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Gustavo Larraz: "Es nucho peor ser crédulo que grueso"

Alfredo estaba ilusionado con hacer un crucero tras haberse librado de su sobrepeso, sin embargo, tras pasar por la consulta de su dietista no ha perdido ningún kilo. Ahora no quiere hacer el crucero y responsabiliza a la dietista de que no haya funcionado el tratamiento.
EL CASO
Alfredo, el demandante: "He venido aquí, a pesar de la vergüenza que me da exponer el caso aquí, y la culpable de la vergüenza que siento es ésta señora. Ella es dietista y a mí me sobran 20 kilos. Entonces, hace dos meses que me puse en manos de ella, confié en ella para que me ayudara a perder esos kilos y al cabo de dos meses el resultado ya lo ve, sigo exactamente igual que antes. Lo único que he perdido son 800 euros que yo le pagué por el tratamiento además de 445 euros de un viaje que contrate y al que no voy a poder ir gracias a ella".
Salomé, la demandada: "Para empezar, Alfredo, no soy responsable en absoluto de tu vergüenza, eso es asunto tuyo. En cuanto a los kilos, ya te comente que cada persona es un caso aparte, no todo el mundo pierde peso de la misma manera, y sí que te dije desde un principio, si lo recuerdas, que empezaría a notarse la pérdida de peso a partir del tercer mes. Lo único que tú no quisiste escucharme, no te interesaba, como decías, no confiabas en mí. Lo único que te interesaba era perder el peso lo antes posible".
EL VEREDICTO
Don Gustavo Larraz, el juez: " Alfredo, es mucho peor ser crédulo que grueso, y usted ha demostrado ser incauto. Usted ha aceptado unas metas de adelgazamiento imposibles en ese plazo tan corto que usted se había marcado. El adelgazamiento depende del metabolismo como usted mismo ha aceptado, depende de problemas endocrinológicos que usted tiene desde pequeño al parecer, de forma que haber ido a Salomé fue una demostración de ser incauto, de no ser previsor. Salomé, en realidad no tengo elementos de juicio para decir que le mintió o le engañó de forma clara, porque en el contrato no había una fecha específica de cumplimiento".
"Todo ese plazo que usted se puso para ir al crucero no existe. Salomé no incumplió ningún contrato con usted, usted por su parte, por propia voluntad, también contrató un crucero en esa espectativa pueril de que iba a adelgazar 20 kilos en tres meses y que se iba a ir en ese crucero de soltero delgado. Salomé no intervino para nada en la contratación de ese crucero que fue una decisión suya absolutamente. Por lo tanto, tampoco puedo condenar a Salomé a pagarle el importe de ese crucero. Y finalmente una reflexión que corresponde en su caso, muy sencilla, actuación poco mentada, generalmeNte errada".