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La vida está por delante

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Me está pasando algo muy reconfortante con algunos de vosotr@s: escribís cosas que he pensado tantas veces!
Por ejemplo esta frase de begus: "En los restaurantes a veces me llama la atención ver parejitas cenando y observo que no hablan."
Cuando empezamos una relación no somos capaces de imaginar que todo eso que nos ocurre de forma tan natural, sin esfuerzo alguno, pueda desaparecer un día, podamos llegar a echarlo tanto de menos.
Cenar con tu pareja y sentir que no tienes nada que decirle, que está a kilómetros de ti, que te gustaría ser capaz de recuperar ese terreno de certezas que la hacía más fuerte que un roble, que nuestro roble.
Esos sentimientos te llaman la atención cuando los observas desde otra mesa, pero te taladran el corazón cuando los vives en carne propia.
¿Dónde se rompió la cuerda? ¿Cuándo fuimos ciegos a la incomunicación?
Tengo una amiga muy querida que está inmersa en la ruptura de su matrimonio de 25 años. Sus hijos dicen no entender qué ha ocurrido. Les pasa como a ella que daría la vida porque ese calvario fuera tan solo una pesadilla.
A veces le digo que os lea porque le ayudaréis y me hace caso pero la fuerza que le contagiais no es de largo recorrido. El puño que aprieta la boca del estómago y las ganas de llorar a solas, vuelven con demasiada facilidad.
Dicen que esa "enfermedad" dura dos años. Dos años; cómo lo sabrán?!
Se ve tan lejos un nuevo amanecer limpio de nubes negras, tan lejos ser capaz de andar sola, de vivir sola, de empezar algo, lo que sea, sola. Sólo en esos casos acepto que se diga que hay que aprender a quererse.
Esa es una frase que se ha puesto de moda y que a mí no me gusta nada. Preferiría que me enseñaran a querer a los otros porque compruebo que ese aprendizaje es mucho mas efectivo para lograr algo del equilibrio que perdemos cuando estamos en medio de un dolor tan amargo.
A ella le repito sin cesar que la vida está por delante. La vida está por delante. La vida está por delante.