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¿Indignados?

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Me voy a Barcelona desde Madrid en el AVE sin paradas. Acaban de decir que tardará dos horas y algo. Si Sandra se da prisa leeréis esto antes de que llegue.
Ya os contaré. Os escribo en el mismo tren.
Renfe no ha tenido en cuenta el aumento de coches en la estación de Atocha y, si quieres dejar tu coche aparcado, te tienes que buscar la vida y jugarte la multa.
Está todo lleno. A eso se le llama mala gestión. Imprevisión y cía.
Una vez dentro del tren empiezan a sucederte cosas buenas y malas.
Las buenas son la simpatía de los empleados del AVE. Los periódicos que te regalan y la puntualidad con la que sale el tren.
Las malas: la mala educación de algunos viajeros que no bajan sus móviles, hablan en alto de cosas que a los demás no nos importa nada y si les pides que lo hagan desde la plataforma, te miran con cara de ofendidos.
No es fácil encontrar la paz, esa que dicen que te proporciona el AVE.
En el periódico leo las indignaciones de muchas personas por el mal funcionamiento de la justicia en el caso Mariluz. ¿De qué se idignarán los miembros del Consejo General del Poder Judicial?
¿Tendrán la cara dura de aparecer indignados?
Leo que la vicepresidenta en funciones asume que ha sido un error intolerable del sistema judicial.
Es su profesión y sabe hasta qué punto el propio sistema permite que estos fallos sucedan todos los días.
Esta vez ha muerto asesinada una niña de 5 años.
Otras muchas, los fallos no provocan tanta indignación pero son fallos que nadie asume.
Leo que el juez responsable de que ese ser estuviera en la calle culpa a una funcionaria. Lo que me faltaba por leer.
Sigue la vida.
Nos dan de comer.
A mi lado unos viajeros siguen compartiendo con todo el vagón sus apasionantes conversaciones a voz en grito.
Hoy os iba a hablar de un hombre que gusta a muchas mujeres. No tengo cuerpo de coñas. Lo dejo para la próxima vez.
 
Siguen sonando los móviles.
Da igual que nos hayan dicho que bajemos su sonido. Pensar en el otro? Pero de qué vas!