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"Va por ti, Alfonso!"

Toda la ciudad es felicidad.
Toda Barcelona vive uno de esos instantes mágicos de la vida en que parece que todo es posible.
Hasta los muertos, los míos, llevan la bufanda del Barça colgada del cuello.
Mi tío Alfonso Milá, culé de última hora, pero culé hasta la médula, se nos fue ayer y pareciera que hubiera hecho posible desde donde esté, que "su" Barcelona se haya proclamado, esta noche, campeón de la Copa de Europa.
Pensaréis que estamos locos, pero somos ya unos cuantos los que estamos convencidos de que él ha metido los dos goles, que ha hecho cada una de las muchas jugadas preciosas que ha disfrutado el mundo entero; que ha sido él quien ha empujado con su entusiasmo a estos jugadores geniales a ganar este partido que nos ha hecho tan felices a tantos. Ayer nos dejó pero se fue con un compromiso secreto: ayudar al Barça a ganar esa tercera Copa que él no iba a poder celebrar, como había hecho con las otras dos. ¡Vive Dios que lo ha conseguido! ¡Va por ti Alfonso!
La muerte de alguien imprescindible en tu vida, te hace más serio. Necesitas buscar argumentos que justifiquen su final y los encuentras en cierto modo pensando que no podía ser feliz estando como estaba. A mí, lo reconozco, eso me sirve. A mí me sirve pensar que un hombre extraordinario, que uno de los mejores arquitectos que ha dado nuestro país, que ese hombre que querías tanto, no podía vivir sin poder salir casi ya de su casa porque una enfermedad circulatoria le deterioraba por días: perdía el equilibrio, le daba miedo caerse, casi nada le hacía ya sonreír y su memoria se desmoronaba. Él, que había sido el rey de la risa y el descojone, no merecía vivir de otra manera. Si había de ser así, mejor un martillazo y a otra cosa mariposa.
Esta mañana cuando me despedía, le miraba despacito en su caja de pino clara, envuelto en un sudario de algodón blanco y pensaba que hasta sin vida seguía siendo un cachondo: la hemorragia cerebral irreversible que le mató le había dejado un ojo de pirata morado como si siguiera haciéndonos una broma de tantas de las suyas. En las largas horas de incertidumbre del hospital acepté que mejor que se fuera, que no teníamos derecho a pedir que su vida fuera peor de lo que había sido. Y se fue; dejó de respirar y se calló para siempre. Hoy le hemos incinerado y mañana, como él nos pidió, le enterraremos junto a su mujer y su hija.
Esta noche de sueños blaugranas hechos realidad necesito compartir este dolor que me oprime con vosotros porque todos sabéis, desgraciadamente por experiencia, lo que siento. Sé que me lo vais a permitir incluso aunque no os emocione a todos tanto como a nosotros, que el Fútbol Club Barcelona haya hecho historia y se haya proclamado en Roma Campeón de Europa: una, dos y tres.
Mañana, una tumba fría, tendrá el abrigo de unas rosas amarillas y una bufanda blaugrana como tantas que envuelven esta noche del 28 de Mayo ya, los corazones de mucha gente feliz como estas dos chicas de la foto de mi amiga, la periodista Ita Fábregas.