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El rastro de Montecristo

Ayer os llevé a visitar el Puerto de Marsella, pero la ciudad ofrece mucho más. Muchos lugares ligados a la novela y a la historia. Ya os he hablado del Castillo de If y del Vieux Port, así que ahora vamos a pasear por la ciudad recordando las palabras de Dantes.
"El 24 de febrero de 1815, hizo señal el vigía de Nuestra Señora de la Guarda, de que arribaba el Faraón, buque de tres palos, procedente de Esmirna, Trieste y Nápoles".
 
Pues aquí la tenéis. La Basílica de Nuestra Señora de la Guarda. La señora que vigila y protege la ciudad. La estampa que se ha convertido en el auténtico símbolo de Marsella. Lo mejor del lugar son las vistas tan maravillosas de la "ville". Desde aquí se puede entender las auténticas dimenciones de la ciudad. No olvidéis que dependiendo de qué parametro elijamos, podemos hablar de la segunda ciudad más grande de toda Francia. Así lo reivindican los orgullosos marselleses.
Hay que subir preferentemente por la tarde para contemplar el espectáculo de luces y colores de ésta ciudad sureña impregnada del Mediterráneo. Es inolvidable. Yo estuve a esa hora, porque es mi momento favorito del día. El lugar que los fotógrafos llaman "la hora mágica". Aquí comprendí por qué se llama la "Coté D'Azur". Es el color que todo lo baña, que todo lo impregna en ésta zona de Francia.
No os perdáis tampoco el interior de la Basílica. La primera data del siglo XIII, pero ha sido reconstruída y remodelada en varias ocasiones para poder alojar en su interior a miles de peregrinos. Hay pinturas murales y sobre todo mosaicos, muy bellos.
"...Sigamos a Dantés, quién de haber recorrido la Canebiére en toda su longitud, se encaminó a la calle de Noailles y entró en una pequeña casa situada al lado izquierdo de la Avenida de Meilhan..."
La Canebiére es uno de los puntos neurálgicos de la ciudad. Larga, bulliciosa...Es la principal avenida de Marsella. En otra época estaba repleta de cafés, cines, teatros y terrezas. Ahora son otros tiempos, pero "el que tuvo, retuvo", como diría mi abuela.
Abundan sucursales bancarias, algún gran almacén y rápido os toparéis con La Bolsa, que fue la primera de toda Francia. Es un imponente edificio que os da una idea del poder económico de la ciudad y sus comerciantes. Y claro, lo que no puede faltar en toda ciudad francesa, un tiovivo.
Me encanta este "chisme" tan francés porque siempre hay un ambiente especial a su alrededor. Si os sentáis en los bancos cercanos cuando llega la tarde y los pies no os dejan continuar, disfrutaréis de un momento de relax maravilloso...La luz del sol cayendo, los niños jugando, el tiovivo volando...Una delicia. En las calles trasversales está una de las zonas comerciales más importantes, pero estoy segura de que la encontraréis por vosotros mismos. Los turistas parece que tenemos una brújula y es lo primero que se pilla de una ciudad.
"Danglars siguió con la vista a Edmundo y a Mercedes hasta que desaparecieron por uno de los ángulos del fuerte de San Nicolás;"
El fuerte en cuestión sigue siendo un sitio muy agradable para pasear. Durante el día está abierto al público y tenéis unos jardines fabulosos siempre que no sea verano y el sol os achicharre.
"En la calle del Grand-Cours, enfrente de las Medusas, en una de lesas antiguas casas de arquitectura aristocrática, edificadas por Puget, se celebraba también en el mismo día y ala misma hora una comida de bodas"
Las casas edificadas por Puget son muchas en Marsella porque fue un arquitecto que dejó profunda huella en la ciudad. Uno de los edificios más bellos y que es obligatorio visitar es "La Vieille Charité", el antiguo hospicio construido para los pobres.
Hoy es un edificio bellísimo. Sobrio, pero muy elegante. Sin embargo antaño fue el lugar en el que se hacinaban las personas con menos recursos. Aquí se les recluía y no se les permitía salir. De hecho en el centro del recinto está la iglesia porque hasta lugar santo tenían distinto. Con otra particularidad. Por una puerta entraban las mujeres y por otra los hombres. No se juntaban nunca.
Aquí ya estaréis en El Panier, que es cómo decir de alguna forma la Marsella Pueblo. Hay que perderse por sus callejuelas donde se escucha el silencio. Es el barrio de la ciudad por excelencia y el que mejor expresa su idiosincrasia. Ocupa la franja derecha del Vieux Port y es un auténtico microcosmos urbano. Éstas casas han acogido durante siglos las oledas de inmigrantes que iban llegando a la ciudad. Pues en éste barrio estuvo preso Dantés
"El palacio de Justicia comunicaba con la prisión, monumento sobrío situado al lado del palacio. Por todas sus ventanas y balcones se ve el famoso campanario de los Acoules que se yergue enfrente"
El campanario sigue hoy en pie y se contempla desde todo el barrio. Su torre es muy característica y por ella se reconoce automáticamente el sitio. Mi humilde consejo es que os déis un buen paseo. Hay muchas más cosas: la plaza de los Molinos, La Casa del Refugio...pero lo mejor del "Panier" es que conserva su caracter mestizo y un ambiente multiétnico muy particular. Como véis la Marsella de Montecristo todavía está en pie. Continua viviendo contemplando el paso de los años, y al mismo tiempo guardando la esencia de una historia que seguirá siempre en la mente de los que crecimos "viajando" por el mundo con Dumas.