un perro que se llama Bolo. Me parece razón suficiente para considerarlo la mascota del blog y aquí os la mando.
No tengo perro, ni gato, ni animal en casa pero me dan mucha envidia los que lo tienen y son felices con ellos. Mi amiga Lisa dice que su perra Kenia le echó las patas al cuello el otro día al volver ella de un viaje largo y que se abrazaron las dos.
Bolo tiene un dueño que más que dueño es su padre y por las caras del animal, deduzco que su relación es prácticamente humana.
A Bolo no le ocurriría como al mar Mediteráneo: en tan sólo dos minutos puede pasar de una calma chicha a olas de tres metros.
Ese fenómeno se da también en los humanos y suele ser muy difícil de soportar. Casi como un trombo en una vena. Ese peligro de muerte que no avisa y corre hacia el corazón.
La vida cambia como en el Mediterráneo, de un minuto a otro. Las personas también y a mi eso me produce zozobra que es una palabra preciosa pero desagradable.
¿Os parece posible rehacer una relación tras una tormenta de fuerza 8? A Bolo eso no le pasará jamás.